Ocasionalmente, en la sala de proyectos especiales del Museo de Arte de Miami, MAM, se percibe un fenómeno muy curioso. Es como una especie de Triángulo de las Bermudas, donde muchos artistas con una obra muy significativa y de gran peso, parecen luchar contra algo desconocido en ese espacio, que parece acondicionar y unificar el espíritu de la mayoría de esas muestras.
Podría pensarse que el interés de la tradición didáctica de las instituciones museísticas (sin comprenderse cómo) actúa de una manera clara y lógica, para que el proyecto del artista también tenga esas mismas limitaciones.
Esta claridad y lógica (para llamarlo de cierta manera) son un método operativo permanente en el lenguaje de las instituciones museísticas, y también de todas aquellas que tengan un incontrolable contacto con la realidad. Sin embargo ya sus métodos en sí, forman parte de las preocupaciones estéticas de las nuevas tendencias del arte.
Gran parte de los artistas contemporáneos investigan y se inspiran en las metodología científica o botánica, para agrupar y archivar un sin número de objetos, códigos, símbolos o cuerpos orgánicos.

Quizás, la razón por abrazar tales métodos no es tanto por comprender la realidad, tal vez es para confundirse con ella, o en su defecto, para jugar al toro y al torero.
Jac Leirner presenta en el MAM su instalación Adhesive 44. Recientemente, su interés por las calcomanías la ha llevado a realizar instalaciones con innumerables calcomanías adheridas a vidrios de los automóviles.
Acumulando cosas de relativa importancia como billetes devaluados, cajas de cigarros, bolsas de papel o de plástico, accesorios robados de las líneas aéreas, ha sido como Jac Leirner constituye el verdadero soporte de una idea.
El verbo acumular es lo que define el desarrollo de su trabajo. Se podría decir que es Arman, a finales de los años cincuenta, quien introduce el concepto de acumular a la pintura y escultura como una nueva expresión creativa. Sin embargo, Jac Leirner le otorga a la acumulación algo diferente y literal, le agrega la disciplina, la pasión y la astucia del coleccionismo.
El público acostumbrado a ver la obra inimitable de esta artista brasileña, sentirá una extraña sensación al entrar en este recinto. Una elegante construcción de aluminio, sobre la que se desplazan una serie de ventanas, ocupa el espacio central de la gran sala. Allí, el espectador es invitado a convertirse en un nuevo voyerista de las más comunes y triviales calcomanías; las mayorías pertenecen a sistemas de registro, embalajes y promoción de empresas privadas. Otras representan marcas de artículos juveniles, como marcas de zapatos o ropa y, en algunos casos, referencia al mundo de la música pop. Algunas calcomanías registran el paso de la artista por las diferentes Museos o ferias de artes internacionales.
Si de sensaciones se trata, esta instalación presenta una gran oportunidad para sorprenderse, y vagar circularmente alrededor de ella, hipnotizado por esa innumerable cantidad de calcomanías que la artista ha coleccionado durante 20 años. Pero las sensaciones se multiplican como las imágenes observadas, para terminar pasivamente en reflexiones hiperbólicas, que uno de verdad, no desea comprender, pues las calcomanías, como los cómics, son para disfrutarlas y olvidarlas y volverlas a disfrutar.
Adhesivo 44, parece romper violentamente con el cuerpo lacónico de las instalaciones anteriores de Jac Leirner, obras de esperas y soledades; como la infinita sábana de colores tejida por la amante abandonada de la película Como agua para chocolate.
La soledad en las obras anteriores de Jac Leirner es lujosa, crítica y blasfema. También se alza en pie de guerra contra una burocracia ancestral. La sorpresa de ver su nueva instalación, golpea nuestra memoria con otros recuerdos aún frescos a pesar del tiempo.
Ver Adhesivo 44 es recordar sigilosamente El gran vidrio de Duchamp; mientras estamos hipnotizados y saturados por el esplendor de la transparencia predecible de esta nueva instalación. A diferencia de El gran vidrio —que está lleno de claves secretas y de una simbología tan compleja que Octavio Paz, tuvo que publicar un gran ensayo para hacer entender esa complejidad— la instalación de Jac Leirner parece permanecer lejos de la simbología y de difíciles interpretaciones.
Esta es una especie de penetrable, con dos planos horizontales paralelos, construidos con ventanas desplazables, en cuyos vidrios se aglomeran su colección desvariada de calcomanías. Descansa sobre una estructura de aluminio, firmemente construida a lo largo de la sala, donde el espectador, invariable, descubre en ambos lados el espejismo nuevo de símbolos impostores.
Uno podría preguntarse qué significan todas esas calcomanías, pero esa es la pregunta incorrecta; al final, qué importa qué significan. Los significados abundan por todas partes, y todavía hay algo en ellos que no está bien; ¡quizás, significan demasiado!
Desde que Picasso, aplicó el collage a sus cuadros, el artista no ha parado de “descubrir” nuevos collages, y se ha convertido hasta ahora en una tradición interesante, pues a medida que se inventan nuevas técnicas o nuevos materiales, éstos de alguna manera son reenganchados en esta tradición.
El paisaje de esta estructura de aluminio sirve de soporte para el discurso gótico y festivo de las imágenes. En realidad, la estructura de Jac Leirner es una estructura muy simple; pero esa simpleza domina el espacio del MAM con gran precisión y convierte esa sala en un espacio hasta ahora desconocido.
Más allá de los múltiples objetos relacionados con sus viajes internacionales o los famosos billetes devaluados, con los cuales ha trabajado anteriormente, se observa en su trabajo, de manera constante, una cualidad muy especial y contundente relacionada con la aguda relación entre la obra y el espacio museístico, que parece aumentar a medida que la artista va penetrando progresivamente en los espacios institucionales.
Demuestra cómo cualquier objeto desapercibido producido en serie (como el asombroso hilo metálico que se usa para abrir las cajetillas de cigarrillos), tiene potencialmente toda la fuerza para una escultura o instalación monumental.
Jac Leirner sufre y goza uno de los grandes síndromes de esta época contemporánea, que es coleccionar y clasificar objetos inútiles (alivio del drama ecológico).
EUGENIO ESPINOZA
