Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por José Augusto Ribeiro

Nicolás Robbio

Galería Vermelho

Las exposiciones de los artistas Rogério Canella y de Nicolás Robbio se constituyeron en dos individuales, a pesar de ser identificadas, bajo el título de Mayo, como una única muestra. En la planta baja del doble espacio expositivo, donde la Galería Vermelho presenta su programación, se distribuyeron fotografías de interiores de propiedades en construcción o en demolición, realizadas por Canella. Los dibujos de Robbio se encontraban en el primer piso, dispersos por las paredes, ventanas y escaleras. El único trabajo que unía a ambos espacios era la pintura de una larga línea recta negra, realizada por Robbio, que recorría el alto de las paredes de la sala principal de la galería, en la planta baja, por encima de las imágenes de Canella, hasta invadir el piso superior, con flechas en las puntas, dirigidas una para la derecha y la otra para la izquierda. Dejando de lado esta intervención, ambas exposiciones se mantenían independientes.

Nacido en Argentina, en 1975, y radicado en Brasil desde 2001, Nicolás Robbio, desarrolla un corpus de obra capaz de conferir sentidos atípicos a los aspectos mundanos de la vida urbana. Muchas son las pequeñas interferencias, en apariencia simples, que amplían las posibilidades de interpretación sobre “lo que es” o “para qué sirve” el soporte adoptado. Un ejemplo de esto son las remeras que traen estampadas las instrucciones, paso a paso, de cómo el usuario podría atársela a la cabeza, a la manera de los manifestantes de la calle que, con ello, pretenden esconder su identidad y, al mismo tiempo, protegerse de una represalia de la policía cuando ésta hace uso de las bombas de gas lacrimógeno. El potencial subversivo de esta pieza de indumentaria se encuentra inscrito a la altura del pecho, para una eventual urgencia.

Exposición Individual: Nicolás Robbio — imagen 1
Nicolás Robbio. Sin título, 2005. Cartulina cortada. 3 x 8 cm. (1 1/5 x 3 1/5 pulgadas).

En Mayo, en las paredes laterales de su área expositiva, Robbio preparó pinturas en blanco y negro de espacios de paso o transitivos: un corredor, a la izquierda del espectador que sube las escaleras, y una pasarela a la derecha de este. El sentido del movimiento y la acción en el ambiente se reforzaba con las flechas que se proyectaban, casi desde el piso hasta el techo, por la pared del fondo, completando la ocupación gráfica de la galería. En la pared que se encuentra delante de la escalera, el artista organizó, de una punta a la otra, una colección de pequeños trabajos recientes la mayoría pensados o realizados durante sus recorridos en el transporte público de São Paulo, donde habita actualmente. De allí que los dibujos en papel sean de líneas peatonales, en cruces de calles y de portones de hierro que caracterizan algún garaje o un establecimiento comercial. Tanto un dibujo como otro, no se originan en líneas trazadas con lápiz, ni con tinta o birome: son el resultado de vacíos creados por recortes en el papel. Dibujos que, finalmente, son de fondo infinito.

Es común que el trabajo de Nicolás Robbio se configure a partir de la apertura de vacíos, de superficies recortadas o de imágenes que parecen incompletas o que se dejan vaciar. Son recurrentes las representaciones de agujeros, de cajas desocupadas, o simplemente de “nada”. Cuando el artista construye una ilusión de rectángulo, solamente con las cuatro esquinas de la figura geométrica, no se espera que el área demarcada sea ocupada por una imagen con aquellas medidas. Los cuatro ángulos de 90∫, aislados y equidistantes, componen una imagen por sí solos: de todo o nada, o nada en su integridad, como si aquél existiese allí por entero.

Los dibujos también surgen “a través” del soporte, a veces para tomar prestado de éste los elementos que completan el sentido de las figuras representadas. Como el paisaje con iceberg, cuyos contornos son rasgados con un estilete sobre una bandeja de poliestireno expandido blanco. Otro trabajo presente en la exposición se configura con el corte y la extracción de una parte de la superficie lisa de un pedazo de papel corrugado, en la forma de un cesto de basura; con las ondulaciones internas que caracterizan el reverso de una de las capas de papel rígido, la figura gana astas estructurales, así como los del objeto de referencia. Por su lado, el agujero que sirve para colgar en displays los embalajes de las etiquetas autoadhesivas se reproduce en serie, a mano, con el birome esferográfica, en cada una de las etiquetas del sobre de adhesivos concebido por el artista como pieza única.

El trabajo industrial, entonces, se convierte en un trabajo manual a través de las relaciones que Robbio establece con el dibujo técnico. Y, en estas transiciones, la práctica, las reglas de los medios empleados cambian. De un lado, se encuentran las líneas trazadas por el artista en la observación de las máquinas y aparatos, con superficies que serían para las instrucciones de funcionamiento, todos limpios de información; y, de otro, están las ilustraciones que, bajo un patrón, orientan la utilización de un producto, pero que pasarán por la apropiación y, en seguida, aumentan, la anulación o alteración del mensaje. No existe un sistema que resista el orden y ser colocado en un disturbio.

JOSÉ AUGUSTO RIBEIRO

Nicolás Robbio, por José Augusto Ribeiro | artnexus