Verónica Riedel ha inmortalizado en sus retratos a las mujeres y los niños de Guatemala, usando una técnica que emplea montaje fotográfico, bordado, escritura, y la aplicación de joyas, artefactos, milagros o exvotos, encaje, plumas y una maravillosa variedad de objetos desde lo precolombino hasta lo folclórico y moderno, pasando por lo colonial. Es una técnica que se compara exactamente con la historia de su país, con sus complejas yuxtaposiciones de pueblos y culturas, por el recubrimiento de narrativas históricas e imaginería con los rostros de los descendientes de los mayas de Guatemala. Su intento de reinventarse a sí misma, la moderna artista guatemalteca, se revela a través de las experiencias de estas mujeres y lo que representan, pasado y presente. Ellas cuentan sus historias por medio de su arte.
Las mujeres que ella fotografía son las descendientes de los mayas y otros pueblos indígenas de su país conquistados por los españoles y forzados a europeizarse y convertirse al cristianismo. Sus historias de opresión, esclavitud, posesión y amor han sido transmitidas a través de tradiciones orales. Para entender y dilucidar mejor sus dificultades, Riedel estudió historia y ahondó en crónicas y documentos antiguos, en un esfuerzo por retratar a la gente e inspirar su propia obra. Ejemplos de documentos tempranos se convierten a menudo en parte de su montaje como fondo para las mujeres y sus historias, y los pies de foto, cada uno de los cuales es un doloroso recuento del pasado, dignificado ahora por la artista y sus modernos temas. Las mujeres miran directamente al espectador, con la sabiduría de los años reflejada en sus ojos, forzándonos a verlas a la luz de su historia. Sin embargo, esto es más que una reivindicación etnológica para crear una historia visual. Sus trajes, artefactos, adiciones decorativas y palabras reflejan el proceso sincrético de socialización durante la Conquista, que también involucró la aplicación de capas de significado a la existencia de la vida, colectiva y ritualmente. Los pueblos indígenas mezclaron las enseñanzas del cristianismo con sus propias creencias ancestrales como una estrategia de supervivencia y un subterfugio para la adoración de sus verdaderos dioses. Este fenómeno todavía se mantiene vivo en algunas partes de América, en especial entre los mayas.

La aplicación del bordado tanto para decorar la superficie como para sujetar los objetos y los detalles de los vestidos es más que una técnica conveniente e interesante. Coser es labor de mujeres, y los trajes que ellas crean representan estatus, ubicación y otras claves valiosas para su existencia. Además, Riedel descubrió en sus lecturas que hay un intervalo entre los primeros años de la Conquista, cuando los indígenas no usaban ropa de acuerdo con los estándares europeos, sino que permanecían casi desnudos o con simples túnicas blancas, y el período en que las imágenes registraron que estaban vestidos con combinaciones de vestidos españoles y nativos, de nuevo basados en el estatus. Es probable que el huipil guatemalteco, tan familiar en nuestro tiempo, se haya originado en esa época. Esta prenda es descrita en el retrato de Nicté hecho por Riedel, bordado en plata, plumas, madera, piedras semipreciosas, ámbar, marfil y lana cruda. El pie de foto afirma que “era una esclava en una tribu enemiga hasta que se convirtió en un presente para un conquistador”. El traje maya tradicional, o lo que éste es ahora, sirve como lienzo para la descripción de una mujer de hoy reflejada en la mujer de ayer.
Con el fin de hacerse amiga de las mujeres locales que deseaba incluir en su proyecto y que se mostraban renuentes a cooperar con una española blanca o compartir sus experiencias, Riedel se acercó a la líder de un grupo activista, Doña Blanca, quien finalmente aceptó participar y alentó a las demás para que lo hicieran. Riedel se convirtió en su primera amiga blanca. Doña Blanca, su familia y su grupo de mujeres son los modelos de Riedel. En el retrato de Doña Blanca vemos a esta orgullosa líder vestida con su huipil y enmarcada por un elaborado cartucho bordado en seda, plumas, arcilla, perlas y piedras semipreciosas. Un mapa antiguo es el fondo y ella hace el papel de “la primera mujer indígena de las Américas que llegó a España”, como esposa de un conquistador. La historia es la fuente y la mujer moderna es la protagonista en una nueva guerra contra la opresión y la discriminación, avivada por su fortaleza, perseverancia y dignidad.
Hay historias de tiranía, esclavitud y conversiones forzadas, así como historias de amor, cooperación y esfuerzos tenaces por sobrevivir a toda costa. Las mujeres de Guatemala son una mezcla de razas, religiones, culturas e identidad. Verónica Riedel exalta a sus modelos como las madres de las Américas y las inmortaliza como símbolos de poder femenino en el siglo XXI.
CAROL DAMIAN
