Exposición Individualjun 2005 - ago 2005· Por Raúl Zamudio

Ana Patricia Palacios

Latin Collector Art Center

La reciente exposición de Ana Patricia Palacios fue una señal reveladora de la variada naturaleza de la pintura en la actualidad. La exposición, titulada Double Singuliers y llevada a cabo en Nueva York, fue en general bien recibida por la crítica, aunque algunas obras tuvieron más éxito que otras y parecían encarnar la premisa de la exposición, mientras que otras parecían ser indeterminadas. Lo esencial de las obras se enfocaba en la investigación de Palacios sobre “la identidad de un individuo, con énfasis en la diferencia, la soledad y el aislamiento mediante la descripción de figuras y parejas en situaciones aparentemente absurdas y banales”. Sus pinturas y obras sobre papel exploraban en apariencia estos temas fascinantes, pero no quedó claro de qué forma la exposición transmitió colectivamente su empeño. Desde luego, las obras expresaban un patetismo existencial e impartían bien la noción de soledad y aislamiento. Diferencia e identidad eran un poco menos sostenibles en algunas de las obras, como resultado de la escasez de la estética de Palacios, pero su modus operandi era bastante refinado y sofisticado por su habilidad para decir mucho con los medios estrictamente necesarios.

Exposición Individual: Ana Patricia Palacios — imagen 1
Ana Patricia Palacios. Dos bustos-retratos, 2004. Técnica mixta sobre lienzo. 30,5 x 30,5 cm. (12 x 12 pulgadas).

Esto no implica que las obras no fueran cautivadoras, ya que había algunas que resaltaban a Palacios como pintora posfigurativa. ¿Qué significa este término y cómo puede aplicarse a las estrategias pictóricas de Palacios? Se podría afirmar que, al igual que el término posmoderno, que rechazó la insistencia del modernismo de la posguerra en la especificidad del medio y la técnica, y mezcló arte sofisticado y cultura popular, y diferenciación de los medios, a la vez que combinó elementos estilísticos del pasado y los recicló para crear una sensibilidad contemporánea, el pintor postfigurativo utiliza todos los significados de la pintura figurativa tradicional, incluidos retrato, género y pintura histórica, tanto en su forma seglar como en la religiosa. La iconografía de Palacios, aunque simple, fue efectiva gracias a su aislamiento de la figura suspendida en el espacio pictórico. Aquí, la figuración lucha entre representación y tintes de abstracción debido a la falta de nitidez de la figura/dinámica de fondo. La tímida aproximación a su articulación de la figura es prueba de su solidez como pintora que emplea con refinamiento y aplomo los discursos contemporáneos sobre la pintura, mediante su enfoque postfigurativo. Palacios no sólo parece reciclar pintura del pasado, también hurta de la cultura visual contemporánea: fotos fijas de película, fotografía de moda, fotoperiodismo, y la barata novela gráfica.

Los antecedentes de la obra de Palacios incluyen, por ejemplo, no sólo a artistas figurativos de importancia histórica como Egon Schiele, sino también a Alice Neel y al pintor contemporáneo Tony Bevan. Como en Schiele, el trazado y el austero control de la línea de Palacios tienen una tendencia a la ondulación, donde la figura se abstrae ligeramente, sólo lo suficiente para que el espectador sepa que, más que de estilística, se trata de una reconfiguración de una tradición mediante un efecto conceptual en la pintura. Pero su reacción conceptual trata tanto de materialidad como de la imagen. La mayoría de los pintores conceptualmente orientados ponen el énfasis en el signo. A Palacios le interesan por igual el signo y la materia de la pintura como un significado en y de por sí; una especie de Lucio Fontana o, incluso, Robert Ryman, aunque ellos son pintores puramente abstractos.

Esto también sucede con la forma en que Palacios usa el color. Para ella, el color adquiere una opacidad que transmite la fantasmagoría de algunas de sus obras. En Untitled (Woman on the floor) (2004), por ejemplo, la figura de una mujer en el piso sólo se menciona en el subtítulo porque, aunque la mujer parece estar posando en el piso y está acortada y hay una fuerte sensación de modelado en la formación de la figura que insinúa perspectiva, la ausencia de espacio tridimensional en el que está colocada la figura crea una tensión al tratar de leer la obra por la literalidad de su título. En un sentido, nos recuerda mucho a Dead Toreador (alrededor de 1864) de Manet, una pintura que describe a un torero muerto que flota en el espacio como una aparición, debido al fondo monocromático en el que está colocado. La posfiguración de Palacios emite esta misma especie de incongruencia espacial que se traduce en afectación pictórica; y unidas a una ausencia de contexto, sus pinturas son desplazadas a otro mundo que las abre a una rica multiplicidad de interpretaciones. Palacios tiene una extraña habilidad para combinar lo que en apariencia es una simple aunque refinada y formalmente cautivadora técnica pictórica, con temas y narrativas que son tan abiertas como emocionales, psicológicamente convincentes, e intelectualmente estimulantes. Sería interesante ver cómo encajará Palacios en estas fortalezas suyas en el futuro.

RAÚL ZAMUDIO

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