Múltiples tensiones resueltas pictóricamente presentó Reflejos en el espejo, la exposición de Ángel Rodríguez Díaz en el Southwest School of Art and Craft de San Antonio, Texas. Las doce obras ofrecían al espectador un intenso juego de miradas en varios tiempos: la concepción de la obra, el estudio fisionómico ante el espejo, ejercicios fotográficos y realización pictórica, hasta llegar a la visión frontal que establece en la exposición la “mirada a mirada”, entre espectador y autorretratado. Metáforas, sueños y realidades aunadas en una concepción que enlaza las formas naturales de los bellos manglares portorriqueños —de donde Ángel Rodríguez Díaz es oriundo—, con el teatro del barroco que habita gran parte de las manifestaciones visuales latinoamericanas –en especial en México, país al que el artista está íntimamente ligado. Antifaz: …Forget the Alamo…Yellow Rose, 2004, un óleo y acrílico sobre tela que ofrece un curvilíneo escenario abarrocado en broccato. La tela, que se extiende como motivo pintado en todo el fondo de la obra, compite con el vello del desnudo tanto como con la delicadeza de la mano y del brazo envuelto en suave plegaría y remate de olanes. La composición alude a una balanza cuyo fiel estaría representado por el espacio vacío en el centro del cuadro.
Decir que el artista reside en San Antonio es como detonar una señal de orden histórico-político (allí se entretejen interrelaciones entre Estados Unidos y México, entre Puerto Rico y Estados Unidos). Las historias de dependencias, independencias y dominaciones entre estas naciones no están resueltas, más bien, están articuladas como relaciones de chicle. Tal vez sin proponérselo, Ángel Rodríguez Díaz establece una relación similar en cada una de sus pinturas, donde existe la interrelación entre los componentes y el todo. Los autorretratos y los retratos denotan una sujeción carnal con los fondos, los aditamentos y los mitos que revelan. En esta exposición, no hay máscara sin rostro, no hay habitante sin espejo, ni hay encaje sin rol. Las metáforas que Rodríguez desliza hacen referencia a las artificiosas construcciones simbólicas de las sociedades de América Latina. Entre ellas, la lucha libre, el machismo, la fuerza ostentosa, los alardes gratuitos.

Reflejos en el espejo es una exposición configurada dentro de los parámetros de la pintura-pintura. Son obras figurativas, realistas, de detalle, a la par que ilusionistas con sutiles infiltraciones de ciencia ficción de corte ingenuo, lo que hace que estas pinturas no evadan su época, ubicándose en una mezcla de jungla natural y urbana. Predominan las obras en interiores, excepto donde el inmenso océano evoca a Atlantis. Santos, símbolos y signos revelan historias personales, pero también fantasías, anhelos y alusiones al precio de la fama. Frente a los cuadros, el espectador advierte que el artista lo ha convertido en el espejo que menciona en el título. El retrato es un tema con valor documental y psicológico. A través de un neo-barroquismo que emerge de esta Latinoamérica indígena, mestiza, afro, simbiótica y afacetada, las pinturas de Ángel Rodríguez elaboran autorretratos que van más allá de simples miradas en la superficie del espejo.
Los conquistados y los conquistadores, los que se miran al espejo y los que se ocultan tras la máscara, configuran un juego de acierto y error aunque, finalmente, todos sepamos quiénes son. Hoy, en que las mentiras se defienden públicamente, parece inútil preguntarse qué es verdadero y qué es falso. Estas obras atienden a auto-descubrimientos. En esa mirada interior que el artista expresa de diversas maneras, se ponen de manifiesto las culturas por las que Ángel Rodríguez Díaz atraviesa. Estas obras parecen ser absolutamente mundanas y laicas, aunque se filtren alusiones religiosas. A través del oropel, del horror vacui y de la figura en expresiones amenazantes o exaltadas, surgen las fantasías del artista y de la sociedad en la que se ubica. Aun en el contexto estrictamente pictórico, se advierte el vector de la movilidad geográfico-cultural de nuestro tiempo, un tiempo de aceleración e incertidumbre. Sólo Looking Into My Hands I See A Distant Memory, Kitty’s Mirror y Josie, Woman Of Good Fortune están tratadas al óleo. En algunas obras, el artista utiliza ambos medios —acrílico y óleo– sobre tela, como en Blue Panther, The Stealthy Watcher, e incorpora carboncillo, pastel y óleo en In The Mirror Of Your I… Mil Máscaras. Disímiles en técnica y composición, las obras de la presente exposición tienen numerosos puntos en común; como acontece con América Latina, que está habitada por tantas diferencias como semejanzas y no se deja aquietar por ninguna.
GRACIELA KARTOFEL
