Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por Christine Frèrot

Julio Villani

Maison de l’Amerique latine

Sería muy arriesgado querer clasificar o etiquetar la obra de Julio Villani (Marilia, São Paulo, 1956). En efecto, escapa afortunadamente a la determinación de una identidad, al encierro de un catálogo, cualquiera que sea el género, estilo o familia estética. Cuando mucho, se le podrían encontrar felices parentescos. Pues su obra, única y múltiple a la vez, es contemporánea. Prolija y proteiforme (pintura, video, fotografía, collage, ensamblajes, objetos), utiliza diversos materiales (madera, hierro, cartón, zinc, laca, tiquetes de metro, utensilios de cocina, invitaciones a exposiciones) y dialoga sin cesar con las palabras, con la historia del arte, con sus símbolos o figuras emblemáticas. Es una obra alimentada con referencias, que confía en el azar y cuya poesía emana de esa libertad inalienable. El humor en Villani es una forma de sentido, sin olvidar que el impacto de la forma y sus sorprendentes desarrollos participan de un espíritu lúdico en permanente renovación. Nada detiene la creatividad lingüística ni la vena imaginativa del artista, nacidas del desfase irónico y la ternura cómplice, mientras que éste, con espontaneidad, sin artificio ni imposición, hace juegos malabares con las ideas tanto como con los materiales, formas y objetos.

Exposición Individual: Julio Villani — imagen 1
Julio Villani. Le couple Noé (La pareja de Noé), 2002. Papel y óleo sobre lienzo. 26 X 33 cm. (10 1/5 x 13 pulgadas).

La exposición de la Casa de América Latina, titulada Yo no soy de aquí se construye en una infinidad de metaformas en torno a temas relacionados con el desplazamiento, la inestabilidad, los mundos infinitos y sin fronteras que la vida y la imaginación ofrecen. Hace referencia a lugares por medio de palabras, pinturas y objetos que dan sentido o perturban el significado de la imagen al retomarla. Habla de viajes, de distancia, de sentimientos; adopta las herramientas de la infancia; le gusta Duchamp; tiene a la vez algo de oulipo y de oupinpo1. Basándose en seis capítulos que establecen un recorrido donde se entremezclan la geografía, el cosmos, la historia del arte y lo cotidiano, esta muestra es metáfora, construcción, espacio, encuentro, saudade. Allí descubrimos las últimas creaciones del artista, algunas escalonadas en el tiempo, como los animales de El Arca de Noé, otras —la mayoría—, realizadas para la exposición, que constituyen los otros cinco capítulos: pinturas sobre fondo negro que esbozan un cosmos distinto; videos, collages y pequeños formatos que acompañan El lamento del loro; las Arquitecturas migratorias (objetos hechos con tiquetes de metro y zinc laqueado) construyen el perfil de un universo que sus máquinas “solteras” ponen en movimiento.

Desde el momento de entrar al edificio, el visitante es recibido por dos piezas inéditas que desfilan a la manera de un desarrollo publicitario del cual toman prestado el sistema de soportes iluminados desde el interior. Ellas desvelan una cartografía corporal donde el corazón rojo de São Paulo (donde nació Villani) es “enlazado” con el corazón rojo de París (donde reside desde 1982) mediante una serie de “arterias” y “venas” que van de Lima a Lyon y a Roma, pasando por Lisboa, Hong Kong o Río, y que conducen inevitablemente a Duchamp convertido —por medio de un neologismo— en cultivador de maíz y de girasol... La entrada en materia del viaje interminable es rubricada con fuerza, siendo el movimiento la clave a la vez física y conceptual de los mundos personales cuyas puertas Villani entreabre para nosotros.

La primera máquina (Paseante en teoría), perpetúa el absurdo poético de las máquinas solteras de Duchamp; la rueda de bicicleta gira sin cesar para un individuo cuyos pasos no dejan ninguna huella puesto que está inmóvil. Los doce Estudios para otro mundo (papel y óleo sobre lienzo, diferentes dimensiones, 2005) invita a penetrar en una galaxia oscura, son cosmogonías de un cotidiano vagabundo, sueño despierto del viajero sin destino. En los espacios más intimistas des sótano, Villani instaló a los animales de su Arca de Noé2 y el video de su loro que, con rabia y a conciencia, hace trizas a Picasso y a la Mona Lisa, como si la historia del arte ya no debiera existir.

En la gran sala, el artista instala una meditación viajera sobre el tiempo y el espacio, con una serie de estructuras ligeras (sus Arquitecturas migratorias) ingeniosamente fabricadas mediante el ensamble de tiquetes de metro que se enfrentan a sus alter egos en zinc y laca, construidos en formas variadas: nido, chimenea, nenúfar, tanque de agua o domo. El recorrido de la exposición podría concluir ante la instalación intitulada Los siete continentes (2005): siete casitas iluminadas desde el interior, donde aparecen las palabras “infierno” y “locura”, vienen a sellar, en el contraste entre la referencia a la infancia y la violencia de las evocaciones, la realidad de su eterno vagabundeo. Lejos de ella, en una segunda máquina soltera, Domicilio fijo, 2005, es el suelo-mundo el que se desplaza mientras que la casa permanece inmóvil. Villani, artista migratorio de un lado al otro de los océanos, logra un juego de equilibrista entre mutación constante y permanente estabilidad. 

NOTAS

1. Nombres de los movimientos franceses Oulipo (nacido en 1962 para la literatura) y Oupinpo (nacido en 1981 para la pintura). Proposiciones excéntricas y extravagantes que conducen a los creadores a fijarse reglas o exigencias con ambiciones formalistas para realizar una obra.

2. Podemos encontrar otros animales en la exposición que presentó simultáneamente, sobre este tema del Arca de Noé, la Galería 1900-2000 de París, entre el 4 de septiembre y el 15 de octubre de 2005.

CHRISTINE FRÈROT

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