Comúnmente considerada una metrópolis tropical —la metrópolis tropical— South Beach es el centro de un escenario cosmopolita nocturno de fastuosos clubes donde las últimas tendencias y modas consisten en suntuosas marcas en exhibición. La exposición de Juan Raúl Hoyos, Natural Flavors, en la galería Alejandra von Hartz Fine Arts, le dio al público una idea de Miami: una experiencia de la vida diurna y nocturna de la ciudad. La exposición consistió en acrílicos sobre lienzo de gran formato y grupos más pequeños de módulos cuadrados que, aunque no necesariamente están hechos para verse en serie, funcionan muy bien cuando se les junta. Todas las obras fueron realizadas entre 2004 y 2005. Las obras de arte de Hoyos están hechas de dos elementos básicos: el fondo y un ícono que aparta de éste la atención del público. Su técnica consiste en usar pinceladas para pintar una capa expresionista como imprimación sobre el lienzo, para luego cubrirla con una serie de serigrafías cuadradas y rectangulares. Los diseños no están perfectamente alineados y dejan que los colores empleados en la primera capa se noten ligeramente, sin interrumpir la pulcritud de la obra. Por último, se aplica una delgada capa de pintura transparente para velar el lienzo. Lo que atrae la atención del espectador es un ícono, por lo general una figura humana o una silueta que difiere del resto de la obra de arte y, por lo tanto, empaña la atención dada al fondo, que es un punto clave y focal de la obra de arte de Hoyos.
Su habilidad con la serigrafía le permite a Hoyos ofrecernos imágenes simples y rápidas que tienen el aire comercial-industrial de las que se ven en las revistas, que buscan seducirnos al hacernos pensar en las imágenes como entretenimiento. Hoyos emplea lo subliminal para camuflar su mensaje, con el fin de crear un voyeurismo iconográfico que resulta fascinante a medida que el espectador descifra y aprende cómo interpretar las capas dentro de cada obra de arte.

En el caso de National Recognition 1, un acrílico sobre lienzo de gran formato (84” x 110”), la figura de un hombre que lleva puesto un traje sobresale de un fondo amarillo y rojo que semeja una tela con diseño de cuadritos. El diseño de la escena es interrumpido por un cuadrado blanco en el que el perfil azul de la figura masculina parece un exitoso hombre de negocios, a juzgar por su indumentaria. Hoyos pinta la figura con tanto detalle que más bien parece un esténcil. Un hombre transpira autosuficiencia hasta el punto de parecer arrogante. La búsqueda de bienestar económico y poder condiciona al hombre a mantener una imagen socialmente aceptable. Tan pronto se descifra el fondo, el hombre parece estar estirando los brazos, dándole la bienvenida al público a su propio mundo corporativo, donde el cliché “lo que usted ve no es lo que obtiene”, se aplica al máximo.
En Almost American, la silueta negra de una elegante mujer con clase parece sacada de las páginas de alguna revista o catálogo de alta costura, que es quizás lo que hace que la obra de arte atraiga al público de inmediato. Hoyos capta la simple acción de su zancada en forma tan precisa que la chica parece ser una fotografía, con su brazo derecho meciéndose hacia delante y el talón del pie derecho levantándose del piso para dar el siguiente paso. Sin embargo, el fondo está hecho de páginas tomadas de revistas pornográficas que muestran escenas sexuales y eróticas explícitas que obviamente contrastan con la imagen de la mujer.
En Uncensored Purple Figure, el pie de una mujer con un zapato de tacón alto de color violeta es el punto central del acrílico de gran formato. Los pies y los zapatos han sido por mucho tiempo el centro de atención de teorías psicológicas y desviaciones sexuales. Hoyos parece concentrado en trabajar al estilo de Sigmund Freud, quien sugiere que en casos relacionados con los sueños, una palabra dispara una serie de asociaciones, zapatos lleva a vestidos, vestidos lleva a clóset, el clóset lleva a un lugar que protege o esconde y, por consiguiente, esconder lleva al concepto de secretos.
Ya sea de manera deliberada o no, es capaz de abrirse paso hasta la mente de los espectadores con el fin de seducirlos durante el tiempo necesario para dejar en su psique la impronta de sus imágenes. Hoyos habla un lenguaje universal que pertenece a una sociedad de consumo que busca placer y entretenimiento dentro de la esfera del lujo, en un lugar cuyos miembros están deseosos de presentar fachadas que enmascaran conductas socialmente inaceptables. Un elemento clave de esos placeres es su intolerabilidad, el tabú moral ligado a ellos y el secreto bajo el cual deben llevarse a cabo.
Hoyos no es un disidente ni busca protestar contra el establecimiento o las normas sociales. Es un observador y presenta su obra como tal. El no intenta criticar el medio social que lo rodea y que por ahora escogió como su hogar; en cambio, se complace con el espectáculo de la moderna sociedad de consumo, reconociendo qué y quiénes la componen. Se declara parte de este ambiente social por intermedio de sus obras de arte, admitiendo que sólo aquéllos que integran este circuito social son capaces de entender cómo y por qué funciona. En su obra, Hoyos admite que somos una corporación dentro de otra corporación, donde se venden imágenes para adquirir un estatus social aceptable en un lugar como Miami, un país dentro de otro país.
CARINA GALLEGOS
