Desde que en los años sesenta el pop hiciera su irrupción en la escena artística, su estela ha sido seguida por numerosos artistas. Sustentando muy diversas estrategias tanto en el orden formal como en el conceptual, el lenguaje pop ha ido adaptándose en cada momento a las diferentes coyunturas y circunstancias temporales que conforman la reciente historia del arte, hasta convertirse en una de las vías de actuación artísticas más frecuentadas por nuestros jóvenes creadores. Al hilo del imbricado discurso de la postmodernidad, la ironía, el cinismo, el cuestionamiento los discursos dominantes, así como el relativismo —asuntos, por otra parte, que pertenecen a la propia genealogía pop—, se han abierto camino en las postrimerías del siglo XX para impregnar las manifestaciones artísticas de recursos efectistas y de un carácter lúdico que, a menudo, hace posible que el arte se disemine fácilmente en la cultura popular o de masas.

El trabajo del joven artista uruguayo Martín Sastre (Montevideo, 1976) entronca con lo anteriormente señalado. Echando mano de todo tipo de soportes como, entre otros, la fotografía, el cine, el dibujo y la escultura, este artista se hace eco de las estrategias pop para llevar a cabo un trabajo que a menudo resulta inclasificable, y en el que el cuestionamiento de la propia actividad artística figura entre sus objetivos más destacables. Desde esa óptica, cabe entender cómo su obra pretende ser desvergonzada y lúdica, irónica y popular, en tanto arremete contra discursos políticos y refinamientos estéticos.
Con el inicio de su actividad a finales de los años noventa, su obra fue expuesta, primeramente, en clubes de moda y tiendas. Con ello, Martín Sastre parecía querer eludir la definición artística que avalan los exclusivos espacios expositivos institucionales y galerías. En esa línea de actuaciones cabe situar sus primeras intervenciones videográficas, entre las que destacan True Hollywood Story, Masturbated Virgin, Heidiboy y Sor Kitty: La monja misionera.
Más recientemente, en 2002, Martín Sastre fue dado a conocer en España con la presentación de su obra Planet Sastre, en la Casa de América, su primera exposición individual en Madrid. En esta obra, junto a otros creadores españoles y latinoamericanos, Martín Sastre puso de manifiesto su interés por la cultura audiovisual que emana de Hollywood, en la que encuentra una de sus fuentes básicas de inspiración, y desde la que maniobra para desmitificar su vigencia. Otras fuentes recalan en la factoría Disney, o en íconos mediáticos como Lady Di, Candy Candy o los cómics japoneses. De este modo, Martín Sastre hace suyos estos íconos magnificando su papel y poniendo de relieve, al mismo tiempo, su edulcorada sustancia.
En ese contexto, cabe entender la exposición que ahora presenta en la Galería Luis Adelantado de Valencia. Bajo el título Paraíso Pop (levita conmigo), Martín Sastre despliega todo su ingenio, dando cabida en esta exposición a gran parte de los personajes que vienen ocupando su obra, siendo el propio artista —como es habitual en gran parte de sus trabajos— el conductor de la misma y su principal protagonista. Destaca, entre las obras que aquí se exponen, la producción videográfica, en la que Martín Sastre muestra, en mejor medida, el alcance de su trabajo. En ese sentido hay que señalar el interesante video The Iberoamerican Legend. El artista idea aquí un astuto plan con el que consigue trastocar el curso de la Historia tal y como nos la vienen contando. Con un guiño a Walt Disney, Martín Sastre, resucitado de la ultracongelación, da cumplida cuenta de las grandes transformaciones operadas en el mundo. En 16 minutos, el artista-narrador despierta de su frío sueño y nos conduce por una historia de ficción en la que los protagonistas han visto radicalmente alterados sus papeles y sus acciones, trasladando al espectador a otra historia en la que la realidad ha quedado transfigurada en una ultra realidad, cuyo control viene simplemente dado por los caprichos de la información de un telediario.
Asimismo cabe destacar la presentación del video Montevideo en la parte oscura del Pop, en el que la autobiografía conduce nuevamente a un relato salpicado de ácidas alusiones a los medios de comunicación de masas, a la política y a la propia actividad artística. Realidad y ficción se dan la mano en estos videos para trasladar al espectador una imagen de lo que somos y podríamos ser, ya que, como señala el propio artista, “quien controla la información tiene el absoluto control del futuro”. De otro lado, en videos como Barney has a little problem, Martín Sastre, no sin ironías, homenajea a una de las figuras principales del arte de la segunda mitad del siglo XX, el artista Mathew Barney, arremetiendo contra el star system del mundo del arte, al cual el propio Martín Sastre no es ajeno.
Mención aparte merece la incursión última del artista en una irregular producción de objetos que, a modo de esculturas, recrean sus propias fantasías. Lady Di, la madre Teresa o Britney son algunos de los personajes que cobran cuerpo en una serie de blandas esculturas, acicaladas por la estética manga de los celebrados cómics japoneses. Obras éstas que, careciendo de la rotundidad de su obra videográfica, resultan de muy difícil acomodo y comprensión dentro de su producción, aunque quizá con una más fácil salida en el mercado del arte.
