Los visitantes a la exposición de obras de Graciela Sacco pertenecientes a la serie Sombras del sur y del norte, 1999-2004, se convirtieron en rostros entre la multitud, que aparecían y desaparecían como enigmáticos fragmentos de desconocidos, todos alineados para algún propósito igualmente desconocido. Con el tiempo, la serie le ha dado a la artista la base para su investigación actual de la gente y los lugares, y de nuevas técnicas para revelar sus circunstancias sociales y emocionales. En esta nueva instalación interactiva (Glances, 2004), la gente aparecía desde su lugar en la fila, proyectada a través de los listones de un velo plástico y difuminadas en la luz. Al mismo tiempo, el espectador también emergía de la luz y a través de ella para convertirse en un desprevenido participante. El efecto era fascinante y perturbador a la vez. La luz oscilante de dos videos simultáneos creaba una extraña sensación a medida que los rostros adquirían reconocimiento y familiaridad, aunque no identidad. La constante exploración de tiempo y espacio llevada a cabo por Sacco y las interrelaciones del espectador y el tema le daban un nuevo significado a la soledad de la multitud, a medida que aumentaba la incertidumbre y prevalecía el anonimato. Era un círculo interminable de espera que definía la vida urbana que se reflejaba sobre el muro y regresaba al espectador mientras éste entraba en su sendero de luz para convertirse en parte de la pieza, pero sólo como una sombra. La instalación era una obra en permanente cambio, y otro ejemplo del discurso progresivo que ha guiado por muchos años la obra de Sacco en fotografía, video y otros procesos fotosensibles y de multimedia.

Además de los videos de las multitudes, la serie Sombras del Sur y del Norte incluye imágenes heliográficas desarrolladas sobre lienzos transparentes, telas, un estante de libros, acrílico y persianas romanas que brindan otras superficies variables para su evasiva imaginería. Las mismas descripciones fragmentarias de gente y lugares que se observaban en los videos son captadas en el proceso fotográfico que la artista llama heliografía y que permite que las sombras más ilusorias se vuelvan fijas, aunque difusas. Quizás esto le ayuda a Sacco a abordar de una manera más efectiva los caprichos de la memoria como signo del pasado y el presente, y al espectador, a manipular la imagen y su participación en ella, por las mismas razones. Vistos 1, 2004, capturaba la introspectiva expresión de una mujer en una heliografía sobre tela, mientras que Vistos 2, 2004, era una imagen desvanecida de un hombre; la tela funcionaba como un sudario. Los materiales de las diversas superficies captaban rostros, pero permitían su constante y complicada transformación a medida que las persianas se alteraban manualmente, el acrílico transparente se movía en el aire y la tela se estiraba. Los desconocidos llegaban a conocerse en estas circunstancias vagas, aunque amenazaban apartarse de cualquier compromiso y desaparecer. ¿Eran los libros los únicos objetos capaces de captar su presencia para la posteridad?
Graciela Sacco sigue planteando problemas de anonimato, identidad y pertenencia. La multitud es su tema y su audiencia. La mirada de cada persona busca contactar y relacionarse, pero desaparece ante la posibilidad de una relación. Sus personajes pasan de ser espectadores a ser vistos y luego repiten el ciclo otra vez, en un arreglo muy desconcertante. Un rayo de luz y luego sombra, y empieza de nuevo.
CAROL DAMIAN
