Exposición Individualene 2005 - mar 2005· Por Craig Houser

Ruvén Afanador

Throckmorton Fine Art

La exhibición de 36 fotografías de Ruvén Afanador en Throckmorton Fine Art se inspiró en su libro Sombra (recién publicado por Merrell). En esta serie de imágenes, el objetivo principal de Afanador fue captar el aura femenina de la belleza masculina. Sus temas incluyen bailarines —algunos estirándose y de puntillas, con zapatillas de ballet o un tutú— y modelos, muchos de ellos con peinados elaborados y/o muy adornados, sugiriendo un sentido divino, aunque místico, del glamour. Entremezcladas aquí y allá se ven diversas imágenes, como suntuosos platos de comida preparada, un suculento racimo de uvas y brillantes vegetales maduros, haciendo énfasis en que el conjunto de fotografías trata, indudablemente, de deseo y consumo.

Por supuesto que Afanador no es el primero en examinar la belleza erótica masculina. Muchos fotógrafos, desde el barón Wilhem von Gloeden hasta Robert Mapplethorpe, han producido sorprendentes obras de estilo similar. Sin embargo, en comparación con Mapplethorpe, los desnudos de Afanador no parecen tan fríos y distantes, y el erotismo no se concentra de manera tan marcada en el falo sino que está más relacionado con la alegría y los rasgos hermosos del modelo. La obra de Afanador tiene mucho más en común con los afectuosos retratos de jovencitos hechos por Gloeden a finales del siglo XIX y principios del XX, así como con los de otros maestros de los primeros años de la fotografía. De inmediato se nos vienen a la mente referencias de los desnudos de Eugène Durieu, el estilo del retrato informal de Nadar y la exploración de técnicas de cuarto oscuro de Man Ray.

Exposición Individual: Ruvén Afanador — imagen 1
Ruvén Afanador. Sin título (No.2), 2003. 1/15. Impresión solarizada en gelatina de plata. 35,5 x 27,9 cm. (14 x 11 pulgadas).

Para Sombra, Afanador se inspiró en antiguos manuales fotográficos, con el fin de producir una serie de impresiones solarizadas, en blanco y negro, un proceso que, literalmente, invierte los tonos claros y oscuros —o la luz y la sombra— creando un efecto sorprendente, incluso surrealista. Además, las fotografías de Afanador se imprimieron en diferentes tonos metálicos como dorados y cobrizos, y algunas fueron blanqueadas antes de darles el tono. El resultado es que muchas de las superficies de estas fotografías revelan una sensación de fastuosidad y aumentan la apariencia seductora de las figuras masculinas.

Afanador escogió el título Sombra no sólo por las razones técnicas de la solarización, sino también como una forma de evocar el folcklor cultural de su nativa Colombia. Algunos colombianos emplean el término “sombra” con el significado de fotografía, y cuando Afanador retrata a alguien, dice: “Siento que estoy tomando una sombra de su alma, siendo la sombra mi percepción de ellos”. Afanador entiende que en algunas culturas, hacerse retratar es como hacerse quitar el espíritu y, con esto en mente, lucha por inspirarse en la esencia del alma de su modelo y animarla con su propia visión artística. Afanador también se esfuerza por enfocar la atención de su espectador en la figura misma, empleando siempre detrás del modelo el mismo fondo simple, sin adornos, que no distrae.

En 2000 Afanador recibió el premio como Mejor Fotógrafo en el Trophée de la Mode en París y ha trabajado para clientes tan importantes como Vogue, Vanity Fair, Elle y Esquire. A pesar de que ha logrado un gran éxito como fotógrafo comercial y su destreza es admirable, muchas de sus imágenes tienen también una estrecha relación con el arte sofisticado, evocando las pinturas de antiguos maestros como Caravaggio. Por ejemplo, un joven en cuclillas, con el cabello levantado, sostiene el dedo cerca de la boca, inocentemente, expresando una ligera decadencia en su total candidez, lo cual nos recuerda los retratos de hombres jóvenes de Caravaggio. En general, las fotografías fetichistas de Afanador que conformaron Sombra son muy ilustrativas, dan a entender feminidad y masculinidad, aspecto erótico y atlético, pasado y presente, fastuosidad y sencillez e, incluso, algunas veces, una sensación de superficialidad que es templada por la maestría técnica y artística del fotógrafo.

Ruvén Afanador, por Craig Houser | artnexus