En la edición de este año, doce galerías del exterior y dieciséis pertenecientes al país sede se dieron cita en el Hotel Tamanaco Intercontinental de Caracas entre el 6 y el 11 de julio para mostrar en la FIA, tanto a las audiencias nacionales como a las extranjeras, las obras de sus artistas. Un notable conjunto de realizaciones de autores reconocidos y de algunos jóvenes talentos, analizadas por la mirada de los galeristas y seleccionadas pensando en las expectativas de los coleccionistas, sirvieron de estímulo para atraer a un muy numeroso público. Como eventos paralelos se realizaron: el VII Salón CANTV de Jóvenes con FIA, en Corp Group, el IV Encuentro Iberoamericano de Fotografía, en dos espacios, la Sala Mendoza y el Centro Cultural Chacao. Así mismo, el Parque de exposiciones FIA-Trasnocho, y el evento FIA-virtual, todos bajo la responsabilidad de conocidos curadores, mostraron la obra de los artistas emergentes. En el stand de las publicaciones estuvieron presentes ArtNexus, Arte al día, el diccionario bibliográfico de las Artes Visuales de Venezuela, la Fundación Narváez en vísperas de celebrar el Centenario del maestro Francisco Narváez, y Mundo, de Colombia.

Interesa destacar la presencia de instituciones privadas como Panorama italiano, que recoge el aporte de creadores oriundos del país mediterráneo, como Domenico Casasanta, Paolo Gasparini y Nedo, al arte venezolano; así como de otras importantes organizaciones que han dado un valioso respaldo al quehacer de los artistas plásticos y a la causa de la difusión cultural. La extraordinaria exposición de Bárbaro Rivas, en representación de la Curaduría de Arte Mercantil, algunas de las piezas fundamentales de la gran colección de la Fundación Cisneros, la breve pero altamente significativa selección de cerámicas de la colección curada por Roberto Guevara para la Corporación Telefónica en la década de los ochenta, le otorgaron al conjunto de la feria un rango especial, un valor dado no sólo por el carácter excepcional de las obras exhibidas, sino por el rigor y el profesionalismo con que han sido articuladas esas colecciones. En este sentido, se constituyen en modelos, referencias fundamentales del coleccionismo en Venezuela.
En calidad de invitados especiales, la Feria Iberoamericana de Arte postuló a la escultora venezolana Lía Bermúdez y al fotógrafo argentino Marcos López. El acto en sí fue un merecido reconocimiento, y la motivación evidente. Cada uno de ellos ha hecho del lenguaje artístico una forma de expresión, sus propuestas abren, por así decirlo, la feria. En ese conjunto abigarrado que no dio espacio a los sobresaltos, las obras de los grandes maestros latinoamericanos recuerdan el aporte de este lado del mundo al arte universal: Reverón, presente en Arte Ascaso, Sergio Camargo, en Espacio Arte/Gabinete de Arte; Cruz-Díez, en Graphic Gallery; Negret y Ramírez Villamizar, representados por Luis Pérez Galería, y Jesús Soto, por Joan Guaita Art, nos pasean con su arte por la consolidación de la modernidad latinoamericana como lenguaje artístico, y demuestran el porqué de su reconocimiento internacional.

Algo resultó evidente en el encuentro caraqueño: la visualidad que categoriza modalidades y expresividades se moviliza, en ese escenario del mercado del arte, en un espacio acotado entre la tradición moderna y las realizaciones contemporáneas que tienden ya hacia el carácter estable que otorga el reconocimiento colectivo. Vista la feria como una gran exposición, encontramos que las paradigmáticas tendencias del siglo XX: figuración y abstracción, dominaron el lenguaje de las obras exhibidas y, en cierto modo, las propuestas de los artistas homenajeados confirman esta percepción. En Lía Bermúdez lo abstracto responde a un proceso de reflexión en torno a otras maneras de expresar la realidad, y se concreta en formas geométricas plenas de sensibilidad, lucidez y pasión por lo construido. Marcos López se interesa por la figura humana en un rol protagónico, presente en múltiples situaciones y experiencias como foco de una ritualidad nómada, protagonista de momentos si se quiere retóricos, expresiones de una cotidianidad que busca trascender.

