Ofill Echevarría

Ofill Echevarría. Borderline, 2002. Óleo sobre tela. 115,5 x 179 cm. (45 1/3 x 70 1/2 pulgadas).

Monografíaene 2005 - mar 2005· Por Carol Damian

Ofill Echevarría

“La ciudad en acción y reacción”

Ofill ha congelado una moderna mezcolanza urbana en fragmentos de movimiento. Da la impresión de lo momentáneo revelado por un método pictórico que ha sido afectado por recursos tecnológicos como vídeo, película y fotografía para convertirse en su propia estética particular y la imagen de un ambiente falsificado. Ofill Echevarría ha organizado la artificialidad de la nueva tecnología para que actúe en servicio de una realidad sintética y como recurso para liberar a la representación del enfoque convencional.

Superficies reflectivas, distorsionadas, crean múltiples capas de refracción y distorsión de la perspectiva en las pinturas de Ofill Echevarría. Sus obras parecen producir el efecto de óptica de cámara que manipula la veracidad fotográfica de figuras en movimiento, reflejos arquitectónicos y fragmentos de vida urbana. En realidad, el efecto es totalmente inventado por el artista con pintura, y se logra debido a los medios tan tradicionales que inspiran cada paso del proceso. Empieza haciendo una meticulosa red con el fin de organizar la superficie de la composición, y luego dibuja su imagen sobre ella. A esto le sigue una minuciosa pintura al óleo que es un subterfugio bien elaborado de lo que parece ser una mancha. Diestro compositor, aunque encubierto, Ofill, de manera sutil, tal vez imperceptiblemente, reorganiza el mundo de la ciudad hasta que logra un nuevo orden de realidad perceptiva, revelando sólo aquello que contribuye a su estética personal: su interpretación artística de la vida urbana.

Monografía: Ofill Echevarría — imagen 1
Ofill Echevarría. Ritual de identidad/The lost identity, 2003. Óleo sobre tela. 60 x 214 cm. (23 1/2 x 84 1/5 pulgadas).

Ofill Echevarría estudió pintura en La Habana en la década de 1980; era miembro de artecalle, un grupo de muralistas y artistas del graffiti considerado revolucionario por el gobierno cubano, a pesar de su agenda no política de la cultura pop. Se graduó en la prestigiosa Academia San Alejo en 1991 y luego partió hacia México en busca de una beca para estudiar arte. Se quedó por casi diez años y luego se trasladó a Miami. La vida citadina siempre ha tenido influencia en la obra de Ofill Echevarría, quien continúa observando la realidad urbana que conoció en La Habana y la Ciudad de México e incorporando a la pintura sus impresiones de Miami. Hombre callado e introspectivo, está dedicado a explorar el sentido de vacío, anonimato y alienación que impregna mucha de la vida en la ciudad. Lo hace captando la ciudad en movimiento, sus habitantes demasiado impacientes y apresurados para hacer una pausa tan siquiera momentánea, y cuando lo hacen, es para colapsar en un estado de agotamiento total.

La capacidad de Ofill Echevarría para moldear su obra contextual e intelectualmente está construida sobre unas firmes bases académicas, conocimiento de la historia del arte y dedicación absoluta al arte de pintar. Su obra es sólida y enfocada, desde el punto de vista conceptual, y con cada nueva incursión en su exploración de la ansiedad urbana desarrolla métodos innovadores para transmitir sus ideas en pintura. Echevarría ha considerado una serie de temas que se relacionan, o que él ha relacionado, con la ciudad, que se han vuelto fundamentales para el desarrollo de sus obras más recientes y que sirven para dilucidar su base contextual. En 2000, como artista visitante en la Universidad de Rhode Island, presentó una exposición basada en la imagen de la Mona Lisa insertada en una serie de pequeñas pinturas de la ciudad de México. Buscando un ícono eterno de belleza que sirviera como estética unificadora, Ofill escogió su rostro familiar para representar la armonía que sería de importancia universal en el frenético modo de vida actual. Pero, a pesar de haberse movido más allá de tales recursos metafóricos, la ciudad sigue siendo lo más importante en su obra.

Monografía: Ofill Echevarría — imagen 2
Ofill Echevarría. Deshoras, 2003. Óleo sobre tela. 180 x 95 cm. (70 3/4 x 37 1/2 pulgadas).

El frenético ritmo de la ciudad es expresado en las imágenes más reconocibles de Ofill Echevarría predominantemente en cafés y grises monocromáticos, de un hombre de negocios, o un fragmento de él, en un traje cuidadosamente elaborado y llevando un maletín. El color es el café o gris del hombre de negocios, el mismo de la arquitectura, el pavimento, y una ciudad cuya super construcción la ha privado de la luz solar. El hombre corre por las calles, y las amplias zancadas de su movimiento nos recuerdan el ataque del Futurismo al pasado a través de la complejidad de las líneas y los patrones de repetición que simbolizaban el presente. A menudo aparece fragmentado y nunca se le puede identificar; se le capta en salas de junta, bares, en el metro, en las calles y pasillos, y su maletín es su posesión más preciada. Es el hombre sin rostro entre la multitud, perdido en busca del trabajo diario.

