Una circunstancia urbana parece enmarcar con trágica coherencia la exposición individual de León Ferrari en Nueva York. Un tramo de la calle está cerrado al tráfico, incluso clausurado al paso peatonal. Si uno llega del sur de la ciudad —el sintomático sur en este caso con doble simbolismo—, hay que dar vuelta a la manzana para acceder al enclave de las dos salas del Drawing Center. Un coche policial custodia que esto se lleve a cabo. La exposición está atrincherada, la calle desolada presenta en el Soho una situación que recuerda destrozos, persecuciones, ataques y situaciones que Ferrari ha vivido, que muchos de nosotros hemos vivido, que Argentina ha vivido, que América Latina conoce al derecho y al revés. Vivencias que hoy ponen el sello a “lo global”, a estas desgracias que estallan en todas partes. León Ferrari se opone a las violencias ejercidas contra los seres humanos. El sufrimiento lo ha llevado a desquiciar la escritura para mostrar la deformación ejercida por la tortura, por el pensamiento oprimido. El dibujo se conforma en texto para expresar la angustia y la lucha. La preocupación de este artista conceptual de activa y sólida posición política vehiculiza su decir. Ferrari (1920) nació en Argentina y mantiene una marcada identidad con la situación de su país natal; se exilió en Brasil durante parte de la dictadura militar. A más de ochenta años de haber nacido, comprueba el delirio de una humanidad desquiciada que repite los mismos errores con un modelo de sinfín moebiano.
El Drawing Room del Drawing Center ofrece una cuidada exposición de obras realizadas entre 1962 y 1964. Aparentemente documental, un panel continuo cobija los 31 trabajos de tinta sobre papel y un collage que aporta la cita de esa opción también existente en sus trabajos. Espaciados, intensos, hasta se atreven con algún rasgo de humor para quien lee español. Interesantes, aún válidas en sus contenidos setentescos, es más, estas obras alcanzan hoy una desgraciadamente renovada vigencia. En esta selección de “Politiscripts” se encuentran varios trabajos sin título, otros de la serie Escritura deformada, y los que atienden a las referencias musicales. El título es una palabra inventada, compuesta, que indica con claridad que se exhiben lo que se caracteriza como bocetos, escritos o guiones políticos, sin ser uno ni otro estrictamente. Es un conjunto de dibujos caligráficos que han sufrido alteraciones, que expresan la interrelación entre el pensamiento y el gesto dibujístico.

Hay quienes pudieran ver la exposición de León Ferrari en el Drawing Room del Drawing Center como un estereotipo del porteño, propio del puerto. Pero la realidad supera los estereotipos. La obra de este artista atiende a metalecturas, se desprende naturalmente de esos reducidos límites y de una tan reducida percepción. Desde lo formal, entendiendo lengua como idioma, Ferrari grafitea el español y los idiomas españoles de América Latina en un peculiar modus conceptual que no desconoce el surrealismo. Pero su decir está marcado por la escritura y el dibujo realizados por él, o integrados por él, algunos a partir de artículos en periódicos, como la obra Swish and Swallow, también en tinta sobre papel con collage de un recorte de diario en el que figura el texto que lee y relee, escribiéndolo e interfiriéndolo. En cuanto a temas, lo hasta aquí mencionado debe acompañarse con referencias a la mujer y con realizaciones de dibujos-caligráficos. En cuanto a la organización de los dibujos caligráficos y cómo se afectan la superficie, el sentido y el espacio, los hay de composición pentagramática, de trama abierta, de trama cerrada, con intervalos sin trama, en deformaciones orgánicas, con circunvoluciones de la letra “l”, ilegibles, claramente legibles aunque en sintaxis y sentido alterado, alinternados (del tipo de las luces de papel de Lejano Oriente) y otros.
Pudiera ser que algunas personas quedaran atrapadas en los aspectos del lenguaje. Si así fuera, el boletín de prensa, la cédula de sala y la publicación permiten al público entrar por los meollos de la historia del artista, la cual se ha hecho trágicamente vigente una vez más. En dichos textos, el artista Luis Camnitzer pone en claro la incidencia estética y política de Ferrari. Indudablemente, en este momento, en que en el mundo entero están interactuando fuerzas destructoras, la decisión de presentar a este autor es una responsabilidad, implica una toma de posición y elabora acerca de ella. En el cuaderno que se publica en la citada institución, Camnitzer hace una inteligente referencia a la búsqueda de antecedentes, no señala todos los posibles, ni falta que hace. En cambio, cita al venezolano Simón Rodríguez —tutor de la niñez de Simón Bolívar—, con una plana de “Opinión del autor sobre la Libertad de Imprenta”. Esto no es sólo un merecido homenaje a Rodríguez, tampoco es sólo el rastreo documental de sólidos precursores creativos en el uso de la escritura y la línea dibujística; o del vector que alienta la búsqueda de las libertades individuales. Esta referencia también acude al llamado actual de gran parte de los habitantes de Venezuela, quienes están acribillados de ignominias (aunque la denominación política puede haber virado de cuando Ferrari inició su peregrinaje humanista en los sesenta).
Figura fundamental del arte argentino, quienes conocen su obra no pueden separar su vertiente conceptual de su acción y declaraciones contra el poder político, militar y religioso. En los años sesenta parecía fundamental una postura contra el nazismo; en el siglo XXI, continúa siendo imprescindible. Aún hoy y de manera más drástica se vive en sociedades laceradas, exaltadas por los ejercicios de la derecha. En la destrucción de los canales de responsabilidad humanitaria, el escri-dibujo de León Ferrari hace oír su voz. En cuanto a contenidos, esto es el centro de su obra. En la presente exposición se presentan 31 dibujos caligráficos; tal vez lo más difundido del artista, aunque ha realizado esculturas, textos formales, heliografías, declaratorias y otras manifestaciones. En los años sesenta, durante la dictadura militar, Ferrari formó parte de la denuncia Tucumán Arde, evidenciando la pobreza y explotación en esa provincia por el gobierno militar, los dictadores de turno en Argentina. Constantes denuncias que se suceden hasta el presente tienen vigencia porque en varios países de América Latina se corre con la misma suerte de entonces.
En un texto de Ferrari en relación con el primer encuentro de artistas del grupo Tucumán Arde en Rosario, Argentina, en agosto de 1968, el propio artista deja en claro su posición cuando dice: “El arte no será ni la belleza ni la novedad, el arte será la eficacia y la perturbación…”. Es un autor tan selectivo como amplio, se concentra mayormente en los aspectos de destrucción, negación y opresión en la Argentina de los sesentas, reclama por el silencio de la Iglesia ante los exterminios masivos. En Carta a un general (1963) pone de manifiesto un escribir-dibujar abstracto que relativamente alcanza a evadir la censura. Aunque recordamos que la historia muestra la escasa tolerancia a la abstracción de los grupos represivos.
León Ferrari está presente por tercera vez consecutiva en Nueva York, en un período de aproximadamente doce meses. Enumero: en la presentación de Arte Argentino que realizó ArteBA (empresa productora de la feria de arte en Buenos Aires) en las salas de Sotheby’s en el Drawing Room y en el Museo del Barrio. Simultáneamente, recibe atención de galerías y museos en otros estados de la Unión Americana y en Argentina. Es sintomático que este pequeño espacio perteneciente a la única institución sin fines de lucro en Estados Unidos, dedicada al dibujo y sus coexpresiones, exponga hoy una voz de valor histórico que tiene la doble imperiosa necesidad de ser oída en toda su magnitud y vertientes.
