Exposición Individualsept 2005 - nov 2005· Por Israel Castellanos

Agustín Bejarano

Espacio Abierto

8 manos years old pareciera de inicio una desconcertante expresión en espanglish y, al mismo tiempo, una complicada operación aritmética. Pero si se recuerda que la mano estándar posee cinco dedos, ocho de ellas totalizarían los años de vida que Agustín Bejarano celebró con la exposición así titulada, donde estuvieron representadas tres de las múltiples series pictóricas y/o gráficas del artista: Cabezas Mágicas, Las coquetas y Los ritos del silencio, las cuales cubrieron el arco temporal de 1998 al 2004.

A más de dominar técnicas de grabado como la calcografía y el aguafuerte (representadas en la exposición), Bejarano está instruido en el métier pictórico. Y le gusta experimentar constantemente. De este modo, al recurrir en algunas obras de Cabezas mágicas al acrílico, ha procurado lograr la informalidad gestual y expresiva del chorreado. Ha incorporado además, en Los ritos del silencio, una técnica mixta que podría denominarse “pintura cerámica”: modalidad consistente en aplicar sobre el lienzo una capa de pelvina, con la cual obtiene los craquelados. Los objetos así representados abandonan la textura meramente visual y cobran otra, matérica, que a mi juicio pugnan por la corporeidad y por una inminente concreción instalativa (nada nueva para Bejarano). Pero tantos procedimientos siguen acusando la huella del dibujo. Este subyace en toda la obra del artista, según ha señalado el crítico cubano David Mateo.

Exposición Individual: Agustín Bejarano — imagen 1
Agustín Bejarano. Los ritos del silencio CLXCIII, 2004. Técnica mixta. 80 x 60 cm. (31 1/2 x 23 1/2 pulgadas).

Bejarano puede comulgar con otras morfologías y/o tecnologías contemporáneas, como la impresión digital. Pero en este acercamiento, más obediente a reclamos de orden práctico que de índole artístico-expresiva, se diluyen las connotaciones semánticos-visuales tan bien sugeridas por las propias texturas en las versiones iniciales de las piezas.

El artista conduce su experimentación por los caminos de la manualidad, la tradición y el oficio revisitados. Por elección y no por limitación, ha tomado el camino tal vez más difícil: renovar los medios expresivos consagrados y proponer una visualidad fresca, propia. No se ha afiliado a priori al último grito tecnológico, que desde el inicio tiene garantizado el crédito de la “novedad”, no importa si la propuesta artística resultante es vacua o no posee la solidez conceptual de otras facturadas con tecnología igualmente “avanzada”.

Autor de obras “no objetivas” o de apariencia abstracta (no incluidas en esta exposición), Bejarano posee un notable pensamiento abstracto que a través de la síntesis y los tropos visuales se ha prodigado en sus creaciones “figurativas”. Estas son derivadas, igualmente, de esa abstracción intelectual que comporta la elaboración de cualquier obra humana, y que en las figuraciones de Bejarano se ha maximizado por la economía de recursos expresivos utilizados en las composiciones, allegadas a la austeridad minimalista.

Esa búsqueda artística ha estado orgánicamente solazada con la renovación temática, expresada palmariamente a través de la sucesión serial. Esta concepción, típica de todo grabador, comulga también con una vocación de hurgar en los tópicos nombrados. Y aunque cada serie tiene sus iconos emblemáticos, existen leitmotifs que las engranan. Lo humano, lo telúrico, lo acuático, lo silencioso, lo laboral, han dejado de ser referencias concatenadas al sentido de pertenencia local para entroncar (especialmente en Los ritos del silencio, aún en proceso de experimentación formal-expresiva), con preocupantes de alcance ecuménico. Y ello, en virtud de un soplo narrativo. El silencio, si bien no ha terminado de callar, tampoco ha cesado de sugerir.

En la actualidad, Bejarano parece más inclinado hacia la problemática de la (in)comunicación: entre el ser humano y el prójimo, o entre aquel y su sombra. Mas propone visualmente otras relaciones dialógicas, que han formado parte de sus inquietudes ontológicas: entre el hombre y la naturaleza, entre el campo y la ciudad (lo natural y lo construido). Y pareciera que el cantautor Silvio Rodríguez, en uno de sus poemas hechos música, hubiera hallado una solución: “Si yo no viviera en la ciudad, quizás vería el árbol sucio adonde iba yo a jugar”. Pero la asunción de Bejarano va más allá de la nostalgia autobiográfica que revela esa canción, la cual no propone en rigor una salida sino una disyuntiva, una posibilidad, una condicionante que Bejarano resuelve a través de la fusión de lo vegetal y lo humano precisamente en lo que ambos tienen de natural. En una primera instancia, en virtud de las prolongaciones simbióticas de uno en otro. Y en una segunda postulación, mediante la representación de ambos a través de la pelvina, material de origen calcáreo que simboliza a esa gran entidad de la naturaleza llamada tierra.

En la plasmación de todos esos conflictos, la mano ha sido cardinal, y no sólo por ser la que realizó las obras exhibidas en la muestra. Ella, además, se multiplicaba para recibir/despedir a la entrada/salida de la galería, o saludar mientras se recorría la exposición. Pero también parecía indicar: "Deténgase, vea, sienta, medite..."

ISRAEL CASTELLANOS LEÓN

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