El carácter pasajero de la arquitectura ha sido uno de los temas recurrentes en la obra del artista cubano Carlos Garaicoa. En esta muestra individual en el Museum of Contemporary Art Los Angeles, se presentaron trece obras, producto de cuatro años de investigación sobre la frustración y descomposición de las utopías del siglo XX. La exposición copó todo el espacio de la galería satélite del MoCA, ubicada en el Pacific Design Center.
Para empezar, el visitante entraba al imponente primer piso de la galería, ocupado por la instalación de la serie Nuevas arquitecturas, 2003, compuesta de constelaciones de faroles encendidos hechos de papel de arroz y suspendidos del techo. Apoderándose de todo el salón y combinando formas geométricas y orgánicas, docenas de faroles colgaban en configuraciones que, poco a poco, revelaban estar vagamente basadas en tipos arquitectónicos comunes: un arco estaba colocado para apoyar un extremo de un plano curvo, pequeños domos remataban varios cubos, un pequeño puente colgante de intrincado diseño conectaba dos faroles en forma de torre. La fragilidad y precariedad de esta instalación era evocada en diferentes formas, debilitando nuestra suposición de que la arquitectura es durable y permanente. Instaladas a diversas alturas, algunas estructuras estaban suspendidas sobre las cabezas de los visitantes mientras que otras se hallaban en el piso, como si se hubieran caído, lo cual, en un principio, hacía pensar que la obra se había dañado. Conectadas una a otra mediante cables eléctricos que colgaban libremente y les suministraban corriente a las bombillas de bajo voltaje que llevaban dentro, estas estructuras oscilaban con suavidad a medida que los visitantes pasaban, destacando, de nuevo, su endeble existencia.

Debido a que la galería estaba iluminada esencialmente por los faroles, la segunda obra instalada en ese espacio se revelaba mucho más lentamente. Porque toda ciudad tiene derecho a llamarse Utopía (Dibujo de pared), 2002, era una serie de dibujos instalados directamente sobre tres de las paredes de la galería, los cuales creaban un fondo para el paisaje urbano inventado por los faroles. Semejando algunas de las mismas formas orgánicas y geométricas, eran exquisitas interpretaciones en perspectiva, en especial de modernos edificios industriales que parecían silos, pequeños dirigibles y molinos de viento. Al inspeccionarlas más de cerca, estas ilustraciones revelaban ser incluso más frágiles y efímeras que los faroles. Eran, en realidad, dibujos en bajo relieve cuidadosamente construidos con hilo y alfileres plateados que sobresalían más o menos una pulgada de la pared. El descubrimiento de la verdadera naturaleza y la sutil delicadeza de estas obras era una recompensa bien merecida para el visitante que las observara con cuidado. Estas dos instalaciones se combinaban muy bien, uno casi podía imaginar que los molinos de viento dibujados en la pared les suministraban la energía a los faroles de la serie Nuevas arquitecturas.
La fragilidad de este espacio urbano imaginario evocaba las condiciones de La Habana, donde nació Garaicoa. Desde la Revolución, en 1959, muchos proyectos arquitectónicos se dejaron sin terminar y se abandonaron las campañas de conservación. Cálculos recientes señalan que unos trescientos edificios colapsan anualmente y que muchos más se hacen inhabitables y tienen que ser demolidos. En sus dípticos fotográficos, Garaicoa intenta documentar la cambiante estructura arquitectónica de la Plaza Vieja de La Habana a medida que sus componentes se desmoronan y desaparecen. En ellos, crea pares de fotografías del mismo sitio, colocando a la izquierda la imagen de una estructura cuando se está desmoronando, y a la derecha, cuando ésta ya ha desaparecido. Empleando su técnica de dibujo en hilo y alfileres, reemplaza en la segunda fotografía el perfil estructural del edificio ausente, preservando el pasado a la vez que enfatiza su vulnerabilidad. Sin embargo, Garaicoa se esfuerza por complicar las lecturas demasiado simplificadas de sus obras, que a menudo se basan exclusivamente en la especificidad nacional. En una entrevista cuyo video se incluyó en la exposición, hablaba de su deseo de escapar del estigma asociado al hecho de ser un artista cubano. La importancia universal de su proyecto era transmitida mediante una serie de piezas, pero era quizás más evidente en el último díptico fotográfico, realizado en Los Ángeles en 2004 y que muestra en la primera fotografía una bodega de siete pisos. Con excepción de su fantasmal dibujo en hilos, toda huella del edificio ha desaparecido por completo en la segunda imagen.

Garaicoa trabaja con una gama de posibilidades arquitectónicas, desde ruinosas hasta utópicas, mediante ejercicios en distintos medios. Evitando con sagacidad las categorizaciones simples como la de pintor, escultor o fotógrafo, sus obras emplean medios tradicionales e incorporan también modelos arquitectónicos, animación tridimensional y libros móviles. En Capablanca’s Real Passion, Garaicoa convirtió el juego de ajedrez en una maqueta para un plano urbano. Cada cuadro es un cubo de madera de diferente altura, y modelos de pequeños edificios representan piezas del juego. Iglesias, estructuras municipales, apartamentos y estadios, cuyos estilos varían de lo neoclásico a lo moderno, podían moverse de un cuadro a otro, alterando constantemente el imaginario espacio urbano del tablero de ajedrez. Algunos de estos mismos edificios aparecían en sus libros móviles que estaban exhibidos en dos vitrinas. Su manipulación de un juego y de libros para niños para construir ciudades utópicas está rociada de sarcasmo referente a la imposibilidad de un gobierno de lograr esto en la realidad.
Capablanca’s Real Passion es una versión actualizada de su catálogo de 2004, que fue publicado nuevamente en unión con la exposición del MoCA. Un ensayo de Alma Ruiz, curadora de la muestra, se suma a los textos de Adriano Pedrosa, Orlando Hernández, y una entrevista con el artista realizada por Lorenzo Fusi. Muchas de las obras de Garaicoa están reproducidas a color, lo cual convierte al catálogo en un excelente documento de su obra.
ALECA LE BLANC
Historiadora y crítica de arte especializada en arte moderno y contemporáneo.

