Al entrar en la Galería Animal, un cuerpo de grandes proporciones, amenazante, al mismo tiempo que seductor, ocupaba el centro del espacio. Era la araña-piano de Víctor Hugo Bravo, un ser híbrido que acechaba desde su centro al observador y a un objeto bidimensional que colgaba al fondo de su lado izquierdo, como un pedazo de carne. Evocadora de la araña-madre de Louisse Bourgeois que te acoge bajo su protección, este “ser-objeto” atraía con sus ocho patas de fierro elegantemente curvadas, dando una sensación de movimiento, y su cuerpo de piano de cola construido a escala 1:1. La referencia a Joseph Beuys también era inevitable; pero, sin duda, aquí había una notable distinción: era “Otro” el firmante. Con caracteres neogóticos y cursivos se distinguía la marca de fabricación de Mano Zurda y las palabras provocadoras en inglés power & death. Al acercarnos a este detalle, se descubría, además, el interior del piano ocupado no por la caja acústica musical, sino por una “masa cerebral” carnal y rojiza percibida a través del reflejo de la brillante tapa levantada.
Entonces cobraba sentido el objeto-mueble colocado al ingreso de la galería. Un aparador antiguo, cuya cubierta era una tapa de piano de cola pintada con camuflaje, dejaba escuchar, a través de una bocina manualmente construida, la melodía del instrumento. En una de sus vitrinas interiores, el puño vaciado en yeso de la mano izquierda del artista giraba frente al espectador, cual mercancía vendible. En la otra, un pequeño piano de juguete era atravesado por un hacha pintada de rojo. Entremedio, la gaveta superior guardaba en su interior un hacha camuflada en verde olivo. Era una irónica relación entre “juguetes” musicales y de guerra, dentro del contexto cotidiano y familiar.

Víctor Hugo Bravo, artista chileno y parte de una generación formada dentro de la dictadura de Pinochet, ha sintetizado con Mano Zurda el recorrido significativo de su trayectoria. Su interés inicial durante los 80, se había centrado en la pintura. Posteriormente, irrumpiría la escena nacional en los 90 con una clara y madura idea estética. Objetos de madera construidos manualmente como juguetes bélicos y cubiertos totalmente por pintura en forma de camuflaje fueron su sello identificador. La pintura como camuflaje había sido un gesto de inversión e “invasión” mediada por el color, transformando el objeto tridimensional en dimensional, sin que desapareciera definitivamente su condición de “superficie pictórica”. Paralelamente, aparecían frases provocadoras como “domíname”, “fornícame”, y otras alusivas al poder en las relaciones sexuales, las cuales expresaban el dominio de un estado y un derecho negado.
Su obra más controversial fue la parodia del escudo de Chile a través de la representación de formas sexuales femeninas, como vaginas. Manifestaban no sólo una subversión de los símbolos patrios, sino también la representación del poder y el sometimiento como una cuestión de género, sintomáticamente dentro de la cultura de lo “macho-militar”. Al convertir la vagina en un ícono político, fetiche que atraía al artista, junto a las referencias religiosas y los “juguetes” y objetos punzantes que sugerían armamentos (como símbolo masculino), su obra creaba toda una estética inexistente. Las relaciones entre poder, política y sexo eran camufladas, aludiendo a un estado de la cultura y la sociedad chilena.
Sin duda alguna, su obra va más allá de las referencias iconográficas anteriormente mencionadas. Ha sido además el develamiento de una experiencia individual y del desenmascaramiento de las relaciones de poder en la familia desde su etapa formativa como individuo.
La presencia femenina en Mano Zurda se centra en la madre, que había sido con anterioridad un motivo en su pintura. La madre aparece aquí en el objeto-pintura colgado; ella es la carnada puesta para ser devorada por el piano-araña. La pintura es representada como un género, es la materia carnal, originaria y maternal. Por un lado están las manos de su madre “amasando” una carne; y por el otro, la pintura misma es carnosidad camuflada.
El piano-araña sería una abierta referencia a la infancia y al poder dominante de la figura paternal en la familia. A una educación religiosa estricta y represiva, se le unía la presión del padre para lograr en los hijos el perfeccionismo técnico en el aprendizaje del piano y la guitarra.
En ese sentido, Mano Zurda no sólo es la marca y firma del artista, la cual podría aludir dentro del contexto chileno a los izquierdistas, pero más ciertamente podría referirse a la identidad de Bravo, al ser “zurdo”, o la ineptitud de no poseer habilidades para “tocar el piano”. La pintura como gesto “aparece” camuflada, disfraza sutilmente esa violencia contenida en los “objetos”, como metafóricamente está siendo ocultada la violencia dentro de un orden racional y arribista en el Chile de hoy.
DERMIS PÉREZ LEÓN