Ofill Echevarría también está en busca de algo. Para captar a su empresario y todo lo que éste representa, él inventa y reinventa imaginería pasada y presente. Una de sus obras más recientes representa a un ejecutivo exhausto, tirado en una cama, con el maletín todavía en la mano. Su cuerpo está escorzado de manera espectacular, sin duda en homenaje a Dead Christ, 1466, de Andrea Mantegna. En otras palabras, el ejecutivo es captado en la sombra o en el reflejo del calor de un pavimento o de las ventanas de un edificio. A menudo está fragmentado, sigue sin rostro, mientras brilla en un movimiento continuo, solo o en grupo: la multitud solitaria. De vez en cuando, Ofill Echevarría se centra únicamente en el maletín, como si éste fuera el ícono de la modernidad. Todo está en constante movimiento, presentado con una rítmica cadencia definida por la pincelada y la paleta monocromática, a menudo tan distorsionada que la imagen raya en lo puramente abstracto.

Monografía: Ofill Echevarría — imagen 3
Ofill Echevarría. Soñar is forbidden, 2003. Óleo sobre tela. 150,5 x 210 cm. (60 x 82 1/2 pulgadas).

Imaginemos una ventana de vidrio con una superficie de sentido único o reflejada, y la cacofonía de la ciudad reflejada en un movimiento oscilante para crear su propia extraña respuesta. Hombres, mujeres, autos, luces y el ajetreo y bullicio diarios son alargados, atenuados, difuminados y dilatados hasta que sólo queda la más efímera de las impresiones. Cuanto más tensión, más atenuada y distorsionada se hace la imagen, y el espectador siente la angustia del momento. Para cuando hemos asimilado lo que estamos viendo, todo ha cambiado —luz y sombra, tráfico, clima, gente, metros— y sólo queda un manchón. Esta imaginería nos recuerda el vídeo y la película, con sus dispositivos de avance rápido y congelamiento de imagen que por largo tiempo han influido en su obra y han contribuido a la complejidad óptica que produce la confusión visual y lleva a un reordenamiento abstracto de la realidad. Este reordenamiento también nos lleva de regreso a la organización original de su lienzo: la red que inspira el esmerado arreglo de sus temas, y la frecuente inclusión de diseños (las rayas de un cubrelecho o sistemas de construcción, por ejemplo). Como es lógico, Ofill Echevarría está explorando otras formas de transmitir esta nueva realidad mediante la abstracción, y en algunas de sus obras más recientes es casi imposible distinguir el tema, debido a que el acto de pintar se apodera de los efectos de la superficie.

Recientemente comenzó a renovar un interés que tuvo en sus comienzos por las formas arquitectónicas como base de su obra. Las ventanas aparecen no sólo como dispositivos reflectivos sino también como elementos del diseño de edificios para crear un ordenamiento geométrico complicado por la imaginería que se halla dentro. En Miami, una ciudad con una luz brillante, a veces enceguecedora, Ofill Echevarría ha comenzado a incorporar color para aumentar la complejidad de los reflejos y el movimiento de la ciudad y, sin duda, esto dará como resultado nuevas direcciones. Ofill Echevarría trabaja no desde un ángulo de visión sino desde varios de la misma escena, combinándolos en diversas formas hasta que su propio panorama compuesto tiene los elementos correctos de refracción y distorsión. Divide el campo pictórico (una escena callejera, un edificio, el reflejo de una ventana, un bar, una alcoba, etc.) con la red, aplica perspectivas amplias y recursos de perspectiva, cambia la imagen para oscurecer lo que es reconocible, y conduce al ojo dentro de la escena por medio de la pintura.

Monografía: Ofill Echevarría — imagen 4
Ofill Echevarría. El tiempo apremia/Time is golden, 2001. Óleo sobre tela. 140 x 160 cm. (55 x 63 pulgadas).

Ofill ha congelado una moderna mezcolanza urbana en fragmentos de movimiento. Da la impresión de lo momentáneo revelado por un método pictórico que ha sido afectado por recursos tecnológicos: como vídeo, película y fotografía, para convertirse en su propia estética particular y la imagen de un ambiente falsificado. Ofill Echevarría ha organizado la artificialidad de la nueva tecnología para que actúe en servicio de una realidad sintética y como recurso para liberar a la representación del enfoque convencional. Por último, es sólo a través de la pintura que Echevarría puede introducir el sentido de soledad, anonimato y alienación en el congestionado ambiente de la ciudad.

CAROL DAMIAN

Profesora y miembro de la Junta Directiva del Departamento de Bellas Artes de la Florida International University, Miami.

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