Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Tatiana Flores

Los Carpinteros

USF Contemporary Art Museum

Hace poco, el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de South Florida, en Tampa, presentó la primera retrospectiva de la obra de Los Carpinteros que haya hecho un museo de Estados Unidos. Incluyó treinta obras en diversos medios, realizadas entre 1993 y 2005. Los curadores organizaron la obra alrededor de un esquema tripartita —La plaza: el agua: la casa— con la idea de sugerir necesidades humanas esenciales. A pesar de que el arreglo fue eficaz, quedó claro que la obra de este grupo se rehúsa a ser contenida en simples categorías.

A su llegada, el visitante encontraba dos esculturas para exterior relativamente recientes: Transportable City, hecha para la Bienal de La Habana de 2000, y Watchtowers (2002), compuesta de elegantes formas modernistas en aluminio y policarbonato, colocada frente a las puertas del museo en alusión a conceptos de vigilancia en instituciones culturales, así como a las cabinas policiales de La Habana, patria chica de los artistas. Tanto esta obra como Transportable City hacían alusión a la idea de la plaza en términos de espacios comunitarios y arquitectura pública, y fueron particularmente eficaces dentro de un campus, uno de los pocos espacios públicos no comerciales de las zonas residenciales de las afueras de las ciudades estadounidenses que se están expandiendo de manera descontrolada, y que caracterizan la arquitectura de ese país.

Exposición Individual: Los Carpinteros — imagen 1
Los Carpinteros. Proyecto de acumulación de materiales, 1999. Acuarela y lápiz sobre papel. 117,6 x 352,8 cm. (46 1/4 x 138 1/8 pulgadas). Colección: Museum of Modern Art, Nueva York.

Como lo demostraron las esculturas para exteriores, la obra de Los Carpinteros resuena de modo diferente dependiendo de su contexto y de la formación de sus espectadores. En efecto, el colectivo ha podido sortear con destreza el difícil terreno de lo global y lo local, lo cual probablemente explica su rotundo éxito en el mundo artístico contemporáneo. La exposición reunió obras de las primeras épocas con obras recientes que revelaron los dramáticos cambios que ha experimentado su arte y que los ha llevado de lo local hacia lo universal. Havana Country Club (1994), cimentada en gran parte en la experiencia cubana, exponía sus primeras inquietudes. Este óleo, con un elaborado marco de madera, representaba a los tres miembros originales del grupo frente al Instituto Superior de Arte, en el pasado un club campestre, en poses que reproducían las de unas fotografías de un partido de golf entre Fidel Castro y el Che Guevara. Sin embargo, los tres hombres, Marco Antonio Castillo, Dagoberto Rodríguez y Alexandre Arrechea (quien se retiró del grupo en noviembre de 2003) no estaban jugando; dos de ellos sostenían dos palos largos como si fueran palos de golf, y todos miraban hacia el piso sin un objetivo en particular. Vestidos modestamente, personificaban la juventud cubana y sugerían un sentido de frivolidad. Echando abajo las categorías de artesanía y arte sofisticado, la pieza yuxtaponía además la comodidad de la pintura de caballete con la realidad social de Cuba. Al lado de esta pintura se encontraba Jewelry Case (1999), una representación a gran escala de una granada (más de dos metros de alto) toscamente construida en madera, que revelaba nuevas direcciones en el arte de Los Carpinteros. En lugar de las protuberancias usuales, la granada tenía cajones que la transformaban en un objeto funcional. La pieza encarnaba varias contradicciones estructurales, como la diferencia de escala entre una granada real y esta escultura, arte y tecnología, y arma y utilidad. Estas extrañas yuxtaposiciones que controvierten las expectativas han llevado a los críticos a relacionar, de manera acertada, la obra de este colectivo con el surrealismo.

Sus obras exhiben tanto continuidad en el tema como grandes diferencias en términos de estilo y asunto. Una diferencia importante entre las primeras obras y las más recientes es la ausencia de figura humana, lo cual crea una sensación de desolación que fue particularmente evidente en la sección de la exposición dedicada al tema de la casa. Incluía objetos imposibles de usar, como Hot Sofa (2001), hecho de acero pintado de blanco con quemadores de gas en reemplazo de los cojines para sentarse, Staircase (2001), con quemadores eléctricos en los peldaños, y Big Drawer (2001), un archivador con un enorme cajón de madera que sobresalía. En esta sección también había grandes baúles con cajones de madera, en alusión a edificios específicos de La Habana, y un conjunto de preciosas acuarelas que representaban construcciones inesperadas o materiales de construcción. Una de las más espectaculares era Project of Accumulation of Materials (1999), de la colección del Museo de Arte Moderno, que describe bloques de hormigón apilados en todas direcciones y que llenan todo el plano de la pintura. Quizás como señalando el final del utópico proyecto del modernismo, el dibujo exhibe una rica superficie pictórica que, aparentemente, debilitaría este mensaje.

La última sección de la exposición se relacionaba con el tema del agua y presentaba un conjunto de dibujos y construcciones relacionados con el constante interés de Los Carpinteros por las piscinas. Estos objetos también presentaban las inesperadas yuxtaposiciones tan características de su obra, y los dibujos revelaban un dominio de la técnica pictórica que ha sido sistemático en la trayectoria de estos artistas.

En general, esta reflexiva exposición, junto con su catálogo espléndidamente ilustrado con una excelente colección de ensayos y entrevistas con los artistas, hizo una importante contribución al estudio de su obra.

TATIANA FLORES

Los Carpinteros, por Tatiana Flores | artnexus