Contenida dentro de esos ejes que hemos reconocido como reguladores del quehacer de los artistas feriales, la pintura como modalidad bidimensional tuvo una gran presencia, mientras que la fotografía se mostró de una manera discreta. Por su parte, los objetos construidos ya sean figurativos o abstractos, dan cuenta de la tridimensionalidad; otras formas expresivas de lo contemporáneo, como el videoarte, no se hicieron presentes; el arte digital aparece con una única obra, la de Andrés Michelena/Projects Gallery. La razón de esta notada ausencia parece obvia, se trata de lenguajes que aún no captan el favor de los coleccionistas.
En la primera vertiente, la figurativa, la imagen humana acapara el interés de los artistas y también de los galeristas. Este milenario motivo, argumento, medio, forma esencial de representación dentro de la expresión plástica, aparece desde lo individual a lo colectivo, dominando el espacio o inmerso en él, ya sea éste un sitio real o recreado de manera intencionada. Entre los personajes de Marcos López, envueltos en una atmósfera fashion algo degradada, a pesar de las situaciones en que se hallen —una autopsia, una pareja desnuda, como si se tratasen de una Adán y un Eva modernos–, y los afectados personajes de Roger Montegani, o las delicadas féminas de lánguidas miradas de Javier Peláez/Praxis México, la diferencia sólo la establece el medio pictórico o fotográfico; en todos los casos, se trata de representaciones de personajes reales inmersos en narrativas manipuladas, de igual manera como lo hace AES + F Group con la multirracial marcha de niños y jóvenes por la 5 Av. de Nueva York/Juan Ruiz Galería.

Recreaciones menos realistas de la figura humana son las de Frank Hyder/Projects Gallery, de Carmelo Niño y de los maestros Alirio Palacios y Cornelis Zitman/Arte Ascaso. Otras propuestas vinculadas a este interés por la imagen del hombre son los retratos de Carlos Sánchez Vegas/Díaz Mancini; y las formas fragmentadas del cuerpo ojos, senos, torsos de Harry Schuster y Gustavo Zajac/Okyo. Lo humano transfigurado lo encontramos en Alirio Rodríguez, Galería D’Museo; en Patrick Hamilton, KBK Art; y en las interesantes imágenes veladas de Jonidel Mendoza/Artepuy, figuras fugaces, esquivas, que se ocultan a la mirada de los otros. Como propuesta tridimensional sobresale la obra de Zitman, y al grupo de lo escultórico se suman también Aurora Cañero, presentada por Galería El Museo junto a Mariana Monteagudo, Jesús Fernández Peláez y Juan Carlos Delgado. El reinterpretado clasicismo de Cañero tiene un punto de encuentro con las figuras creadas por Elías Toro/Da Vinci Art; y una variante interesante es la de Monteagudo, quien muestra un inquietante conjunto de muñecas que no son tales, se trata más bien de mutantes, suerte de pequeños demonios que tienen algo de humanos.

