The Promised Land, de Ernesto Pujol, presentó fotografías y esculturas de tres proyectos diferentes que el artista desarrolló con comunidades locales durante los últimos cinco años. Estos proyectos, encargados por museos regionales al artista cubano residente en Brooklyn, se basaron en intercambios con líderes, artistas, granjeros y rancheros de la comunidad, y en un principio se tradujeron en efímeras instalaciones site-specific que más tarde se transformaron en el material documental que se vio por primera vez en Nueva York gracias a esta exposición. Las fotografías pertenecían a proyectos ambientales basados en los paisajes de Kansas, Pensilvania y Carolina del Sur.
El primer proyecto, titulado Becoming the Land, fue comisionado en 2003 por el Salina Art Center de Kansas y curado por Saralyn Reece Hardy. Fue una reflexión sobre la transformación de la pradera abierta en una tierra de labranza semejante a una red durante la colonización de la región central de Estados Unidos en el siglo XIX. Pujol viajó de acá para allá entre Kansas y Nueva York, para trabajar con los ciudadanos locales, con el fin de salvar la brecha entre arte y sociedad. Este primer grupo de siete impresiones de 40 x 60 pulgadas cada una era una versión condensada de una exposición más grande que originalmente incluyó fotografías, instalación, elementos arquitectónicos y video.

Hacían alusión a un sueño utópico de los habitantes de la región que caminaban hacia las praderas anhelando tener un vínculo con la naturaleza. Pujol representó en las fotografías arquetipos de personas que encarnan a la clásica familia estadounidense inmigrante. En esta serie, colocó en la pradera niños solitarios, de espaldas al espectador, en una clara alusión a los paisajes del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, como Monk by the Sea (1808). También optó por horizontes bajos que nos recuerdan la pintura de paisajes holandesa, mientras representó con fidelidad la geografía de Kansas. Y era precisamente la idea de la añoranza de un pasado que ya no existe la que conectaba los tres proyectos expuestos.
El segundo proyecto fue curado por Julia Herzberg en 2002 para el Jersey City Art Museum y se titulaba American Fields. El artista presentó fotografías del cambiante paisaje del Lehigh Valley de Pensilvania a medida que los parques industriales fueron reemplazando las antiguas granjas de maizales. En este paisaje suburbano, una industria reemplazó a otra, creando vastas zonas industriales en las que la tecnología suplantó a la naturaleza. En esta serie de tres fotografías, todas de 40 x 60 pulgadas, Pujol mostró imágenes de campos de maíz a las que acompañó con una docena de mazorcas en aluminio fundido colocadas sobre una rústica mesa campesina. Con esta instalación el artista hacía comentarios sobre el paisaje estadounidense, ya fuera en forma de campos cuadriculados cultivados de maíz o de redes industriales de fábricas y enormes espacios de almacenamiento. A lo largo de la exposición, el paisaje de los Estados Unidos se desplegaba como un lugar que exhibe las heridas de un pasado utópico.
El último y más reciente proyecto de 2004-2005 estaba representado por cinco fotografías digitales de diferentes tamaños; el proyecto original fue curado por Mary Jane Jacob para el Spoleto Festival de 2004 de Charleston, Carolina del Sur. El artista formó parte de un equipo que creó un transitorio jardín urbano de arroz, titulado Water Table, que exploraba la economía arrocera de la que históricamente dependió la península. El proyecto original hacía énfasis en los pantanos y las inmensas plantaciones de arroz que se convirtieron en el principal símbolo de la región. Sin embargo, las imágenes escogidas por Pujol para esta exposición se relacionaban con las transformaciones que se llevaron a cabo en ese intenso paisaje. Las imágenes mostraban a habitantes de la región pescando en los pantanos en bajamar. Daban a entender la forma en que la industria colonial basada en el arroz y la esclavitud ya no existe y fue sustituida por la industria del turismo y el entretenimiento.
Pujol es conocido por sus obras de arte sobre género, masculinidad, raza, exilio, identidad étnica y memoria, basadas en el cuerpo/performances. En su serie Hagiography, de 1999, se disfrazó de monja, en alusión al hecho de que fue educado por monjas misioneras, y a los años que pasó como monje en un claustro donde se preparaba para ser sacerdote católico. Estas nuevas obras sobre el paisaje son menos biográficas y están más orientadas hacia las experiencias, los recuerdos, la historia y la narrativa de otras personas. No obstante, aun así hacen parte de su investigación sobre el paisaje que conserva el recuerdo del pasado. El interés del artista por los temas ambientales se remonta a su formación como paisajista en Puerto Rico en la década de 1970. En esta serie, Pujol jugó con fotografías de gran formato en las que se notaba el grano en forma tersa, lo que les daba un toque textural que nos recordaba las superficies pintadas. Los recuerdos del desplazamiento parecen persistir como tema principal de la obra de Pujol, si bien en esta oportunidad los expresó no por medio de su propio cuerpo, sino del cuerpo del paisaje estadounidense.
CLAUDIA CALIRMAN
