No es raro que las acciones de Rubens Mano en el espacio de la ciudad, inscritas de modo silencioso, en diferentes instantes de un mismo hecho, escapen de la percepción de un habitante de una metrópoli. Las intervenciones parecen decir que la forma urbana no se define solamente por edificaciones, vegetación y mobiliario urbano, también la definen flujos continuos y situaciones efímeras. Las relaciones establecidas por el artista entre la arquitectura y la fotografía demuestran que la construcción y la transformación de un área física pasan, por ejemplo, por la producción y circulación de imágenes. En definitiva, la “acción de fotografiar” incluye, además del gesto del clic, la recepción y la contemplación, del observador, de la imagen resultante. Al punto de convertir a la reproducción en “casi” un objeto en sí mismo. O mejor, hasta lograr que con la reproducción de un espacio, ésta se transforme en espacio en sí misma, un lugar no a ser ocupado por el cuerpo, sino por la proyección mental de un episodio que complete la escena u ocupe intervalos de tiempo y de espacios abiertos entre una escena y otra. Espaço entre e tempo entre (Entre el espacio y entre el tiempo) son construcciones inmateriales constituyentes de la experiencia con la obra de Mano.
El conjunto de trabajos presentes en la exposición Tudo entre nós, (Todo entre nosotros) despierta en el visitante la conciencia de que, en medio de los procesos de transformación rutinaria de la ciudad, somos presos de una relativa ceguera. A pesar de que “todo” se encuentra entre nosotros, no logramos ver ni percibir todo. Basta con pensar en aquellos eventos fugaces, sin oportunidad de repetición, que realizamos en la calle, todos los días, a cualquier hora del día. Aquello que fácilmente pasaría desapercibido por un transeúnte con prisa, es sugerido por Rubens Mano como un hiato. De la misma manera que no tenemos ninguna certeza con respecto a aquello que no vemos y que sólo podemos intuir. Tampoco sabemos si lo que está en la galería, así sea foto o video, registra siempre el resultado de una “intervención” del artista, quien además no acostumbra divulgar la fecha, hora, lugar y duración de sus acciones. Existe en las imágenes algo de encuentro fortuito, de atención dirigida y, por eso mismo, de evento perdido. Porque: “Tudo vaza”, Todo se vacía, nos alerta la muestra, desde la entrada.

La obra, bajo el título Tudo vaza (2004), sobre la fachada vidriada de la galería Casa Triángulo, consiste en la inscripción de esta misma frase, utilizando símbolos del alfabeto braille. Mano revistió los vidrios con vinilo opaco, dejando como rendijas solamente a los puntos que corresponden a las células de las letras t-u-d-o v-a-z-a. Dispuestos de manera que se puedan leer desde dentro del espacio expositivo, los círculos transparentes definen las posibilidades de contacto con el espectador que se encuentra en el exterior. El sistema de lenguaje táctil se convierte en un código para la lectura visual, pero de un modo imperceptible, porque es fácil confundirlo con algún tratamiento decorativo de la fachada de la galería. Es probable que pocos de los visitantes hayan “visto” el mensaje, que claramente señala que hay siempre probabilidades de permeabilidad, a pesar de los límites del mirar y de la visión; y que justamente por causa de los límites del mirar y de la visión, la posibilidad de trasbordo también exista.
Por lo menos tres de los trabajos que componen esta muestra individual discuten una idea recurrente en la producción de Rubens Mano, con respecto de la “substracción del paisaje”. Esta noción surge, regularmente, para develar los artificios de la naturaleza, como en la fotografía Fundo falso (Falso fondo), en la que un agujero abierto en un jardín residencial revela que la plantación de la grama (pasto) fue realizada sobre un piso de cemento y ladrillos, en un terreno vacío, sin que el suelo estuviese elevado con tierra. En otro momento, como en la fotografía Sin título (contracampo), a lo que se le puede adjudicar el nombre de “substracción” genera un espacio virtual a ser ocupado por la presencia del visitante. La imagen reproduce un parque, con árboles, arbustos y una holografía, ubicada en posición nuclear dentro de la composición y, por lo tanto, en dirección del espectador. La luminosidad intensa, que impediría la visión del espectador que se colocase en frente, produce en la foto un círculo blanco, una cavidad, que reconstituye el espacio fotografiado como una imagen en construcción.
El díptico Disponha (Disponga) propone un juego narrativo al colocar, lado a lado, fotos con la misma composición, la misma luz y el mismo plano único, en las que dos combis aparecen estacionadas, o abandonadas en la calle. La diferencia entre una reproducción y la otra es la desaparición gradual de los vehículos, cuyas piezas (carrocería, neumáticos, etc.) fueron siendo llevadas, probablemente por un reciclador, durante el intervalo de la toma de las imágenes. El protagonista de la acción no aparece registrado, y sólo a la distancia entre las fotos nos reporta la duración de la intervención. La compresión del tiempo, obtenida mediante el corte en la narrativa, desvía así la experiencia de observación hacia un acontecimiento que la fotografía —un medio documental, por supuesto— no retrató.
La exposición también comprendía una instalación, que además le confirió el nombre a la muestra y ocupaba la pared del fondo de la galería, pintada de amarillo, en el primer piso. Tudo entre nós incluye también una pieza de vidrio que sirve de cuerpo único a dos lámparas comunes, incandescentes, unidas una a la otra por un tramo entre los respectivos bulbos. Cada lámpara tiene tomado de su propia rosca, un filamento eléctrico propio, y de este modo, un funcionamiento autónomo. Enroscando alguna de ellas de una toma (enchufe) —colocado, en esta exposición, en el medio de una pared, apenas encima del nivel del zócalo—, ambas encienden; además, es posible mantener una prendida y la otra apagada. Solamente el gas y el espacio son compartidos por las lámparas, que, en verdad, son una y al mismo tiempo en que son dos. Todo se encuentra entre las extremidades de una sola estructura física, no sea que la luz fuese a huir de ese tipo de determinación con el vidrio.
JOSÉ AUGUSTO RIBEIRO
