Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por Nelly Perazzo

Héctor Medici

Centro Cultural Recoleta

No cabe duda de que la profesión de arquitecto ha marcado fuertemente la praxis pictórica de Héctor Medici. Lo proyectual, la construcción, el uso de maquetas y planos lo habilitó a un manejo y análisis de los medios de aprehensión de la realidad, que si siempre ha estado, como problemática, presente en su obra, en este momento parece tornarse paroxística.

La racionalización del entorno, que el hombre ha intentado de manera más o menos acentuada a través del tiempo, con sus convencionalismos de la percepción y la representación, ha sido reflexionada y desestructurada ya en períodos anteriores, pero en la exposición que este artista realiza en el Centro Cultural Recoleta adquiere dimensión superlativa.

Lo fragmentado, lo dividido, lo reiterado, lo preciso y lo fluido, lo subrayado y lo fundido en el anonimato provocan un estallido o un contrapunto que acosa al espectador y deja de antemano, sin respuesta, a cualquier pregunta posible.

Exposición Individual: Héctor Medici — imagen 1
Héctor Medici. Fuentes citadas, 2002. Acrílico sobre tela. 170 x 180 cm. (67 x 70 3/4 pulgadas). Díptico.

Se trata de una imagen-índice de lo real en fuga, citando a Ch. Bucci-Glucksmann. Porque esta pintura acude permanentemente a las citas: por una parte, a la representación del espacio tradicional desde las formas más rigurosas del quattrocento, hasta las distorsiones más osadas de los manieristas; por otra, al planismo de la pintura geométrica y la austeridad de su elocuencia. Pero son citas que podríamos llamar autocitas, ya que vuelven sobre aspectos de la propia obra del autor. De ahí que la exposición se llame Op-cit.

Y además, estas citas se superponen y desordenan con manifiesta intención de perturbación.

Uno se pregunta si se desea hacer reflexionar al espectador o es que la avidez gnoseológica del artista instala la negación para plantearse posibles nuevas articulaciones de sentido o de lenguaje.

Está con frecuencia presente el pictor, testigo y relator, avasallado pero nunca totalmente desesperado a pesar de los enigmas torturantes que han reemplazado a las utopías.

En el fondo, en el acto de pintar hay siempre una afirmación, por el hecho de la búsqueda de un interlocutor válido. Y la mirada de éste parece no encontrar ahora un punto de apoyo, sino un conjunto más o menos caótico de superficies heterogéneas de las cuales se desvanece una imagen coherente del mundo.

En esta muestra la naturaleza aparece siempre en clave ficcional acentuada, como en las cuatro maquetas tridimensionales de colores diferentes, indicando el periódico transcurrir de las estaciones, que establecen una secuencia de recorrido y de tensores.

Y aparece el agua, como en el espacio del nadador, con rítmicas ondulaciones que, sin embargo, abandonan su placidez en el intrincado laberinto del shaped canvas y de las figuras geométricas planas o bosquejadas.

Y está el agua de fuentes como en Fuente citada —a su vez gracioso juego de palabras—, hipotéticamente situables en jardines o en el espacio urbano pero aquí encerradas, repetidas, siempre involucradas en el ordenado desorden al que Medici dio carácter protagónico en esta muestra.

Ha tomado imágenes perdidas, como los dos personajes (que aparecieron en su obra en 1996), y se vuelven módulo de repetición, usados en todas las posiciones, a veces como cosidas, en una trama agitada en la que compiten con formas planas o figuradamente tridimensionales: alusivas al cubo de la perspectiva tradicional o al del hábitat o al de la ventana o al de la TV.

Todo se vuelve pregunta en esta muestra en la que el autor ha utilizado técnicas complejas de transferencia.

Ya no le sirve a Medici el mito que, en su obra, en algún momento, fue metáfora de la búsqueda de lo imposible.

Tampoco es suficiente la indagación entre imagen y significación.

En un momento donde el arte parece aproximarse o alejarse demasiado del espectador, Medici encuentra la manera de deslizarse entre los intersticios.

Afanosa y pertinazmente, explora el sitio que Deleuze ha llamado punto de indiscernibilidad de lo real y lo imaginario.

El catálogo que acompaña a esta exposición cuenta con un excelente prólogo de Lucas Fragasso.

NELLY PERAZZO

Héctor Medici, por Nelly Perazzo | artnexus