Exposición Individualjun 2005 - ago 2005· Por Alberto Barral

Armando Morales

Robert Miller Gallery

Una de las mejores exposiciones de pinturas latinoamericanas de la temporada de 2004 en Nueva York se vio en la Galería Robert Miller, donde el famoso artista nicaragüense Armando Morales presentó su obra reciente, lo que significó un regreso a Nueva York, donde, por décadas, su obra no se había visto en una exposición de proporciones similares y, sin duda, nunca con el despliegue de calidad e importancia de las obras exhibidas en esta extensa exposición.

En una ciudad que favorece el arte minimalista y que se ha acostumbrado a esperar que la estética de lo incoloro o la simplicidad de los colores básicos, lisos, oscuros, en el arte contemporáneo, sean los supuestos estándares normales para una producción de arte seria, y donde las instalaciones y la fotografía abarcan gran parte de las ofertas de arte en la mayoría de las galerías, la exposición de Morales fue un oasis de pintura de calidad, raras veces producida por un artista vivo.

Un triunfo de la exposición fue la serie de paisajes llenos de espesa vegetación de las lluviosas selvas tropicales. Estas pinturas son obras que llevan su sello particular, un material tan reconocible en su obra como las latas de sopas Campbell lo son para Warhol.

Exposición Individual: Armando Morales — imagen 1
Armando Morales. Tres bañistas, 2003. Óleo sobre lienzo con cera de abejas. 81,2 x 100,3 cm. (32 x 39 1/2 pulgadas).

La selección de paisajes expuestos en la Robert Miller fue absolutamente espectacular en la magnitud y calidad que impregnaba cada uno de los lienzos. Incluso las obras en formato más pequeño transmitían la densidad de ese océano de verdes que conforman el ignoto territorio de los trópicos. Las pinturas adquieren un renovado patetismo cuando uno entiende los problemas de conservación en el Amazonas y otras zonas verdes del continente, amenazadas constantemente por una creciente población que invade este paraíso a velocidades peligrosas, como parásitos que se dan a la tarea de destruir la fruta madura de un paraíso prohibido. Algunas pinturas de las selvas tropicales como Rápido, El Peinado, incluían diminutas figuras humanas desnudas que eran empequeñecidas por la majestad de la jungla, como si el pintor quisiera regresarnos a la época cuando el balance ecológico era lo opuesto de nuestra era actual, cuando el hombre, y no su medio ambiente, era quien se encontraba en una frágil posición de supervivencia.

Morales también presentó una amplia selección de sus estudios de desnudos. Estas hermosas y corpulentas amazonas están reclinadas, se están bañando o han sido transformadas en cariátides para una plaza con una fuente, donde se respira un ambiente que nos recuerda las plazas de Chirico. Las mujeres parecen estar en armonioso diálogo con su ambiente y, ya sean urbanas o bucólicas, proyectan una sensación de completa serenidad que las hace parecer como ninfas o diosas antiguas más que como mujeres modernas. Estas fuertes aunque graciosas figuras parecen totalmente apartadas de cualquier preocupación contemporánea y son dueñas del espacio que las rodea, con la autoridad y la comodidad de seres que han estado allí desde antes de que el medio circundante existiera, y permanecerán allí aun después de que el presente sea transformado. Woman awakening es un buen ejemplo de esta imagen. En ella, el cuerpo desnudo de una mujer reclinada cubre todo el plano de la pintura, y el horizonte que se aleja, con un misterioso fondo cuadriculado, se abre a un enorme abismo. Todo esto aumenta el peso dimensional y la fuerza del desnudo, y da la impresión de que estamos perturbando el sueño de una gigante diosa de la fertilidad, una hija de los titanes que, al despertar, se sentirá totalmente a gusto dentro del inmenso espacio que la rodea, y lo que parece ser un abismo detrás de ella puede ser simplemente un pozo para bañarse.

Había también en la exposición enormes pinturas sobre el toreo, con un admirable juego de luz que nos hacía pensar en la obra de los grandes maestros españoles, y algunas naturalezas muertas igualmente cautivadoras. Tanto el toreo como los bodegones son temas muy arraigados en la tradición clásica española y latinoamericana. Una sorpresa: una inusual pintura religiosa, una Anunciación de la Virgen, de gran tamaño. En esta representación de un tema tradicional, Morales retrató al ángel como una sombra de otro mundo que interrumpe las tareas de una niña campesina en medio de los campos. Lo sagrado y lo profano se encuentran de la forma más natural, como si el milagro más grande fuera un hecho cotidiano. En realidad, podría decirse lo mismo para resumir toda la exposición y la obra de Morales.

ALBERTO BARRAL

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