Exposición Individualjun 2005 - ago 2005· Por Natalia Gutiérrez

François Boucher

Valenzuela y Klenner Arte Contemporáneo

Año cero de François Boucher, una exposición que narra de otra manera la historia. La historia del Bogotazo. La historia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, y que para muchos historiadores ha sido considerado el año “cero”, porque la violencia en nuestro país se toma las calles de Bogotá, se hace evidente y, al parecer, irreversible.

Sin embargo, esta exposición no trata los hechos. Es claro que para los historiadores, “los hechos” dependen del punto de vista del narrador. Los hechos, en fin, son una construcción ideológica; tantos “hechos” posibles como interpretaciones. Esta exposición, a mi modo de ver, trata la saturación de interpretaciones sobre un acontecimiento. Saturación de fotografías, de discursos, de pequeños detalles al parecer sin importancia que se van sumando como un ruido ideológico y que finalmente habitamos, hoy, como en una nebulosa, sin claridad posible.

La experiencia y la madurez de Fançois Boucher con la imagen y el sonido de los medios de comunicación y su cacofonía cuentan mucho en esta exposición. Y la razón es que permite ir más allá del 9 de abril y evidenciar la paradoja de vivir en un “tiempo cero”, entre el recuerdo y el olvido, entre la conciencia y la inconsciencia. El “tiempo cero” que vivimos, con miles ideas por segundo que acaban por envolver al sujeto en una anestesia, sin que ninguno de esos estímulos le interese realmente. Pero a la vez, el tiempo cero del sujeto que olvida momentos significativos que develarían, por ejemplo, las condiciones permanentes que han traído como consecuencia la violencia reiterada en nuestro país.

Exposición Individual: François Boucher — imagen 1
François Boucher. Bogotá, ciudad abierta, 2005. Foto: Luis Vargas.

Boucher dispuso en los espacios de la galería sensaciones, fotografías y objetos, para ir diferenciando algunos indicios de ese “ruido” que produce la saturación de interpretaciones. Por ejemplo, el espectador entraba al espacio con un “sonido ambiente”, que eran los diálogos y la música de una telenovela que se transmitió hace unos años sobre el tema. En las paredes, fotografías del actor que representó a Gaitán, tan parecido, que es muy probable que aún hoy lo detengan en la calle para saludarlo con devoción. En un rincón, había pancartas arrumadas con la imagen “del caudillo”, con su mano en alto, pero en escala de grises, como si desfilara hacia el olvido o hacia el recuerdo, no era posible precisarlo; lo cierto es que en ese espacio asistíamos a un desfile cada vez más “enrarecido”. En los muros y en el piso, Boucher “dejo”, con cierto abandono, objetos: una corbata ¿fetiche?, la caja de un embolador en el piso —quién podrá decir cómo vive la gente en la calle la violencia—, y fechas conmemorativas. En realidad se trataba de números, 1922 y 1948, grabados en piedra, pero tan pequeños e inofensivos, que ese “año cero” de la historia podría ser el comienzo de algo o de nada, como si la sumatoria de interpretaciones (ya para las nuevas generaciones), no pudiera marcar un derrotero claro. Estas fechas históricas en cubos de piedra talladas, lejos de ser un pedestal, me recordaron El tropezadero de Marcel Duchamp, ese ready made en el cual el espectador literalmente se tropieza con un perchero, instalado en el piso.

Sin embargo, Boucher no deja al espectador tan solitario. Si al entrar en el espacio podría sentir que fechas como la de la masacre de las bananeras o el asesinato de Gaitán ya no le pertenecen y no definen su manera de ver o de sentir, al final del recorrido descubre otra cosa. El artista, en un video de treinta minutos —un minicine podríamos llamarlo—, nos recuerda que el arte es una técnica de archivo y que como tal, expone lo que se quiere hacer visible, muchas veces con un cliché repetido, pero también esconde otras circunstancias que como capas invisibles contribuyen a construir el tiempo. En este video, las imágenes, con su propio movimiento, dejaban ver el tejido del poder económico del banano detrás de “los hechos”, y que como un inconsciente óptico están ahí, hay que recordarlo, y que la obra de Boucher —este artista joven bogotano que lleva el mismo nombre del más profundo ironista del siglo XVIII—, pretende revelar.

NATALIA GUTIÉRREZ

François Boucher, por Natalia Gutiérrez | artnexus