Exposición Individualjun 2005 - ago 2005· Por Nelly Perazzo

Alejandro Puente

Ruth Benzacar Galería de Arte

En su última muestra en la galería Ruth Benzacar, Alejandro Puente ha demostrado su renovada capacidad creativa.

Sin perder un ápice de coherencia —lo cual es toda una proeza en los largos períodos operativos actuales—, lo hemos visto del lado de la geometría sensible, según la calificación del crítico Aldo Pellegrini; de las estructuras que tanto sorprendieron a Romero Brest (“una pieza artística que parece cuadro y no es cuadro, que parece objeto y no es objeto”); de las obras que se independizaban del muro en sus primeras muestras en Estados Unidos en 1968, pasando por los sistemas programados de color de su participación en Information (MoMA, 1970) y de las retículas que presentó en su regreso a Buenos Aires.

No menos coherentes han sido las obras vinculadas a las antiguas culturas latinoamericanas, donde este artista articuló una forma de búsqueda y afirmación de una identidad regional que encontró una línea de profundización, por una parte, en los textiles y sus signos de carga simbólica indígena y, por otra, en la arquitectura, los significados primigenios de sus elementos y la abstracción de sus perfiles y de sus plantas.

Exposición Individual: Alejandro Puente — imagen 1
Alejandro Puente. Interior No. 1, 2004. Acrílico sobre tela. 170 x 131 cm. (66 3/4 x 51 1/2 pulgadas).

La utilización de la arquitectura: frentes, plantas, detalles de construcción antes ceñidos al plano, severos y esquemáticos, en las obras actuales reniega de su desnudez, y de su solidez como ente y como referente.

Ese aire nuevo de juego visual permite la permanencia de sus características distintivas —el espíritu constructivo y el absoluto dominio del color—, atravesadas ahora por renovada movilidad.

El hecho es que, actualmente, nuestro artista se solaza con las ambigüedades. Las obras, de marco recortado, poligonales en proyección, o simétricas, a veces en formas más sueltas y arbitrarias, a veces contenidas por un plano negro dentro de las coordenadas tradicionales, describen representaciones de interiores arquitectónicos llenos de peripecias.

Según las propias palabras del artista, estas representaciones lúdicas de interiores han sido utilizadas con la intención de ampliar la mirada en el desarrollo de la propia obra.

Las obras se reiteran, sin repetirse, por medio de esas inclusiones o cambiando las pinturas del fondo —que se vuelven visión en abismo— o por modificaciones del color o por los deslizamientos de perspectivas imposibles.

Fue objeto de sus reflexiones, en algún momento, la articulación del espacio en las culturas andinas, en las cuales parecía que, mediante las coordenadas de urdimbre y trama de los textiles, se lograba una equivalencia con la función que tuvo para Occidente el sistema de perspectiva renacentista.

Esa preocupación por la representación del espacio es la que nuevamente objetiva en su obra reciente, dando una vuelta de tuerca.

Ya no más el planismo activo vinculado con lo precolombino, sino un regreso a los sistemas perspécticos occidentales para jugar con ellos con irónica y alegre sabiduría.

“Ahora —dice Puente— utilizo perspectivas que podrían llamarse ilusorias, pues carecen de rigor científico; no recurro exclusivamente a la isometría regular, sino a una deformada perspectiva, creada por la confluencia de los costados y las esquinas de las obras mismas. Mi intención es usar las proyecciones isométricas como medios para describir objetos tridimensionales en términos bidimensionales.

Si provoca desconcierto es por añadidura, porque su obra mantiene la afirmativa serenidad que le conocemos y la seducción del color manejado con habilidad suprema, en medio de las cuales irrumpen las piruetas y ambivalencias de los indicadores espaciales.

Los dameros de los solados o parietales, los rayados, las columnas, el tratamiento de los ángulos, el sistema de proporciones, son todos recursos para deslizarnos en una ambigüedad juguetona de enorme potencia visual y conceptual.

Puente plantea la incertidumbre y la multiplicidad abrumadora de la experiencia contemporánea dentro de los términos que le son propios. Para ello autonomiza los detalles o los fragmentos, ubicándolos fuera de una organización rígidamente unitaria de lo real. Para ello, también, establece una articulación más laxa de las partes, que cambia según la orientación de nuestra percepción y nuestra interpretación cognitiva.

Los dibujos llamados códice son contra arquitecturas, una suerte de narraciones donde los personajes son las perspectivas.

El texto del catálogo de esta interesante muestra de Alejandro Puente fue escrito por Rafael Cippolini.

NELLY PERAZZO

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