Exposición Individualjun 2005 - ago 2005· Por Graciela Kartofel

Lucía Warck-Meister

Annina Nosei Gallery

Nueve dibujos, una instalación de tres componentes y un video constituyen la exposición sin título de Lucía Warck-Meister, artista representada por la galería Haim Chaim, que en esta ocasión exhibe en la galería Annina Nosei. En todas las exposiciones de Warck-Meister se advierte una delicada sensibilidad intelectual, en un desarrollo físico estructurado sutilmente, lo que parece blando no se diluye, lo que se observa casi transparente no carece de lectura.

En esta comprensión, la exposición no necesita título. El nombre de la artista funge como tal, dice y no dice, construye y deconstruye, define y no define, dibuja y desdibuja.

En su obra, los recursos visuales y los conceptuales se entrelazan en una visión deconstructiva que podría pasar por anónima aunque está cargada de incertidumbre, de historia argentina y de ascendiente germano. Las divisiones por países y nacionalidades no son ya los factores que definen las capacidades creativas del arte del presente, pero son agentes que nutren el entorno del artista y se configuran en la obra como detonantes. Confluyen en la exposición un trabajo de alteraciones a las manifestaciones tradicionales de las artes visuales, con la puesta en obra de momentos de la historia del arte. En el desmontaje se perciben los polos de desencuentro de la sociedad actual. Una sociedad global y agobiada, una sociedad que supone desarrollo, libertad, y, sin embargo, intensifica el extremismo y las pérdidas de la calidad de vida. Una sociedad donde las libertades se usan erróneamente, generando opresiones. Para todo aquel lector universal que lea esta nota, esto es cierto en el entorno mundial. Para quienes conocen a fondo la historia argentina, esto es la realidad de un país que sabe de los alambres de púa, de las torturas, y de muy pequeñas y dispersas esferitas de esperanza (a veces fugaces, falsas ilusiones como aquellas del engañoso brillo de las baratijas de vidrio que se les ofrecían a los indígenas en la época de la conquista).

Exposición Individual: Lucía Warck-Meister — imagen 1
Lucía Warck-Meister. Flujo, 2004. Instalación, aeronave, cable, alambre, bolas de cristal. Dimensiones variables.

FLUX es una instalación compuesta de tres secciones —cada una de las cuales se acredita también con una existencia independiente—, ubicadas en una esquina de la galería y ocupando buena parte del piso. La instalación, resuelta con cables de aviación, alambre y bolitas de cristal, atiende a la interacción de conceptos opuestos tales como vida y muerte, luz y sombra, prisión y liberación, movimiento y articulación fija, tortura y recuperación. El cable gris y el alambre aportan diferentes texturas visuales, diferentes grises, y están inesperadamente habitados por los pequeños satélites redondos de cristal. En esos instantes muy discretos de encuentro de la lína con la esfera, el cable gris es más gris y sin vida, en oposición al brillo, luz, energía y transparencia del cristal. Cada ente proyecta sombras sobre los muros y el piso, de esta manera, la obra es una y a la vez se multiplica. Cada obra es un individuo y su persecución. FLUX, con sus curvas, se ubica en el plano de las ideas obsesivas que gobiernan el laberinto. Ni en la instalación ni en los dibujos se detecta inicio ni fin, sino infinitos vestigios de acción humana. Aludiendo al loop, el video registra fluidez y sensualidad, a la par se alude a la indefinición espacial y al espejo, otros aspectos ya característicos de la obra de Lucía Wark Meister En general, en esta exposición —y en otras de la autora— no se atiende a un principio y un final, sino a un sinfin, en obras que parecen gestadas y activadas tanto a través de campos magnéticos como a través de delicadas acciones humanas.

El gesto, la gestualidad, es lectura pertinente a la instalación, a los dibujos y al video. Toda la exposición habla de los gestos realizados y de la quietud que conllevan al estar expuestos. Actividad y reposo son vectores que se entrelazan entre dibujo y video, entre instalación y dibujos. Hay un imán, un incentivo a ir de polo a polo, tanto entre las obras como en la museografía. Las posiciones de las piezas en la sala crean un silencioso ping-pong jugado de esquina a esquina entre el monitor que proyecta el video y la instalación suspendida; son obras que se susurran oposiciones de técnicas y materiales. Por otra parte, la presencia bidimensional de los nueve dibujos en los muros, tensos en sus lados y en sus ángulos rectos, se opone a la maraña de interespacios y líneas de FLUX, y a la invisible acción de hacer rodar las bolas de vidrio que habitan el video.

