Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Elvis Fuentes

Antonio Martorell

Cuartel de Ballajá - Centro Cultural Español

Unos mapas pegados sobre la tela y convertidos en corderos mediante mínimos trazos de crayón sepia marchan en dirección a un grupo de lanzas, meras líneas a lo lejos. El fondo se desdibuja, de manera que la mirada se centra en esa especie de procesión de almas preparadas para el sacrificio. Son los Corderos y soldados de Antonio Martorell, en la exposición Quijotextos, un homenaje a la cuatricentenaria novela de Cervantes.

Las figuras del cuadro son símbolos, responden a un referente cultural codificado. Por ejemplo, los mapas son de Puerto Rico y aparecen zoomorfizados pues con este animal —el cordero de san Juan Bautista portando la bandera blanca con una cruz roja— se representa la Isla en el escudo. Por otra parte, el motivo de las armas es una cita del cuadro histórico La rendición de Breda (1635), del pintor español Diego Velázquez. Es el atributo de la tropa en medio de la tregua, como indica su colocación vertical.

Esta combinatoria produce múltiples resonancias; comenta con sagacidad la situación política de Puerto Rico, en especial su participación en la guerra de Bush—en la que miles de soldados se sacrifican como corderos—, reta la versión oficial que consagra en sus símbolos nacionales el pasado colonial —por lo tanto, la rendición en el presente—, y no menos importante, utiliza el mecanismo de producción cultural que puede dar sentido al proyecto moderno de lo universal: la hibridez en función de una dialéctica de lo propio y lo ajeno.

Exposición Individual: Antonio Martorell — imagen 1
Antonio Martorell. Que no son molinos, 2005. Técnica mixta sobre lino. 23,6 x 28,3 cm. (60 x 72 pulgadas). Fotografía: J. Betancourt.

El título de la muestra, Quijotextos, es un ejemplo de ese mecanismo. El término puede funcionar como una categoría que implica la naturaleza textual del personaje, es decir, el hecho de que su aparecer como sujeto pasa por la materialización de un objeto, el libro. Por eso Martorell utiliza la fotocopia de páginas impresas para crear elementos físicos como montañas, telones, ropajes. Es la realidad de la palabra escrita, que tiene una expresión poética mayor en los ojos ciegos de Borges.

De otro lado, el título puede referir a una entidad, el “quijotexto”, entendido como las derivaciones que el mismo personaje ha provocado en la historia literaria y artística; las versiones y subversiones del Quijote. Es el caso de los autores, como el propio Borges, que han retomado la línea de Cervantes, creando personajes deudores del Caballero de la Triste Figura. Una parte de la exposición incluye retratos de esos autores, como Avellaneda, el inventor de una falsa saga que provocó la segunda parte de la novela, o Miguel de Unamuno, estudioso lúcido de la obra cervantina.

La invención de palabras resultantes de la hibridación fonética y conceptual es un recurso constante en el trabajo de Antonio Martorell, quien es además un reconocido escritor. Esas palabras apuntalan sus búsquedas en el campo de las artes plásticas, especialmente en la instalación. Por ejemplo, hace más de una década presentó una exposición titulada Sementerio, en alusión a la epidemia del Sida. El año pasado realizó Jaulabra, en torno a un grupo de palabras que conjugan las riquezas y miserias humanas, como amor, democracia, justicia, patria, verdad, y así sucesivamente.

La muestra actual está formada por un número creciente de trabajos, pues el artista decidió trasladar parte de su taller a las espaciosas salas del Cuartel de Ballajá, antiguo asiento del poder militar en la Isla de Puerto Rico, para seguir produciendo. Hay instalaciones, esculturas, grabados, pinturas en diversos formatos y fotografías del proceso tomadas por Guillermo del Real. Abundan los retratos, paisajes, estudios de motivos, retablos. Es una producción abundante que parte de un abecedario de grabados en madera realizados por el artista en 1970 para una edición nunca terminada del Quijote.

En su exploración plástica de elementos relativos a la novela, Martorell ha hecho hallazgos valiosos, por ejemplo, un paralelo entre el diseño de una armadura medieval y una composición cubista, o bien entre el molino de viento y el helicóptero de campaña, que sobrevuela un territorio invadido en nombre de la Modernidad; en otra ocasión, la panza de Sancho se convierte en un mapamundi que vuela agitado por manos anónimas, pero seguramente poderosas.

Pero es Corderos y soldados el "quijotexto" mejor logrado. La procesión transcurre en la vasta llanura castellana, depositaria de la cultura trashumante de los pastores. Es un tópico privilegiado de la tradición hispánica que, en las manos de Martorell, representa el gran problema del éxodo, el escape falaz de los habitantes de una isla dividida entre el silencio de los corderos y el grito de muerte de los soldados.

ELVIS FUENTES

Antonio Martorell, por Elvis Fuentes | artnexus