Recientemente, el Centro Cultural MUROS, espacio dedicado a la exhibición de arte mexicano moderno y contemporáneo, abrió sus puertas al público para cambiar la historia de la ciudad y la percepción de sus habitantes.
Después de una lucha incansable de la población civil en Cuernavaca, a través del Frente Cívico Pro-Defensa del Casino de la Selva, en legítima defensa de los murales que ahí se encontraban y contra la actitud unilateral e impositiva de las macro empresas COSTCO-Mega Comercial Mexicana, el museo MUROS es la respuesta más conciliatoria que las empresas pudieron dar a la población civil.
El museo es una obra arquitectónica de Alejandro Bernardi y Francisco Guzmán que está formada por dos diferentes espacios. El primero está dedicado a los murales restaurados del ex-Casino y es una réplica del Salón de los Murales del antiguo hotel, donde se despliegan los murales de los artistas Josep Renau y José Reyes Meza con las piezas España conquista América (1946) y México Prehispánico, La Conquista y Nuevo México (1959), respectivamente, ambos casi completamente restaurados.
La segunda ala está dividida por dos pisos, donde se encuentra albergada la Colección de Jaques y Natasha Gelman, la cual incluye 318 piezas. El piso de arriba está dedicado a piezas de arte moderno mexicano e incluye dibujos y pinturas de Francisco Toledo; varios óleos de Diego Rivera; once piezas de Frida Kahlo, cinco pinturas de José Clemente Orozco; el retrato de Cantinflas realizado por Rufino Tamayo, varias fotografías de Manuel Álvarez Bravo y, el último retrato hecho a Natasha Gelman pintado por David Alfaro Siqueiros; además de múltiples piezas de María Izquierdo, Leonora Carrington, Tina Modotti, Carlos Mérida y Gunther Gerzso, entre muchos otros.

En el primer piso se puede disfrutar, en cambio, de una exquisita muestra de arte contemporáneo mexicano o por lo menos hecho en México. En la colección se encuentran desde la pieza que Mona Hatoum realizó ex profeso para el Laboratorio Arte Alameda –una alfombra roja que recorría toda el ala central del Laboratorio para al final tener grabada la imagen de la Virgen de Guadalupe-, hasta piezas de Gabriel Orozco, Jan Hendrix, Francis Alÿs, Thomas Glassford, Sergio Hernández, Silvia Gruner, Stephan Brüggemann, Santiago Sierra, Héctor García y Graciela Iturbide, que incluyen instalación, gráfica, fotografía, video, escultura y pintura.
Entre algunas de las piezas más notables, se encuentran el collar de piedras de Silvia Gruner. Esta pieza está concebida desde la cultura mexicana, a través de una resonancia emocional que es la propia visión del pasado arqueológico mexicano. También arqueológica, pero en otro sentido, se encuentran las fotografías de Gerardo Suter, Octecomatl es una obra en la que lo prehispánico es retomado para recrear el pasado desde un ojo contemporáneo y vital que rompe las barreras entre la realidad y la ficción y entre el acontecimiento histórico y el mito. Helecho de Maruch Santis Gómez, Chafamex Codex de Cisco Jiménez y Llantas para pavimento con memoria de Betsabeé Romero son piezas que integran una compleja red de discusiones sobre la creación en la provincia, pero sobre todo, tratan de desentrañar la complicada idea de lo que es la identidad, asumida como el resultado del influjo socio-cultural sobre los individuos. Desde 1992, la colección se exhibió en el Centro Cultural Arte Contemporáneo de la Fundación Televisa, pero con su cierre en 1998 y la muerte de Natasha Gelman, la colección pasó a manos de la Fundación Vergel para encontrarse desde entonces sin un sitio específico que la albergara dentro del país, convirtiéndose en una muestra perenne que viajó por Phoenix, París, Río de Janeiro y Madrid entre muchas otras ciudades. Actualmente, la colección, a través de su albacea y Robert Littman, director de la fundación, curador y amigo personal de los Gelman, sigue adquiriendo piezas enriqueciéndola con importantes obras de arte contemporáneo. Sin embargo, lo que más llama la atención, es que estas adquisiciones están conformando una colección incluyente, no curadurías que vienen desde el Distrito Federal a imponer el centro en la periferia, sino donde la periferia convive con el centro y donde los artistas morelenses o radicados en Morelos, tienen un lugar y, por fin, un reconocimiento que no existe para nada dentro del ámbito de la Secretaría de Cultura del Estado de Morelos. Me refiero a las recientes adquisiciones de piezas de artistas como Magali Lara, Javier de la Garza, Gerardo Suter y Cisco Jiménez; todos ellos radicados en el estado y todos ellos miembros activos del desarrollo de la cultura en Morelos.

El criterio curatorial del centro
actualmente se centra en una lectura general de la colección, pero de acuerdo
con la directora del museo, Susan Grilo, MUROS irá creando vínculos con otros
museos tanto nacionales como internacionales para la exhibición de artistas
modernos y contemporáneos relacionados con la historia o la cultura mexicanas,
además de relecturas temáticas de la colección permanente.
MUROS es el primer museo de arte en Cuernavaca, es el primer espacio para ver propuestas artísticas de calidad, que está construyendo proyectos educativos y curatoriales de vanguardia para consolidarse como un espacio vivo en el que la cultura morelense, mexicana e internacional convivan y aporten a los ciudadanos nuevas experiencias frente a la obra de arte. Es un museo que nació por la defensa ciudadana de la cultura y por lo tanto, un triunfo de la población sobre las empresas que olvidan que la riqueza cultural es a veces más importante que la generación de empleos.
LARISA ESCOBEDO
Crítica de arte residente en México.

