“Uno es mejor castigado por sus virtudes.”
Friedrich Nietzsche
Con una variedad de obras en diversos medios se inauguró en el New World Museum de Houston la exposición de Kcho Every Man is an Island (Todo Hombre es una Isla). El sobriamente moderno espacio de exhibición, uno de los más nuevos de Houston, es idóneo para las instalaciones de Kcho fabricadas a base de desechos. La fachada color naranja-atardecer del edificio estimula al espectador y lo compensa por la experiencia de página-en-blanco que casi todo museo y galería propone con sus paredes. El NWM ofrece un escenario apropiado para un artista cuyas ideas emergen como dibujos o títulos y devienen con frecuencia en obras de una caótica más calculada carpintería. El proverbial título de la exposición Every Man is an Island refleja el hecho de que la mayor parte de la obra de Kcho es sobre la insularidad y sus consecuencias: aislamiento, emigración, migración, navegación, etc. Es más, cuando la isla en cuestión es Cuba, las obras de Kcho se sumergen en una poética ambigüedad.

La obra de bienvenida a la exposición es Kayak —de la serie Objetos peligrosos—, una escultura con la forma de la nave que nombra. Aunque el kayak no es parte de lo que podríamos denominar la experiencia cubana (para usar la retórica de los isleños), tiene todos los rasgos que usualmente atraen la sensibilidad poética de Kcho. En primer lugar, es una nave y como toda embarcación —en Cuba—, es ipso facto considerada un objeto sospechoso y por tanto, peligroso. Es peligroso para el régimen como medio potencial de invasión o escape de la isla; peligroso para los guardacostas estadounidenses que tratan de evitar que los cubanos lleguen a Florida; y peligroso para el navegante que se arriesga a sucumbir en las inseguras aguas del Mar Caribe. En segundo lugar, Kayak es simétrico y, por tanto, no es posible determinar en qué dirección va hasta que comienza a moverse. Finalmente, la simetría de un kayak es deliciosamente imitada por el palíndromo que lo nombra y Kcho es un pescador de ideas poéticas que enfrentan sus obras con sus títulos. Los puntiagudos clavos donde habría de sentarse el navegante son simplemente un verso más que insiste en la peligrosidad del objeto.
Para olvidar es la instalación principal de exhibición. Kcho la mostró por primera vez en la Bienal de Kwang-Ju como un bote de madera flotando sobre botellas. En esta obra más reciente (2000), el bote fue reemplazado por un muelle real apropiado y reconstruido por Kcho. Viejos neumáticos amortiguan el impacto de las embarcaciones que pudieran atracar en él y hay botellas donde debería haber agua. Este muelle (o uno parecido) —sin las botellas— es parte de otra obra llamada El camino de la nostalgia (1996). Estas superposiciones de obras distintas ponen en evidencia las maquinaciones de la creativa mente de Kcho. De pronto, los mismos objetos —ligeramente alterados— son materializaciones de conceptos diferentes. Una vez que reemplazamos el bote por un muelle, ya no estamos en tránsito sino esperando una llegada o en vísperas de una partida. El muelle es lo último que se recuerda al partir, o lo primero que uno pisa al dejar atrás lo que se ha de olvidar, o la familiaridad del lugar al que siempre volvemos.
Binoculares es una serie de dibujos agrupados en cinco paneles. Cada uno se parece a la visión de alguien que observa gente a través de binoculares. En estos dibujos (mas no en la visión binocular), la porción del campo visual que ve el ojo derecho es diferente de la que ve el izquierdo. En un caso, el ojo izquierdo ve a un hombre armado a bordo de una embarcación que el derecho no ve. El espectador podría preguntarse: ¿Quién observa? ¿La Guardia Costera de Cuba o de Estados Unidos? ¿O acaso es un observador neutral? ¿Quién es observado? ¿Vienen o van y a dónde?
Con frecuencia las obras de Kcho están hechas con materiales de segunda mano y objetos hallados: “Me gusta trabajar con materiales usados porque de ellos emana energía concentrada…”. No ha de sorprender entonces que Kcho profese gran admiración por la obra de Pablo Picasso (collages cubistas) y por la de Marcel Duchamp (ready mades). Algunos han interpretado este aspecto de la poética de Kcho como una referencia al reciclaje como manera de vivir de los cubanos durante el “Período Especial” de escasez que devino luego del colapso del bloque soviético. Siempre es posible —y Kcho no hace mucho para evitarlo— descubrir en sus obras un subtexto crítico sobre la situación política cubana, mas si lo hay, no es un texto partidario, sino reflexivo e incluso existencial. Ese tono existencial se hace explícito cuando Kcho dice: “Nunca he entendido por qué en Cuba, siendo una isla, el mar es considerado peligroso, cuando tendría que ser algo muy cercano y querido. Por cierto que es bello y riesgoso, mas todo lo que define a Cuba ha llegado por el mar”.
FERNANDO CASTRO R.
