Lina Binkele (Colombia, 1957) presentó su obra por primera vez en Atlanta en Castleberry Art District, una de las zonas artísticas más concurridas de la ciudad. Situado dentro del circuito metropolitano, Castleberry es un ejemplo de cómo en los últimos tiempos las grandes ciudades norteamericanas están inmersas en el proceso de recuperación de sus asentamientos arquitectónicos y urbanísticos originales.
Una escultura en bronce y cinco pinturas realizadas en acrílico y tinta sobre madera forman la exposición Anima en Skot Foreman Fine Art, una galería de arte que tiene su nuevo asiento en dos edificios antiguos recientemente renovados, componentes del tejido urbanístico mayor del distrito Castleberry. Hace ya varios años que el galerista Foreman viene presentando la obra de Binkele, primero en Florida y en varias ferias de arte, y ahora en Atlanta.
El caballo y su relación con el ser humano son los temas unificadores de esta muestra en la que la artista manifiesta, además, una inclinación hacia la representación naturalista. El naturalismo de Binkele se hace evidente, por ejemplo, en el dibujo de los volúmenes musculares, reproduciendo fielmente la anatomía del caballo en su pintura titulada Caballo con cara siena (2001). Por otro lado, la pieza escultórica Jinete con riendas (1997), aunque explícita su apego al modelo real, manifiesta también un impulso expresionista marcando el movimiento y el acabado de la representación, y actuando como un factor desestabilizador de dicho naturalismo.

Desde una perspectiva histórica, las pinturas de Binkele pueden ser alineadas con la tradición figurativa que piensa el trazo y el color fundamentalmente como huellas portadoras de cierta subjetividad. Las líneas que forman sus figuras evocan en general al boceto, al dibujo de estudio que se repite como ejercicio para apresar los rasgos más expresivos del carácter del objeto que se quiere representar. La pintura titulada Rupestre (1999) es un buen ejemplo en este sentido. La figuración de esta obra queda reducida a unas pocas líneas orgánicas y sueltas, que parecen salidas de movimientos continuos, interrumpidos sólo cuando es necesario cederle el paso a la expresión del espacio vacío. El resultado: un efecto cercano al gesto que nos sugiere la existencia de un componente lúdico en el proceso creativo de Binkele.
Invariablemente, en las cinco pinturas presentes en Skot Foreman Fine Art las figuras aparecen planteadas sobre planos dominados por un solo color. Por ejemplo, en el caso de Rupestre, domina el rojo, mientras que en el caso de Río (1999), lo hace el color amarillo. Los planos de color han sido usados como fondos para evitar la descripción de contextos espaciales específicos e infundir en las obras un tipo de iluminación lírica, exaltada. Por otra parte, este mismo recurso vuelve tangible la bidimensionalidad de la superficie pictórica. También de manera recurrente encontramos que la artista describe con sus títulos (Caballos pisando, 2002), las escenas visualmente representadas.
Lina Binkele recrea en sus imágenes la gracia y elegancia del caballo. Mediante una variada representación de gestos, posturas y movimientos, celebra la nobleza estética de ese animal y un mundo en el cual armonizan el ser humano y la naturaleza. Sin preocuparse con búsquedas formales innovadoras o proposiciones analíticas profundas, se diría que Binkele quiere proponernos la contemplación de sus obras como un descanso. Parece ser que ella prefiere complacer a aquellos entre nosotros que aspiran a contar con un espacio expresivo, recinto de íntima tranquilidad.
ANA M. FERNÁNDEZ