El entorno construido visto desde la mirada contemporánea que lo fragmenta, lo altera y reelabora a partir de una imagen crítica, o a través de la manipulación que incorpora complejas relaciones entre aquél y los seres que lo pueblan, se evidencia en las fotografías digitalizadas de Alexander Apóstol/Sala Mendoza, construcciones ciegas, cerradas a la presencia de lo externo a ellas, que refieren un mundo negado a la comunicación; y desde una perspectiva que busca destacar los valores plásticos en equilibrio con la realidad del medio físico, lo encontramos en la obra de Lourdes Peñaranda/Art Nouveau. Otras realizaciones vinculadas con el nexo hombre-entorno son las del cubano Kcho, Juan Ruiz Galería, Esteban Pastorino/KBK Arte Contemporáneo, y la de Muss Hernández/Graphic Gallery, su obra, una suerte de mosaico de imágenes fotográficas en negativo, propone al espectador un ámbito de insospechadas relaciones y sugerencias dado a partir de los fragmentos del mundo que nos rodea. Miradas distintas recrean el medio como escenarios idealizados, los bosques de Antonio Scorches/Templarios; los óleos sobre tela Chul Hwan Park y las tintas sobre papel coreano de Woo Myung Ae/Bellarte. La referencia a lo real, expresada a través de los objetos que acompañan al hombre en su diario existir, está presente en las pinturas hiperrealistas de Hugo Laurencena/Praxis México; y en otras formas de lo cotidiano, como el iridiscente vestido en vidrio de Ana María Nava/Art Nouveau. Jesús Fernández, quien igualmente trabaja con fragmentos de la realidad, encierra en sus cajas imágenes borrosas de una Caracas irreconocible, situaciones atrapadas en los recuerdos que afloran impulsadas por la nostalgia; mientras que Juan Carlos Delgado se aferra a la memoria valiéndose de los personajes que crea, los desconocidos rostros que surgen de sus sellos “lacrados”, nos hablan de un intento por rescatar la presencia de aquellos seres que el tiempo ha dejado atrás.

La abstracción cuenta con dos bastiones irreductibles a la figuración: Arte Clave y Studio Soto; en la primera reina en solitario Juan Iribarren; en la segunda comparten el espacio Carola Bravo, Sigfredo Chacón, Joel Casique y Gisela Romero. Todas las propuestas abstractas tienen en común el carácter de lo construido y se diferencian en la expresividad que articula los componentes, valorando cada uno aspectos distintos. Entre los contundentes óleos sobre tela de Celia Euvaldo, Espacio Arte/Gabinete de Arte, en los que prima un interés por evidenciar la sensibilidad del gesto, y las cálidas realizaciones de Juan Iribarren, suaves veladuras que acentúan la carga poética del color, podemos hallar sutiles afinidades que las vinculan entre sí y también con la obra de Susana Amundaraín/Díaz Mancini, las chorreadas pinturas de Chacón, de una gran plasticidad; las cromáticas abstracciones orgánicas de Romero, las sugerentes cartografías sobre mármol de Carola Bravo, y con una propuesta abstracta diferente pero igualmente significativa, la abigarrada y serpenteante pintura de Cipriano Martínez/Sala Mendoza.

La necesidad de dar cuenta de una voluntad expresiva, abstracta e intensa, aunque basándose en recursos distintos, vincula a tres artistas representados por la Galería Medicci, Luisa Richter, Manuel Quintana Castillo y Asdrúbal Colmenárez, quien presenta en la feria una obra que lo aleja de los conceptualismos y minimalismos de sus realizaciones anteriores. Mientras que el rigor de lo construido marca la obra paciente y sensiblemente perceptiva de Enrique Sardá, une, desde el espacio de lo geométrico, las obras de Pedro Fermín, un minimalista y estético conjunto de delgadas bandas en hierro pintado, y el alfabeto abstracto de Nanín García, en Graphic Gallery. Eugenio Espinoza, representado por la Sala Mendoza, revela su gran sensibilidad con una obra sutil y elocuente al mismo tiempo; Jesús Guerrero/Artepuy rescata con un sentido contemporáneo lo conceptual del grupo De Stijl. Igualmente, se ubican en la vertiente abstracta las obras en relieve de Iván Rojas/Okyo, evocaciones lejanas de una cultura prehispánica, y las elegantes realizaciones “modernistas”, dunas en bronce y plata, de Casique. Cierra el grupo tridimensional abstracto la construida y al mismo tiempo expresiva obra en madera de Harry Abend, en Templarios.
Sin los marcados altibajos de otras ediciones, la XIV, sino caracterizada más bien por una discreta regularidad, la feria iberoamericana de arte hizo patente el hecho de que no hay novedades importantes en las artes visuales, dejando abierta las expectativas para el próximo año.
FREDDY CARREÑO
Curador, investigador de arte y docente de la Universidad Central de Venezuela.

