Bienal Barro de América, V Edición

Mariana Monteagudo. Familia, 2004. Técnica mixta. Dimensiones variables.

Colectivajun 2005 - ago 2005· Por Susana Quintero Borowiak

Bienal Barro de América, V Edición

Centro de Arte Lía Bermúdez

La V edición de Barro de América, cuya muestra principal fue inaugurada en Maracaibo el 16 de diciembre del 2004 en homenaje a su creador Roberto Guevara (1932-1998), surge como un esfuerzo para dar continuidad a la idea materializada por el curador y crítico venezolano en 1992, cuando produjo la primera edición de un evento que se ha distinguido desde entonces por su claridad y apertura conceptual. El vínculo del hombre con la tierra y su expresión tangible en el arte contemporáneo americano constituyen la línea conductora de una propuesta curatorial dentro de la cual el barro es considerado, según lo definió Guevara, como: “Esta materia, este espíritu primordial que vertebra el recorrido de los tiempos y los espacios de América, tema de esta y otras bienales, puede llegar a ser, como se comprueba ahora, una alternativa de reconocimiento y profundidad para la renovación del arte contemporáneo y sus postulados de base. Puede ser no sólo la tierra heredad inmensa de todas las civilizaciones pasadas, puede además ser la tierra de todo futuro posible”.

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María Bonomi. Piel urbana (piel humana), 2004. Acumulación. 180 x 60 cm. (70 3/4 x 23 1/2 pulgadas).

Futuro que hoy aparece convertido en acción artística, en trabajo institucional mancomunado. Barro de América, V Edición, es la suma de muchas voluntades y reúne a 74 artistas de todo el continente en torno a tres exposiciones. La muestra principal, exhibida en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, presenta algunas de las piezas de la Colección Barro de América junto a un grupo de obras elaboradas in situ. La segunda sede en Venezuela, el Museo Carmelo Fernández de San Felipe, exhibe cuatro proyectos nuevos frente a veintidós obras de la Colección, en una muestra que inauguró el 19 de diciembre de 2004, desarrollándose paralelamente a la exposición de Maracaibo. Y en tercer lugar, la Galería Marta Traba, en el Memorial de América Latina en São Paulo, adonde se espera llevar, a finales de julio de este año, parte de la muestra exhibida en Maracaibo. Pluralidad de sedes que parece confirmar la pluralidad de miradas posibles en un ámbito tan amplio y diverso como nuestro continente.

En este encuentro americano, el barro es abordado desde su condición de elemento dúctil, multifuncional, metafórico y permeable; las obras exhibidas transitan las técnicas tradicionales o aluden a la tierra usando medios vinculados a los nuevos lenguajes contemporáneos. La exposición del CAM-LB ocupó todos los espacios del Centro de Arte, con obras que exploran las múltiples aristas del tema y que fueron presentadas a través de propuesta museográfica que luchó por aprovechar espacios no convencionales.

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Gilbert Poissant. 3 veces, 2 tiempos. Luna, gota y escalera, 2004. Impresiones digitales y arcilla. Dimensiones variables.

Encontramos piezas que participan del barro como elemento aludido y presencia poética, más allá de su utilización formal, entre las que podemos mencionar las obras de Víctor Hugo Irazabal, venezolano, y Carlos Runcie-Tanaka, peruano. El primero presenta El vuelo del Shapori, instalación en la que continúa sus investigaciones sobre los ritos chamánicos de las tribus del sur de Venezuela, en una habitación blanca, con las paredes cubiertas de signos construidos con papeles recortados; la iluminación intermitente y la música ritual parecen impulsarnos a continuar el vuelo del chamán y vincularnos a la tierra mediante la recreación contemporánea de los estados sensoriales ligados a la experiencia mística. Por su parte Runcie-Tanaka exhibe Desplazamiento, video en parte silente, en parte acompañado de sonidos de oleaje, realizado a partir de la impecable edición de una serie de fotos fijas, en las que se sirve de elementos tan simples como el papel y la arena; sumando poesía, medios digitales y la milenaria tradición del origami, para hablarnos de la continuidad del universo, desde el grano de tierra hasta el brillo de los astros.

El barro amasado, vivo y contemporáneo se manifiesta en obras como las instalaciones de Gilbert Poissant, canadiense, y María Bonomi, brasileña. La obra de Poissant, 3 veces, 2 tiempos. Luna, gota y escalera, está formada por un elemento de barro sin cocer colocado sobre el piso y dos impresiones digitales sobre la pared; gota, escalera, nave, lágrima, son todas imágenes del devenir, de la imposibilidad de impedir que la pieza de barro se seque y se fracture al ritmo del metrónomo que marca el compás. La instalación de María Bonomi, Piel urbana (Piel humana), toca también el problema del tiempo, pero esta vez desde el problema de la aprehensión de la memoria. Para ella, el barro sirve como soporte para documentar las huellas de la ciudad y trasladarlas al espacio museístico arte enlazando hombre, entorno geográfico y ámbito contemporáneo del arte.

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Víctor Hugo Irazabal. El vuelo de Shopori, 2004. Audio, iluminación y cartulina. Dimensiones variables.

Otro rasgo importante de Barro de América es la posibilidad de reunir a artistas consagrados junto a jóvenes creadores que están iniciando sus carreras. Entre estos últimos se cuentan Rosher Acevedo y Mariana Monteagudo, ambos venezolanos. Acevedo se vale de su capacidad imitativa en el modelado de la obra Ofrenda, pieza realizada in situ con arcilla roja, en la que representa a un pequeño cerdo que parece sonreírnos con ironía desde un negro cubículo; mientras que Monteagudo agrupa varias de sus usuales figuras humanas para conformar una familia de seres con rostros profundamente expresivos y cuerpos amortajados, superponiendo imágenes vitales e inanimadas.

Los vínculos del barro con los aspectos primarios de la conformación americana, y universal aparecen reforzados en la muestra a través de la exhibición de piezas arqueológicas de cerámica pertenecientes a la Colección CorpoZulia. Ese conjunto introductorio funciona como epígrafe, recordando que todas las culturas del continente se sustentan en su relación con la tierra, la cual es, y será siempre, principio de nuestras heredades y dimensión de infinitas posibilidades, como bien lo dijo Roberto Guevara, dignamente homenajeado aquí en la continuación de su trabajo.

SUSANA QUINTERO BOROWIAK

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