Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Félix Suazo

Claudio Perna

Galería de Arte Nacional

Luego de varios años de preparación tuvo lugar la primera muestra antológica de Claudio Perna (Milán, Italia, 1938 - Holguín, Cuba, 1997), figura decisiva en la configuración del panorama artístico venezolano de las últimas décadas y, seguramente, una de las personalidades a tener en cuenta a la hora de plantearse una lectura más amplia e incluyente de la cultura visual latinoamericana. Reconocido con el Premio Nacional de Fotografía (1994) y el Premio Nacional de Artes Plásticas (1995), Perna fue un artista versátil que manejó diversos medios, desempeñándose como fotógrafo, videoartista, dibujante, pintor, geógrafo y docente.

La exposición, organizada por la Galería de Arte Nacional bajo la curaduría de Zuleiva Vivas, reúne más de seiscientas obras entre las cuales se encuentran objetos, libros de artista, instalaciones, diapositivas, dibujos, collages, fotocopias, mapas intervenidos, fotografías y pinturas, correspondientes al período 1966-1995. Todo ello siguiendo las acotaciones reflexivas del propio Perna, a quien corresponden los textos desplegados en cada una de las secciones de la muestra. A pesar del volumen y la heterogeneidad del conjunto, la puesta en escena museográfica de Carmen Araújo es sobria y legible, pero sin omitir esa suerte de “dispersión administrada” que caracterizaba el comportamiento creativo del artista.

Exposición Individual: Claudio Perna — imagen 1
Claudio Perna. Actividad docente – Carta geográfica, 1985. Collage, mapa y plata en gelatina. 58 x 85 cm. (22 3/4 x 33 1/2 pulgadas). Colección Fundación Claudio Perna. Fotografía: Francisco Prada.

Partiendo de estos presupuestos, el recorrido se estructura a partir de la reconstrucción de algunos de los principales proyectos concebidos, organizados y/o desarrollados por Perna. Entre ellos se encuentran el I Festival venezolano de diapositivas (Sala Mendoza, Caracas, 1977), la muestra Fotografía anónima de Venezuela (Galería de Arte Nacional, Caracas, 1977) y la instalación Venezuela y sus detalles (Galería de Arte Nacional, Caracas, 1991). A esto se añade la recreación del lugar de trabajo de Perna, espacio donde se incluyen los archivos, la biblioteca y la colección de obras del artista, gran parte de lo cual puede ser consultado por el visitante.

Además de los núcleos comentados, se encuentran las Fotos dirigidas (1967-1968), serie que representa un acercamiento a los objetos, la naturaleza y el hombre; las Autocopias (1975), donde aprovecha la instantaneidad reproductiva de la fotocopia dándole un carácter autobiográfico; las Infiltraciones (1975), ideadas como medio de inserción no convencional en los espacios institucionales; y las Acupinturas (1981), realizadas a partir de la yuxtaposición de figuras masculinas e imágenes de flores y frutas. A ello se añaden los Fotoinformes, basados en material periodístico; los Alineamientos, donde trabaja la presencia subliminal del discurso constructivo en el entorno urbano, y los Objetos inquietantes, consistentes en artefactos de diversa procedencia sacados de su contexto original e intervenidos para generar un efecto extracotidiano.

Partidario de una “contemporaneidad convergente”, Perna aprovechó las posibilidades comunicativas y simbólicas de diferentes saberes para fundar una discursividad polifónica, de una fuerte gravitación contextual, aunque no exenta de referencias a la cultura foránea. En este sentido, su obra plantea un diálogo entre el pensamiento y el sentimiento, una estrategia donde afloran impulsos contradictorios que van de lo trascendental a lo cotidiano y de lo íntimo a lo público, pasando por preocupaciones de carácter socioambiental.

Siendo uno de los iniciadores de la corriente conceptual en el país, Perna asume el papel dominante de la idea en el arte y la preponderancia del proceso sobre los resultados, pero excede la hermeticidad autorreferencial de los enunciados tautológicos, para explorar distintos aspectos de su entorno afectivo y cultural. Su propuesta no se limita a potenciar los significados, también intenta acotar la conexión entre el arte y la vida, postura que lo distingue del conceptualismo ortodoxo. Más que una simple adecuación vernacular, este quiebre respecto al canon hegemónico presupone una perspectiva situacional que concilia inteligentemente lo racional y lo subjetivo, lo sistemático y lo fortuito, lo local y lo global.

En su caso, la idea de un arte social no es necesariamente un producto de masas y, mucho menos, de fácil digestión. Es un arte que cuestiona la exclusividad de lo bello como garante del valor, que se apropia irónicamente de las estrategias de representación mediáticas e institucionales para interrogar su contextura ideológica y que, finalmente, le otorga un papel sustantivo al individuo, tanto en su dimensión íntima como en su condición de miembro de una empresa colectiva.

FÉLIX SUAZO

Claudio Perna, por Félix Suazo | artnexus