John Cage una vez dijo que cualquier instrumento musical es una obra de arte. El trabajo de Paulo Nenflidio, con originalidad, lleva al extremo esta noción, creando objetos que son artefactos tecnológicos y transformándolos en esculturas. No obstante, su investigación, no es la de un luthier, quien también aspiraría a la excelencia visual de sus construcciones. Su investigación se encuentra mucho más cercana a la actividad de un científico, cuyo trabajo cobra sentido, especialmente, al experimentar e inventar. Es así que su obra está profundamente asociada al término acuñado por el poeta y crítico brasileño Augusto de Campos, música de invención, y que tiene como adeptos en el Brasil a músicos como Walter Smetak; Tom Zé y Uataki, entre otros. Nenflidio aproxima esta investigación de categorías vinculadas a las artes visuales, de la representación de la naturaleza a la escultura en el campo ampliado.
En su primera exposición individual en la Galería A Gentil Carioca, situada en Río de Janeiro. Nenflidio, reunió algunas de esas engenhocas sonoras (artefactos sonoros) (un término brasileño que el artista traduce como sound gadgets y que otorga el título a la exposición), para crear secuencias de experiencias sonoras en el espacio expositivo. Según la definición del artista, engenhoca sonora es “cualquier máquina simple y creativa que tiene como finalidad la producción de sonido, un aparato destinado a producir sonido aprovechando la acción de un agente natural (viento, hombre, electricidad); una máquina que produzca música autónoma; un sistema destinado a producir sonido o música donde el todo es más que la suma de sus partes”.

Ya sobre la fachada de la galería, en cada una de las cuatro ventanas, fue instalado un molinete, cuyo movimiento alimenta Música dos ventos (Música de los vientos, 2004), la primera de las maquinarias de la exposición. El impulso mecánico generado por el movimiento de los molinetes es transformado en señal eléctrica, que es transmitida hacia el interior de la galería. Una vez recibida y codificada, la señal es nuevamente transformada en impulso mecánico, que a su vez acciona el instrumento. Este instrumento es construido en forma de piano, preparado con pequeños martillos que percuten 15 cuerdas metálicas, atadas a una estructura en madera, en la que resuena la melodía a partir de la acción del viento. Este sonido, obtenido de las cuerdas percutidas, es captado y amplificado, pudiendo ser oído en un auricular acoplado a la pieza, que aísla acústicamente al espectador del espacio de la galería, pero lo conecta a la extensión escultórica con la naturaleza. Cada vez que es oída, la obra se ofrece de manera diferente al espectador, y el silencio mismo es parte importante de esta experiencia.
Montado en una sala trasera de la galería, el artista mostró Radionenflidio (2005), “un simulacro de radio”, construida a la manera de las radios de válvulas antiguas, pero en cuyo interior contiene una máquina de reproducir archivos MP3. La programación de la radio (el selector de estaciones de dial, fue transformado en un selector de bandas) incluye una conversación sobre los trabajos de Paulo Nenflidio, ruidos e interferencias de la radio, además de construcciones y experiencias sonoras realizadas por el artista. Finalmente, se trata de una plataforma para que el artista se presente y discuta conceptualmente su trabajo, así como una serie de dibujos en tejido, relacionados con cada uno de los dos proyectos, para mostrar la investigación técnica emprendida para su realización.
Lusco-Fusco (Crepúsculo, 2004) es una caja de música fotosensible. Un reloj natural entra en acción a la hora que el sol ya comienza a ponerse, pero aún no es noche cerrada, o cuando ya es de día, pero el sol todavía no aparece. Sobre esta luz específica, un sensor de luz acciona un sistema de tubos metálicos que emiten sonido. Así como Música dos ventos, Lusco-Fusco transforma el paisaje en sonido de manera inventiva y poética.
Al reunir estos trabajos, Paulo Nenflidio propone nuevos desafíos para la relación entre el sonido y su visualización, apuntando a los límites y oposiciones entre las artes plásticas y las performáticas, representación y materialidad, tiempo y espacio, intención y acción, construcción y naturaleza.
RODRIGO MOURA