La obra de Lucía Warck-Meister, que es abstracta, es atrevidamente simbólica, invasora y corrosiva. No se manifiesta en representaciones directas de la realidad, sí alude a ella de maneras actuales, realizando un desmontaje analítico. Es consistente en la atención simbólica de los fenómenos sociales de la reciente historia Argentina. En la instalación hay una curiosa relectura que surge de “atar cabos…”: atar cabos se dice en español significando poner juntas ideas para llegar a una conclusión. En algunas miradas, los laberínticos movimientos con alambre configuran formas orgánicas. Esto se advierte en la sección vertical de la instalación que está suspendida del techo, lo que sería “el colgado” o “la colgada”, un ente orgánico suspendido en una humanidad que se descompone”. Si bien hay muchas obras de otros artistas que no atienden a este simbolismo, en FLUX sí se acciona (quiero decir que no todas las obras que están suspendidas del techo parecen seres colgados). Una de las secciones de la instalación que está en el piso ratifica esta virtual aproximación a un volumen orgánico, una gran masa calada y una pequeña masa calada: venas, nervios, músculos; eventualmente se configura la aparición de una mujer embarazada cual gigantesca Lespugue o Willendorf sin pechos.

Observando las obras de FLUX a la distancia (tres a cinco metros), las bolitas de cristal no se dejan ver en el conjunto de la instalación. Tampoco se dejan ver de lejos las gotas de pegamento, otros agentes luminosos que depositó la artista sobre los dibujos de carbón sobre papel. Todos sus trabajos han sido y son retos espaciales, algunos físicamente penetrales, otros clausurados pero en los que uno se puede internar visualmente de diversas maneras. La articulación de los opuestos, que también se manifiesta en aceptación y rechazo, se verifica en los dibujos como lo general y lo detallado; silenciosos de lejos, comunicativos de cerca, de lejos un gris anonimato con algunas curvas oscuras, de cerca carbón sobre papel, montados directos al muro. ¿Tiene sentido acercarse y alejarse de los dibujos a carbón? Sí, la artista ha establecido una especie de código tácito: comprometerse o mantenerse afuera. Que al acercarse uno detecte las aplicaciones de polímero, esas zonas de luz que a la distancia se perdían, lo induce a interpretar que la artista cree que la participación tiene momentos luminosos.

Una historia nuestra, 2004, es un video resuelto en 5 minutos 36 segundos, en el que se confirma la sensación de atracción y rechazo que habita en los trabajos de Lucía Warck Meister una aparente acción lúdica de esferas de vidrio sobre una superficie gris espejada acentúa que éste es el medio más dinámico de la exposición, manteniendo la tesis, la gama tonal y la contradicción entre brillante y carente de luz que también se encuentra en los dibujos y la instalación. Casualidad…, campo imantado, las esferas se acercan, se atraen, se golpean y se rechazan. Se elabora acerca del riesgo y la certeza, acerca de los abismos y la serenidad, acerca de la toma de decisiones.

Ocasionalmente, algún lector pregunta si lo que el crítico escribe es una interpretación libre o surge de declaraciones de la autora. Suceden ambas. En esta ocasión, una confirmación de que el trabajo del analista y las percepciones del espectador coinciden con las inquietudes de la artista, se encuentra en una declaración de Lucía Warck-Meister para esta exposición: “Sensualidad se opone a repulsión y rechazo. Estamos físicamente seducidos pero inmediatamente nos domina una sensación de sofocamiento intelectual. Construir y destruir se contradicen pero también se complementan una a otro”. En el laberinto de las oposiciones, en la siempre viva postconceptualización, Lucía Warck Meister y artistas de su generación han dado una vuelta de tuerca a los materiales extra artísticos, generando nuevos lenguajes corporales y expandiendo los sentidos. Así, materiales opuestos —arbón y pegamento sintético, uno natural, otro industrial—, gesticulan entretejidos con fluidez propia. Esta artista pone de manifiesto los cambios de la estética postpostmoderna.

GRACIELA KARTOFEL

Lucía Warck-Meister, por Graciela Kartofel | artnexus