Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Monica Kupfer

Miky Fábrega

Mateo Sariel Galería

Miky Fábrega es un artista en cuyas pinturas confluyen un estilo expresionista y una actitud neo-Pop en representaciones que emplean grafiti, dibujos lineales y estallidos de color. En sus obras sobre lienzo o madera, los contornos negros, las líneas borrosas del rociador de pintura y el pigmento chorreado comparten ambientes creados con una desenfadada libertad expresiva. Su más reciente exposición —titulada Nothing but Flowers en homenaje a una canción del legendario grupo de música rock Talking Heads— refleja la manera en que este joven panameño encuentra inspiración en la vida urbana y doméstica, la política, la moda y la publicidad.

Su conexión con el mundo publicitario es evidente, pues es ésta la profesión en que Fábrega se desenvuelve a diario. Más que un oficio, parece una manera de vivir, porque para este creador —a pesar de la inevitable finalidad comercial— la publicidad ofrece un área de actividad cotidiana en la que puede incorporar su pasión por el arte, el dibujo y el lenguaje de los signos urbanos. Su carrera artística se inició formalmente en el año 2000 cuando Miky Fábrega presentó su primera muestra de pinturas en la Galería del Instituto Nacional de Cultura en Panamá. Bajo el título Motor, la muestra sorprendió por su concepto sencillo pero contundente, al convertir a los visitantes y sus sonidos en el motor de una obra sonora. Desde sus inicios, Fábrega ha demostrado una sensibilidad contemporánea, así como una facilidad para la autoexpresión que impresiona, a pesar de que en momentos —por la naturaleza de sus temas— roza con una peligrosa superficialidad.

Exposición Individual: Miky Fábrega — imagen 1
Miky Fábrega. Declaración de guerra nuclear de los países centroamericanos contra Martha Stewart, 2005. Díptico, acrílico sobre madera. 244 x 244 cm. (96 x 96 pulgadas).

A lo largo de los últimos cinco años, Miky Fábrega ha presentado exposiciones individuales a un ritmo casi anual, y participado en una veintena de proyectos y exposiciones colectivas. Sus colaboraciones en proyectos colectivos llaman la atención porque revelan la amplitud de sus intereses. Entre otras cosas, incluye la coproducción de un cortometraje, la creación de una revista urbana y la dirección de arte para un documental. Fábrega también se ha expresado a través de intervenciones con esténciles en áreas públicas; la creación de una videoinstalación para una compañía de danza contemporánea y el diseño de moda para mujeres.

En la muestra Nothing but Flowers, Fábrega inundó el ambiente de la galería no sólo con sus 16 pinturas, sino que además literalmente pintó las paredes, logrando que el arte desbordara los cuadros e invadiera el espacio tanto interno como externo del local. La canción que dio título a la muestra sugiere un mundo postecnológico en el que volveríamos a la convivencia en el campo y el consumo de productos naturales, estilo de vida al cual ya no podríamos habituarnos. Fábrega representa el mundo natural por medio de formas botánicas y grandes flores de colores intensos que invaden sus composiciones. La pintura Salis Caprea —como la mayoría de estas obras, titulada con el nombre botánico de una planta— constituye una imagen paradigmática en la que enérgicas ramas y flores emergen de una máquina secadora de ropa, como símbolo de la naturaleza apoderándose del mundo electrodoméstico.

El ambiente artificial de la moda, las chicas pop de sonrisas prototípicas y cuerpos perfectos, también es irrumpido por el flower power de Fábrega. Sus mujeres recuerdan las modelos en las revistas: lucen ropa fashion, labios pintados y cabello largo. En obras como Astrancia, la cara linda ha sido reemplazada por la de un felino salvaje con sonrisa de payaso. El cuerpo aparece rodeado de un halo blanco, dentro de un ambiente botánico en el que no hay verdes, sino rojos, negros y amarillos. La naturaleza se presenta poderosa y agresiva.

El ataque se vuelve más sociopolítico en el gran díptico sobre madera titulado Declaración de guerra nuclear de los países centroamericanos contra Martha Stewart. De un lado, en pose sugestiva, aparece una modelo sin cara, vestida en tanga y camiseta amarilla. Del otro, hay una mujer cuya cara está cubierta por un graffiti rojo de pintura chorreada. Dibujadas en blanco aparecen una blusa, una minifalda y unas botas, como ropa que espera a su dueña, o vestimenta de moda que habla por sí sola, sin la necesidad de ser ocupada por un ser humano. Finalmente, por encima de lo demás, el esténcil de una cara de hombre —que se parece a George Bush— aparece multiplicado con la frase “veo todo veo todo veo todo”.

Miky Fábrega es el que nos hace ver todo de una manera innovadora. Emplea la creatividad para reaccionar frente a la sociedad en la que nos desenvolvemos y la superficialidad tan generalizada en nuestro mundo, cada vez más electrónico y urbano, al que le vendría bien una invasión de la naturaleza y un recorderis de dónde venimos.

MÓNICA E. KUPFER

Miky Fábrega, por Monica Kupfer | artnexus