En 1989 salieron al mercado dos películas tituladas Black Rain (Lluvia negra); el argumento de ambas se desarrollaba en Japón. Una de ellas, dirigida por Shohei Imamura, presentaba el lento y devastador deterioro de la salud en los habitantes víctimas de la “lluvia negra” y la radiación en Hiroshima, después de cuatro décadas del bombardeo atómico estadounidense. La segunda contaba las hazañas de dos policías neoyorquinos por meter en cintura la Yakuza, sanguinaria mafia de Tokio.
La táctica de la propaganda para desviar la atención del público era obvia: un director renombrado, Ridley Scott (quien ya entonces había realizado Alien y Blade Runner), se apoyaba en dos estrellas de Hollywood, los sex symbols Michael Douglas y Andy García. Si alguien preguntara por Black Rain, la película “japonesa” de 1989, todos los caminos llevarían a Roma... la gente terminaría por olvidar la cinta de Imamura.

Este movimiento “natural” hacia el olvido de lo trascendental —humanamente hablando—, dirigido por la industria de la cultura de masas, tiene un muro de contención en creadores comprometidos con reconstruir la memoria legítima de nuestras sociedades. Javier Cambre se destaca en este sentido.
Por ejemplo, Godzilla, una de las piezas en su primera exposición personal en Puerto Rico, es un video que combina tomas realizadas por él con fragmentos de Lluvia negra de Imamura y secuencias de documentales sobre la guerra y las fuerzas armadas hechos para la televisión norteamericana. El resultado del montaje y la manipulación de las fuentes es una amalgama dramática que denuncia el horror de esa barbarie moderna.
Cambre aprovecha que la película japonesa original fue filmada en alto contraste (blanco y negro), para saturar las imágenes (quemarlas metafóricamente) y armonizar el conjunto. Con este basamento estético se permite incluir escenas de la “vida cotidiana” en este lado del planeta. Además, el propio título propone un juego sarcástico con la táctica utilizada por la maquinaria publicitaria de Hollywood: se refiere a un “monstruo” japonés digerido por la cultura de masas norteamericana —al pelotero Hideki Matsui de los Yankees lo apodaron “Godzilla” por su procedencia asiática—, al tiempo que nos descubre al verdadero.
Otros dos videos y una escultura completan la exposición de marras, Cerca de la Puerta del Sol, en la Galería Comercial de San Juan. Paseante es un recorrido “idílico” de la arquitecta Marta Serena Colón por edificios emblemáticos del “modernismo tropical” de Heinrich Klumb y la Universidad de Puerto Rico, al tiempo que se superponen, mediante flashbacks —asaltos de la memoria de los espacios más que de la serena paseante—, imágenes de archivo que muestran protestas, intervenciones policíacas, disparos y explosiones desatadas en este entorno “ideal” del racionalismo moderno.
No es casual el interés de Cambre en los espacios arquitectónicos, pues sus estudios incluyeron el diseño ambiental en la Universidad de Puerto Rico (1993) y la arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana de Colombia (1995). De hecho, Paseante se ha exhibido ocasionalmente como una instalación en forma de caja acrílica dentro de la cual se proyecta el video (None of the Above, Museo de Arte de Puerto Rico, 2005). En esta ocasión, Cambre presenta otra construcción paradójica. Modelo (Terragni) es el proyecto jamás realizado de il Danteum, un edificio-monumento a La divina comedia, que el dictador Benito Mussolini comisionó al arquitecto del modernismo italiano, Guissepe Terragni (1904-1943).
Por su parte, el video que da título a la muestra tensa la frontera entre la historia documentada y la historia ficticia. Cambre presenta el mundo marginal en el centro de Madrid, a pasos de la Puerta del Sol. Prostitutas, mendigos y gitanas, personajes irrepresentables de una sociedad que termina consumiendo su gente, posan frente a la cámara o son captados in fraganti como si el artista fuera un paparazzi, y éstos, sus celebridades-presas.
Pero ni Javier Cambre es Ridley Scott ni estas pobres gentes son los sex symbols de turno. Nada parece evitar que la “lluvia negra” que sufren a diario, los arrastre al barrio inundado de Nueva Orleáns.
ELVIS FUENTES
