Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Ingrid María Jiménez Martínez

Rigoberto Quintana

Museo de Arte Contemporáneo de San Juan

La exposición titulada Discípulos, de Rigoberto Quintana, artista cubano residente en Puerto Rico, se presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de San Juan desde el 20 de mayo hasta el 26 de julio de 2005. Esta exposición muestra siete pupitres o escritorios colocados sobre pequeños pedestales y organizados de espaldas a una pizarra con líneas blancas. Los pedestales elevan del piso de la sala del museo los tradicionales muebles escolares como si fueran esculturas. Los pupitres, desde su altura, parecen elevar también a tema del arte el grafiti escolar. Ese asunto, que a primera vista las imágenes pintadas sugieren en los topes de los pupitres, es una alusión puntual a una de las formas que asume la crítica del estudiantado a la educación y a la enseñanza actual mediante el recurso del grafiti anónimo. Los escritorios, hechos de materiales industriales con sus topes pintados por Quintana, se muestran constreñidos en la instalación a un esquema, a un orden meticuloso y al espacio higienizado e inmaculado del museo. El contraste sugerido por la pizarra vacía a la que le faltan la lección escrita y los topes de los pupitres abigarrados de imágenes es uno entre la rigurosidad, la disciplina autoritaria de la pedagogía ilustrada y moderna y la informalidad de la educación postmoderna.

Rigoberto Quintana, artista y pedagogo, parece aludir con la pizarra vacía y las imágenes en los escritorios a la manera de valorar los estudiantes de hoy la educación que él recibió, caracterizada por el cumplimiento de normas, el trabajo arduo y el sacrificio. Al alumno contemporáneo no parece interesarle lo que pudiera estar escrito en la pizarra, sino que él mismo confecciona ‘su elección’ en las imágenes de los pupitres. La palabra escrita desaparece en el reino de lo visual. La educación ilustrada es puesta en entredicho por un alumnado que no ve su relevancia, mientras se regodea en un tropel de imágenes provenientes de los medios de comunicación masivos. El análisis del universo visual evocado por Quintana revela que no es el del estudiante promedio, es el del artista que nos deslumbra con su erudición, bagaje cultural y virtuosidad técnica. Es el artista el que hace posible la reunión de lo más variado de la alta y baja cultura contemporánea. La yuxtaposición de muchos motivos visuales, su conjunción en un mismo plano pictórico y sobre un soporte innoble, es un ejemplo de las posibilidades del arte de actualidad en el uso de la apropiación, el kitsch, los objetos útiles y las técnicas.

Exposición Individual: Rigoberto Quintana — imagen 1
Rigoberto Quintana. Discípulos, 2005 Instalación. Dimensiones variables.

El grafiti de Quintana, pintado como un tatuaje sobre los pupitres mediante el esmalte esgrafiado, es un conjunto de motivos diversos tomados de la historia del arte local e internacional, las tirillas cómicas, el cine y la literatura. Conviven felizmente en un mismo plano sin orientación espacial, las imágenes inspiradas en el jíbaro de las pinturas de Ramón Frade, los personajes Manga, la Estatua de la Libertad, las hijas del gobernador Castro, retratadas por José Campeche, o el Moisés de Miguel Ángel. Se puede apreciar la diversidad de motivos cambiando el punto de mira. Las figuras, objetos, la flora y la fauna no guardan proporción en cuanto a la escala se refiere, como tampoco están dibujados con colores descriptivos, sus detalles son sugeridos por líneas finas como las que se aprecian en las xilografías.

Los grafitis pintados en los pupitres son símbolos de la crítica de una presencia, ausente en la representación, que cuestiona la relevancia de los saberes institucionalizados y afirma la bancarrota de la educación humanista. Las clasificaciones y jerarquías lineales impuestas por las disciplinas y la educación ilustrada, que sirvieron para ordenar el mundo natural y humano tanto en las ciencias naturales como en las humanas, en el paisaje pintado, en la pintura de historia y en otros géneros, se subvierten y estallan en estas imágenes. Los límites instaurados por el orden de las diferencias entre lo natural y artificial en la epistemología clásica no son posibles en los grafitis de Quintana, como no es posible tampoco la valoración de los diversos sentidos en estas imágenes por el estudiante promedio, muchas veces carente de criterios estéticos y éticos que antaño orientaron su apreciación y conocimiento. El dibujo de Rigoberto Quintana logrado mediante la técnica del esgrafiado opone a la variedad de imágenes y significados una similitud: la misma textura para todos los motivos. Pareciera que lo natural y lo artificial estuviesen hechos de la misma sustancia. La semejanza estilística impuesta hace posible la convivencia de lo dispar.

La exposición Discípulos, sintoniza con el advenimiento de una generación que parece encontrarse de espaldas al orden, a la disciplina y al conocimiento institucionalizado. Esta exposición alude indirectamente al triunfo de la cultura de masas en la era de la personalización. Triunfo del individuo ensimismado, enfocado en su propia existencia, a quien la tabula rasa de su escritorio escolar le sirve para darle rienda suelta a su imaginación creadora. Su horror al vacío visual, metáfora del existencial, se atempera con un repertorio de íconos tan voluminoso como el que representa Quintana en estas imágenes.

Discípulos es también ejemplo de la visión intelectualizada del arte de la que es capaz el artista ilustrado creyente en una paideia que fomente el análisis crítico. Aquel que conoce la historia, los criterios estéticos, las jerarquías y las diferencias, puede lograr una síntesis significativa de lo más dispar de nuestra cultura. Artistas como Quintana logran aunar varios órdenes, trazar los puentes y ubicar los vasos comunicantes en un mapa cultural que tiene la apariencia de un rizoma.

INGRID MARÍA JIMÉNEZ MARTÍNEZ

Rigoberto Quintana, por Ingrid María Jiménez Martínez | artnexus