Exposición Individualene 2005 - mar 2005· Por Mercedes Casanegra

Victor Grippo

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires —MALBA—

La exposición Victor Grippo, una retrospectiva, con curaduría de Marcelo Pacheco en el Museo de Arte Latinoamericano, resultaba indispensable en Buenos Aires, la ciudad que el artista habitó la mayor parte de su vida, y por ende en su país, a dos años de su fallecimiento. Tempranamente, Grippo había contado no sólo con una sino con dos muestras abarcadoras de todo su proceso creativo hasta las fechas respectivas de cada una de ellas: en Fundación San Telmo de Buenos Aires en 1989 y en la Ikon Gallery de Birmingham y el Palais de Beaux Arts de Bruselas en 1995. Esta última fue una íntegra iniciativa de un grupo de especialistas europeos. Es evidente que la más reciente en el Malba tuvo la posibilidad de ser la más completa de todas y proporcionar una perspectiva total de reflexión sobre uno de los artistas clave en un tipo de conceptualismo latinoamericano. Se trató de una muestra casi exhaustiva, pues faltaron solamente las pinturas de sus comienzos, algunas obras experimentales y las obras cinéticas que incluían mecanismos de los años sesenta. Se incluyeron de manera minuciosa todos los pasos de su desarrollo: desde su fundacional primera versión de Analogía I, 1970, primera obra realizada con papas, a las cuales, ubicadas dentro de casilleros, medía su energía eléctrica por medio de electrodos y un voltímetro, hasta las últimas piezas exhibidas en su última individual de marzo de 2001 en Ruth Benzacar. Grippo fue un artista de un discurso denso y polifacético que fue exteriorizado mediante grandes hitos y un procedimiento de incidencia en la cotidianidad en clave estética constante. Durante muchos años su propuesta artística pareció clasificarse entre sus obras experimentales “vivas” y sus cajas u obras como Tabla, 1978, sólo en apariencia más estáticas. Entre el grupo de las primeras se cuentan a Analogía I, ya citada, o su versión de 1977, con las papas distribuidas a lo largo de una larga mesa rectangular como una multitud expectante, o Vida-Muerte-Resurrección, 1980, también experimento de observación científica realizado con cinco pares de cuerpos geométricos básicos de plomo, de los cuales a uno de cada par se los llena con porotos y se les echa agua por un orificio. La acción del agua y el tiempo producen la deformación y el rompimiento de los cuerpos, haciendo evidente la operación de la naturaleza.

Exposición Individual: Victor Grippo — imagen 1
Victor Grippo. Tabla, 1978. Mesa de madera lijada, texto del artista en tinta indeleble negra, fotografía blanco y negro sobre papel de clorobromuro. 100 x 79 x 54 cm. (39 1/4 x 31 1/5 x 21 1/4 pulgadas). Foto: Oscar Balducci.

Durante los años noventa, cuando el requerimiento internacional sobre la obra de Grippo comenzó a crecer de manera acentuada en consonancia con su desarrollo, cambió también la perspectiva de valoración de ciertas obras particulares. En 1994 fue invitado a participar en la V Bienal de La Habana. Su propuesta surgiría, entonces, de elementos encontrados allí mismo. Así nacieron las Mesas de trabajo y reflexión, un conjunto de pupitres escolares de la época de la Revolución. Para ello hizo una selección de textos propios y ajenos, y los grabó sobre la tabla de cada uno de ellos. Uno fue de su poeta amigo Jorge Calvetti, otro de su maestro espiritual Elías Piterbarg y demás. El claro antecedente de esta instalación era la paradigmática Tabla de 1978, en la cual vibraba ese texto suyo que hoy podemos leer como una de sus declaraciones estéticas: “Sobre esta tabla, hermana de infinitas otras construidas por el hombre...”. Allí con un hondo sentido poético y humanista, Grippo realizaba una manifestación integral que abarcaba todas las instancias de la vida humana, desde el sustento físico de supervivencia, pasando por el trabajo humano, fundamental también en su estética, la comunión congeneracional de la especie, hasta la direccionalidad teleológica del raciocinio, la creación y la trascendencia. Esa breve operación cubana, a la que fue invitado por Lilian Llanes, fue clave. Al año siguiente, 1995, en Birmingham y Bruselas volvería a mostrar las Mesas, y volvería a instalar por segunda y última vez Algunos oficios de 1976, otra obra paradigmática, realizada en uno de los momentos históricos más terribles de Argentina. En ese período en que la violencia embestía de manera brutal en un país dividido, Grippo hacía un homenaje a los cinco oficios ancestrales y tradicionales de la historia del trabajo: albañil, herrero, picapedrero, agricultor y carpintero. Construir y no destruir y asesinar. La primera opción como el arquetipo humano por antonomasia. Una de sus estrategias más usuales era aquella de “los opuestos”. En algunos casos mostrada de manera explícita, en otros subyacente. En los “oficios” se trataba de escenificar, en ese momento histórico del comienzo de la cruel dictadura, la utopía del trabajo constructivo al peso de la realidad del homicidio por parte del poder. A través de esa oposición se lograba imaginariamente una síntesis equilibradora. El difícil equilibrio fue otro de sus grandes temas, ilustrado en tantas de sus cajas blancas. Algunos oficios fue acompañada de un texto poético de su autoría indispensable también. Y, finalmente, las Mesas se mostraron en la XI Documenta de Kassel de 2002, a pocos meses de la desaparición del artista.

Pacheco señala en su texto de presentación lúcidamente la tríada indispensable, que se podía percibir en el recorrido de la muestra, ciencia-poesía-alquimia, como pilares fundamentales del pensamiento artístico de Grippo. Es así que el peso de sus obras experimentales “en vivo” fue ponderado por un protagonismo de la palabra poética y una revaloración de las anteriores apariciones de la misma a lo largo de su proceso creativo. Cada frase se convierte en un enunciado en sí mismo. “Creo en la piedra, individuo elemental, forma muda de la vida” por E. Piterbarg, escribiría en la instalación La intimidad de la luz, en la Tate St. Ives, Inglaterra, 1997, que fue también recreada en el Malba. “Todos sus montajes están atravesados de corporalidad. Por esto no le hace falta representar el cuerpo”, dijo Justo Pastor Mellado en su recorrido al día siguiente de la inauguración de la retrospectiva. “El proceso de hominización”, como Grippo acostumbraba a llamar al tránsito humano sobre la Tierra, y la transformación fueron dos de los temas centrales de su obra. La exposición estuvo acompañada de un ilustrativo y completó catálogo en el cual los textos principales fueron solicitados a Ana Longoni, Adriana Lauria, Guy Brett, Lilian Llanes, Angeline Scherf y Justo Pastor Mellado.

MERCEDES CASANEGRA

Victor Grippo, por Mercedes Casanegra | artnexus