Exposición Individualdic 2005 - feb 2006· Por María Clara Bernal

Catharina Burman

Centro Cultural de la Universidad de Salamanca

En L'Idée Fixe, ou deux hommes á la mer (1933) el poeta francés Paul Valéry afirma que lo más profundo que hay en el hombre es la piel. Esta afirmación aparentemente contradictoria define en principio la obra reciente que Catharina Burman presenta en el Centro Cultural de la Universidad de Salamanca en Bogotá. La muestra está dividida entre las dos salas principales de la casa colonial que ocupa esta fundación. En la primera sala se encuentra una instalación con una serie de maniquíes de torsos hechos en papel pergamino y resina que dejan ver al trasluz su contenido de objetos. Estos objetos, que van desde lo religioso hasta lo lujurioso parecen estar aludiendo a las múltiples facetas que habitan la condición femenina. En los maniquíes que cuelgan como si fueran prendas de vestir en un armario, la piel se funde con el contenido que muchas veces la rebosa de forma significativa en un intento por hacer evidente que la piel no es sólo contenedor sino contenido en sí misma. En la segunda sala el significado de la frase de Valéry toma pleno sentido con una serie de fotografías tituladas Mujeres, que flotan en el espacio incitando a un recorrido. Estas fotografías, al contrario de los maniquíes (talla 8) de la primera sala se alejan del ideal del cuerpo femenino para adentrarse en una afirmación de la carne y la fisicalidad, con toda la gravedad y pesadez de la vivencia.

Exposición Individual: Catharina Burman — imagen 1
Catharina Burman. De la serie Corpus, Esculturas, 2004. Papel pergamino con resinas y objetos. 80 x 50 cm. (31 1/2 x 19 1/2 pulgadas).

La temática del cuerpo femenino es tan antigua como el arte mismo, desde la fertilidad y el deseo hasta un campo de debate político, su simbolismo e implicaciones han variado de acuerdo con la época y el lugar. En este sentido, la obra de Burman no propone nada nuevo; sin embargo, su importancia radica en su pertinencia al hacer énfasis en una situación actual desde un punto de vista muy personal. Con la proliferación de la cirugía plástica y los realities de “cambios extremos” que han ocurrido en los últimos años, hoy en día el cuerpo femenino se ha convertido en una obsesión colectiva. En el marco de estos desarrollos, la idea de que el cuerpo es una especie de “materia bruta” que está ahí para ser modificada a imagen y semejanza de un ideal que se aleja cada vez más de la realidad ejerce una presencia muy fuerte en la forma como nos enfrentamos a nuestra corporeidad. La fotografía tiene un papel muy importante en todo esto, pues es a través de ella que se diseminan y consumen las ideas acerca del cuidado y la presentación del cuerpo. Resulta irónico entonces que Burman haya escogido el mismo medio para hablar de lo mundano del cuerpo femenino y de lo cercano que está a la naturaleza aunque el hombre insista en reconstruirlo a través de la ciencia. Sin embargo, la ironía es entendible en cuanto la artista intenta hacer una afirmación contraria a la que hacen los medios de comunicación utilizando su mismo lenguaje. En la semidesnudez descarada de las protagonistas de las fotos, Burman apunta a encontrar la belleza en estos cuerpos que están tan lejanos de la “perfección publicitaria”, pero que son bellos en cuanto son mapas de vidas.

La serie Corpus es entonces un recordatorio cruel y emocional de la naturaleza del cuerpo humano y de su tendencia a la decadencia. La fotografía se convierte allí en un acto celebratorio de este proceso, haciendo del cuerpo cotidiano algo digno de ser inmortalizado. En la piel de las mujeres retratadas se hace visible una vida entera; al poner un espejo en la parte posterior de las fotos el espectador es advertido, como si se tratase de un memento mori, del destino de su propio cuerpo. Así, en las fotografías que Catharina Burman hace de estas mujeres se evidencia más que nunca la validez de la frase utilizada en una de las obras de la artista norteamericana Barbara Kruger: Tu cuerpo es un campo de batalla.

MARÍA CLARA BERNAL

Catharina Burman, por María Clara Bernal | artnexus