Umbral a las islas. Arte Contemporáneo del Caribe

Tony Capellán. Mar Caribe, 1996. Sandalias de caucho recuperadas, alambre de púas. 365,8 x 487,7 cm. (144 x 192 pulgadas). Foto: Dennis Helmar.

Colectivasept 2005 - nov 2005· Por Graciela Kartofel

Umbral a las islas. Arte Contemporáneo del Caribe

Peabody Essex Museum

Una motivación diferente convocó al arte contemporáneo del Caribe en el Peabody Essex Museum —originalmente una institución dedicada a lo marítimo en la arthurmilleriana ciudad de Salem—, con expandidas colecciones de diversos períodos. Articulado en una renovación arquitectónica reciente que simboliza la proa de un navío, el Peabody recibió en sus amplias salas temporales a sólo cuatro artistas, de sólo cuatro de las islas del mar Caribe: David Boxer (1946, Jamaica), Tony Capellán (1955, República Dominicana), Kcho (1970, Cuba) y Marc Latamie (1952, Martinica). Ellos —que predominantemente saben de la experiencia de vivir en Nueva York—, integran el tema en común de “una introducción al arte contemporáneo en las islas del Caribe”. A la par, cada autor desarrolló subtemas y estéticas propias. Latamie, con la voluntad de ampliar la experiencia de los espectadores de lo visual a lo olfativo y lo deambulatorio, presentó Ajoupa, 2004, una construcción —tipo cabaña angosta de muy cuidada factura—, en la cual la gente entra y pasa junto a productos aromáticos de la dieta local: café, ron, nuez moscada y otros. Aunque el autor no busca dar una referencia sociológica ni estrictamente histórica, surge el vector aprendido de “especias/viaje del descubrimiento de América”. En Casatlantic, 2004, el artista transmite la experiencia de la vida en la isla con lo elemental, sin extravagancias, explorando la sensación de construcciones menos urbanas. Suspendidas, y en el piso de la instalación, hay diversas botellas y vasijas de uso cotidiano, transmitiendo la referencia local trasvasada a un museo. La sensación de “sin paredes” simboliza el aparente “sin fronteras” que se da en las islas, pero donde las fronteras son justamente el espacio abierto, el mar y lo finito del territorio. Marc Latamie, quien diseña pero no construye las piezas (hace mucho que no tiene estudio porque considera que lo suyo son conceptualizaciones y proyectos), —ocasionalmente dibuja o hace bocetos—, realizando obras como Transatlantic, 1996-2001, un grupo de acuarelas sobre páginas de atlas. El autor usa Atlantic —océano Atlántico—, al componer sus títulos, dado que es un tema que trabaja desde hace años.

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Kcho. Sin título, 2004. Carboncillo sobre papel. 244,1 x 165,1 cm. (96 1/2 x 65 pulgadas).

David Boxer presentó Los libros negros, 1992-2003 —tres libros encuadernados compuestos de digitales escaneados sobre papel—; un conjunto de pinturas en poliuretano y acrílico sobre tela, así como QVSWF, Queen Victoria Set We Free, 1996-2003, obra en técnicas mixtas (sellos postales de un penique, escultura en colmillo, madera, vidrio y papel). En la sala de introducción a la exposición, un video con entrevistas y referencias geográficas acompañaba a QVSWF, y a Los libros negros, obra de densa expresividad que el espectador podía hojear a voluntad.

Kcho, puso de manifiesto la simbología isleña con una sólida propuesta de dibujos al carbón sin título realizados en 2004, en una sumatoria de papeles de soporte para dar cabida a la concepción de la instalación presentada en Salem, del tenor de otras experiencias internacionales del autor. Asimismo, Para olvidar, 2000, es la emotiva instalación que el artista cubano expandió en el Museo Peabody, con partes de muelles rescatados, llantas y botellas. En este trabajo, Kcho pone de relieve la carencia de recursos como un elemento de conceptualización tanto insular como política. El “menos es más” –no en cantidad de componentes sino de medios materiales, en pos de expresividad–, funciona como un propulsor de ideas y de obras. Con botellas, Kcho representa a la multitud apiñada en los muelles, tanto como las botellas abandonadas al saltar/escapar (nadie necesita que en el presente texto se den más detalles acerca de embarcarse, emigrar, huir).

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Marc Latamie. Casatlantic, 2004. Madera, diferentes contenedores, agua de mar, agua coloreada. 243,8 x 274,3 x 365,8 cm. (96 x 108 x 144 pulgadas).

Tony Capellán estuvo presente en la exposición con tres obras de fechas anteriores, pero de relevancia y peso estético; esto demuestra que la obra de arte no se agota en sí misma; por el contrario, con el paso del tiempo se reconfirma y se recarga en su lucidez. Mar Caribe, 1996, es una instalación circular compuesta de ojotas de goma usadas y rescatadas, a las que le integró alambre de púa en vez del sujetador para los dedos. Si otrora importaba lo paupérrimo de los materiales, en la actualidad, –en que este tipo de calzado está de última moda–, se intensifican la concepción del artista, la extensión de la pauperización y del sufrimiento, junto al juego de distanciamiento, a la par que entrecruzamiento insensible de las capas sociales. Casi todos los trabajos de Capellán son de aparente serenidad, pero esparcen las ideas de desazón, de sacrificio y de muerte. La bandera de los ahogados, 1996, concebida con maderas en forma de cruz, ubica, dentro de cada cuadrante, arena, zapatos y hasta linternas rescatadas. La cruz organiza el sacrificio de los enterramientos de vidas cobradas por el mar, y en los intentos de huida. Isla en tránsito, 1994, es una armoniosa instalación que resuelve dentro de un clóset otro de los temas latinoamericanos: erigir libremente altares plenos de atributos.

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David Boxer. Reina Victoria Libérenos, 1996-2003. Estampillas Penny Red, escultura en colmillo, madera, vidrio, papel. 86,4 x 142,2 x 20,3 cm. (34 x 56 x 8 pulgadas). Foto: Dennis Helmar.

Relacionable en época con la exposición Island Nations: Nuevo Arte de Cuba, la República Dominicana, Puerto Rico, y la Diáspora, presentada en el Museo RISDI de Rhode Island, y con Dominicazo! –exposición presentada en una galería comercial de Boston–, la experiencia en Salem, Umbral a las Islas, deja claro que es una introducción al arte del mar Caribe. Ninguna mujer integró esta revelación acerca de la memoria cultural de las islas, las visiones políticas, las libertades, las frustraciones y los factores de la convivencia con la naturaleza. Al ver lo impoluto de la presentación de obras subversivas y con referencias a lo popular, cabe preguntarse: ¿en qué medida no actuó un parámetro de transculturalización o de afán esteticista? Se publicó un buen catálogo en inglés. La exposición es una iniciativa positiva, en la que predomina el enfoque de encuentro, interacción, florecimiento, lucha y desarrollo entre el pasado y el presente, con el mar como objeto y sujeto.

GRACIELA KARTOFEL

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