Decir que el ataque del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center cambió la historia de Estados Unidos sería quedarse corto; el 9/11 cambió la historia del mundo. Desde entonces, el cambio en las estructuras políticas, sociales y económicas ha sido drástico y profundo. Los medios de comunicación se han redefinido como una fuente esencial en la que la gente confía cuando necesita protección, por cuanto los organismos federales y los ciudadanos comunes han reinventado el término seguridad, sus nociones e implicaciones. El término terrorismo se introdujo en el vocabulario diario, y ahora el temor es un sentimiento habitual dentro de la sociedad estadounidense.
El mundo del arte, como era de esperarse, no permaneció ajeno a estos eventos. Los elementos visuales adquirieron significados totalmente nuevos, debido a que nuevas dimensiones de simbolismo y representación nacieron de los ataques del 9/11. Teniendo en cuenta que la descripción de un avión puede haberse considerado inocua en un momento de la historia, los ataques terroristas cambiaron la trascendencia de los aviones, transformándolos en armas inesperadas, en las que todo el aparato funciona como una bala.
En la Galería Carpio Facchini, de Miami, Rolando Cladera presentó la exposición Landscapes of Asphyxiation, en la que redefinió la noción tradicional de paisaje en el arte, empleando imágenes de aviones y horizontes. El artista argentino creó pinturas que funcionan como monumentos al temor dejado por los ataques del 9/11, y como macabro presagio de las amenazas inminentes que representan los aviones para el mundo. Sin embargo, hay un giro irónico en sus obras porque, aunque la importancia conceptual de los aviones ha crecido simbólicamente, el descenso de la industria aeronáutica después del 9/11 ha sido constante y alarmante.

A pesar de que algunas de sus pinturas no tenían título, todas ellas hablaban por sí mismas. Algunas eran intensas y brillantes planos de colores, para describir ciudades y edificios, mientras que otras eran cianotipos y pinturas monocromáticas que semejaban aviones. Tal era el caso de A380, un cianotipo en blanco y negro del Airbus, el avión comercial más grande del mundo. El cianotipo no estaba hecho a escala ni era un cianotipo real, técnico, pero la idea que abarcaba era la de un bosquejo profesional: se enfocaba en la estructura y el esqueleto del avión, y trazaba el diseño de la nave de manera práctica. La decisión de Cladera de emplear el modelo A380 no es coincidencial; el aparato, que será presentado en 2006, tendrá capacidad para 555 pasajeros, lo que lo convertirá en el avión comercial más grande del mundo. Aunque el artista no dio ningún indicio de la campaña publicitaria para la aeronave, construida por Europa y no por Estados Unidos, la publicidad en línea para ésta incluye el eslogan “La solución de la compañía aérea para la creciente demanda de viajes aéreos”. Pero, ¿qué tan rápido, exactamente, está creciendo esta demanda de viajes aéreos? Cladera está listo a responder: otra obra, un óleo sobre lienzo, estaba llena de datos escritos en español en la que les mostraba a los espectadores el descenso y la caída sufridos por la industria aérea durante los últimos años. La gráfica, inmaculadamente dibujada y organizada, incluía la siguiente información: nombre de las aerolíneas, número de empleados despedidos, porcentaje de despidos con relación al total de la fuerza laboral, y ciertas observaciones particulares para cada aerolínea de la lista. Las cifras eran asombrosas; por ejemplo, Delta ha despedido a 15.000 empleados, lo que equivale al 17% de su fuerza laboral, y la observación que se hace es que la aerolínea ha despedido aproximadamente entre un 15 y un 20% de sus empleados.
Pero la habilidad de Cladera para impresionar a los espectadores no depende únicamente de datos reales. Sus representaciones aéreas de la Plaza de San Pedro, el Taj Mahal, e incluso el Kremlin, amenazados y bombardeados todos en una pintura por un solo avión, eran apocalípticas. Las imágenes fueron hechas en una forma cruda, casi descuidada, sin prestar atención a complejidades innecesarias y sin ninguna intención de hacer réplicas naturalistas de los hitos arquitectónicos. Las pinturas aludían al 9/11, presentando escenarios hipotéticos de pandemónium y evocando una profunda sensación de terror ante el pensamiento de que existe la posibilidad de que esos entes sean destruidos. Cladera no hace énfasis en la cantidad de vidas que podrían perderse si ocurriera una tragedia así, en cambio, se enfoca en el valor moral y cultural de edificios de todo el mundo. La amenaza real es el pensamiento de la posibilidad que existe de que las estructuras que muchos consideran perpetuas y sagradas sean destruidas.
Las pinturas de estructuras identificables alrededor del mundo bajo fuego acentúan la idea de que Estados Unidos no es el único lugar en riesgo. Sin embargo, Cladera hizo un zoom y pintó un plano cerrado del objetivo más crítico e importante de Estados Unidos: la Casa Blanca. Emblema de poder político, social y económico, la pintura titulada White House examina el interior del edificio, mostrando cada una de sus secciones como si fuera una casa de muñecas y haciéndola aparecer vulnerable, por cuanto el artista la despoja de sus paredes, desnuda su fachada y expone las muchas mesas, sillas y bibliotecas que hay dentro. Al permitirles a los espectadores ver lo que hay dentro del edificio, Cladera desmitificó la gloria y la falsa idealización de presencia omnipotente de la Casa Blanca; después de todo, sólo podemos encontrar sillas, mesas y estanterías con libros dentro de los cuartos de vivos colores. Además, a diferencia del concepto universal de tragedia y destrucción que suscita su pintura de la Plaza de San Pedro y el Taj Mahal, donde los edificios están reunidos bajo un mismo cielo, amontonados como si estuvieran esquivando el acecho de la violencia, la Casa Blanca está sola en un lienzo coloreado de rojo. Y mientras la aglomeración de los edificios antes mencionados reúne culturas para experimentar temor o pavor al unísono, la individualización de la Casa Blanca en una pintura separada puede interpretarse como la postura actual asumida por Estados Unidos frente a asuntos mundiales.
Terminal cerraba la exposición y la invención de Cladera de suposiciones caóticas. La pintura mostraba una pista tranquila y, como un hombre extenuado después de un duro día de trabajo, un avión que busca comodidad en los hangares al final de la vía. Y aunque el concepto de terminal en idioma aeronáutico equivale a una zona de salvaguarda para cualquier piloto, los diccionarios definen terminal como “conducente a la muerte”. Cladera plantea la pregunta: ¿Es hacia allá adonde se dirige el mundo?
CARINA GALLEGOS
