Evocar la palabra terror antes del 11 de septiembre era pensar en una miríada de cosas, desde los bárbaros hasta Robespierre, el Holocausto a los campos de exterminio camboyanos, las catástrofes naturales a las epidemias, la banda Baader Meinhof a Sendero Luminoso, Freddy Krueger a la leucemia. Pero, como todos sabemos, después de los devastadores ataques al World Trade Center y el Pentágono, ciertos políticos con agenda neoconservadora se apropiaron del mundo y lo transformaron. De pronto, el terror no fue sólo una táctica empleada por extremistas sino un estado de ánimo y algo que podía combatirse mediante la guerra. A partir de la caída de las torres, los medios de comunicación no sólo han explotado el sentimiento de temor e incertidumbre provocado por los ataques, sino que también han estimulado la paranoia, borrando, fundamentalmente, las diferencias entre noticia y entretenimiento, una tendencia anterior al 11 de septiembre. El éxito de los extremadamente populares reality shows como Fear Factor (una serie de sustos que a menudo incluye hacer que los participantes coman repugnantes alimañas y realicen acrobacias tontas y potencialmente peligrosas), Big Brother (la glorificación de la vigilancia), The Mole y Survivor (juegos que son una loa a la traición), transmitidos por la televisión, parece indicar que, más que un simple placer indirecto, el público ha desarrollado un apetito voraz por lo grotesco. Desde entonces, otros temores se han convertido en el objetivo del entretenimiento, como el miedo a ser despedido en El Aprendiz y el temor a la cirugía y la mutilación corporal en la serie Extreme Makeover.

En una época en que la cultura está obsesionada por el terror y saturada por sus representaciones en los medios, nada podía ser más apropiado que una exposición de arte que ofreciera a los artistas y al público la oportunidad de reflexionar sobre la naturaleza de las amenazas (reales e imaginarias) y evitar la dosis diaria de temor. Terrorvision, presentada por Exit Art, concebida antes del 11 de septiembre, es un proyecto artístico colectivo multidisciplinario que “examina cómo las definiciones de terror en la sociedad actual están formadas por visiones, experiencias, historias y recuerdos individuales y colectivos”. Es un esfuerzo por investigar la relación entre terror, historia, política, geografía y experiencias personales más allá de los clichés, las fantasías de Hollywood y los estereotipos raciales. La exposición fue organizada por el curador Papo Colo, quien creó la estrategia llamada Conceptplus: una convocatoria abierta para que los artistas presentaran sus propuestas sobre un tema determinado. De 650 propuestas se seleccionaron 36 obras de arte y 18 videos de 59 artistas internacionales.

Las obras abarcan desde las inquietudes más íntimas, como Beds (1984) de Gideon Gechtman, una pieza que representa el dolor, el sufrimiento y la pérdida ocasionados por la enfermedad, la cirugía y la muerte, y las cicatrices dejadas por el cáncer de seno de Ariela Shavid, hasta el miedo a la aniquilación representada por la bomba atómica, como en Cuban Long Filter (2004), de Barbara Broughel, una caja de cigarros llena de réplicas en miniatura de misiles nucleares soviéticos, un recordatorio satírico de la Crisis de los Misiles Cubanos, lo más cerca que hemos estado de la guerra nuclear. Joy Garnett también empleó imágenes de pruebas de bombas atómicas en su video de doble canal, Dominic Sunset (2003), una reflexión sobre las imágenes apocalípticas y los mitos de la guerra nuclear.

Pocas obras tocan el tema, todavía muy delicado, de los ataques del 11 de septiembre y sus consecuencias. Un artista llamado Flash Light creó I am Terrified of the Patriot Act (2004), una videoinstalación interactiva que corre frases que expresan temores relacionados con la estupidez de la Constitución, el aumento de la censura y la pérdida de las libertades individuales, pero cuando el espectador se acerca, las palabras son reemplazadas por una bandera estadounidense, referencia obvia al ondear de la bandera como mecanismo de defensa en una sociedad sobrecogida por la paranoia y el jingoísmo. Gabo Camnitzer también emplea la bandera estadounidense, pero en este caso está hecha de 273 Molotov Cocktails (2004), una apropiada metáfora para el explosivo estado del mundo después de las guerras más recientes de los Estados Unidos. Mark Gould y Michael Zansky crearon un video llamado I Live for Art, una referencia a la caracterización de Karlheinz Stockhausen de los ataques del 9-11 como “la obra de arte más grande en la historia de la humanidad”, una frase por la cual se disculpó después. Con un sentido más conspirador, Carina Gosselé y Michael Laird presentaron su video Cui Bono (2002) que, satirizando el formato de los espectáculos que incluyen información y entretenimiento, especula sobre los que se benefician de los sucesos del 11 de septiembre y la posible participación de la administración Bush en los ataques.

Uno de los temas más recurrentes de la exposición es el conflicto palestino-israelí, pero Hitler y Pinochet también están presentes; el primero, en Hitler with Bitten Off Mustache: Erasing the History (2004), un busto del dictador con el bigote literalmente arrancado de un mordisco, del artista búlgaro Kosyo. Iván Navarro recordó a Pinochet con The Briefcase (2004), un maletín con cuatro bombillas de luz fluorescente, una por cada ciudadano estadounidense asesinado bajo el régimen del general chileno. Aunque Terrorvision trata de incluir referencias y reflexiones sobre la mayoría de los horrores que afligen a nuestra época, no trata de asustar al espectador; por el contrario, es una exposición subversiva capaz de reírse del miedo. El humor está presente en You’re Killing Me (2004), de Robert Hickman, una pieza que invita al público a dispararle con un revólver a la imagen del artista que se mueve como blanco en una proyección de video interactiva generada por computadora. Gary Keown parafrasea Ceci n’est pas une pipe, de Magritte, en la época del terror, transformándola en Ceci n’est pas un coupeur de boîte (Esto no es un bisturí), una pieza que hace énfasis en que el bisturí se ha convertido en un arma de terror y nunca se podrá ver con los mismos ojos. Algo similar sucede con US Postal Mailbox (2004), de Fawad Khan, consistente en un simple buzón de correo, otro objeto que después del temor por el ántrax en 2001 se transformó en un potencial vehículo de terror.
Debido a su misma naturaleza, Terrorvision es desenfocada, caótica, irregular y deliberadamente desorientadora. Podría comparársela con un recorrido por una casa embrujada que lleva al espectador de lo trágico a lo absurdo, de lo político a lo íntimo, de lo cómico a lo atroz, sin tratar en realidad de entender o encontrar el sentido, las causas y objetivos del terror sino más bien de crear en el espectador sensaciones viscerales que reflejen el devastador efecto de confrontar la violencia extrema dirigida contra civiles inocentes.
NAIEF YEHYA

