Francisco Toledo

Francisco Toledo. Bat-Ikat, 2002. Óleo sobre lienzo. 85 1/2 x 122 cm. (33 3/4 x 48 pulgadas).

Entrevistaene 2005 - mar 2005· Por Santiago Espinosa de los Monteros

Francisco Toledo

Entrevista

Oaxaca tiene siempre significaciones especiales para las artes visuales, quizá por la enorme carga simbólica que a esta ciudad han otorgado autores como Rodolfo Morales, Sergio Hernández y, por supuesto, Francisco Toledo. Conversar con él significa buscar el espacio de silencio exacto para intentar conocer algunas de sus más arraigadas ideas. Sus palabras salen en voz muy baja, al contrario de lo que dice, que es siempre intenso y fuerte.

La primera cita es en el café de la Galería Quetzalli*. El lugar tiene un solo comensal: Toledo. La plática inicia en una mesa junto a un rincón. Estamos a salvo de la mirada de los cientos de personas que caminan por la calle empedrada junto a uno de los imponentes muros de la catedral de Santo Domingo. Son los últimos días de La Guelaguetza1, se escucha de fondo a una de las muchas bandas de música que se ubican en las calles. Las palabras de Francisco se mezclan con la música que en ocasiones sube por encima de su voz. Después de un café iniciamos el recorrido por la galería...

Santiago Espinosa de los Monteros: Recordaba el asunto aquel de la piel de vaca, de cuando en la infancia dormías a veces en ella y…

Francisco Toledo: ... mi padre tenía un sueño, que era que su cama se hacía chiquita, se iba encogiendo y él estaba durmiendo, y claro, se caía de la cama. Pero es un sueño que tuvo mucho tiempo y que se repetía. Lo tenía cuando ya había hecho sus negocios, tenía éxito y todo eso. Él era de una familia muy grande. Su papá, mi abuelo, era zapatero, entonces él compraba unas pieles grandes para la suela de los zapatos y los niños dormían encima de las pieles. Pero claro, si había un encargo de hacer zapatos, pues se iban quitando pedazos de las pieles, entonces los niños se iban arrinconando cada vez más y más hasta que… pues ya no había piel, se acababa... Entonces venía otra nueva piel de vaca, y mi papá relacionó este sueño que tenía con las historias de la piel que mi abuelo recortaba con las formas de las suelas para hacer los zapatos, y se acordaba de ellos durmiendo en esas pieles, por eso en sus sueños su cama se encogía, se hacía chiquita. Y bueno, he tratado de hacer esta imagen, ahora con la mica he estado cortando suelas, bueno, formas de las suelas de zapato, y estas pieles que hice, son pieles que compré en Ocotlán, en la tierra de Rodolfo Morales; es más, él me llevó con el señor donde hacen estas pieles.   De hecho las usan como pergaminos, pero no muy bien trabajados, no son tan finos, son un poco gruesos y son los que usan para los diplomas de las escuelas y eso... Yo compré varias de estas pieles.

Entrevista: Francisco Toledo — imagen 1
Francisco Toledo. Aparato digestivo, 2002. Óleo sobre tela y masonite. 51 x 61 cm. (20 x 24 pulgadas).

S.E.M.: En tu trabajo sigue saliendo mucha de tu influencia de infancia. Por ejemplo, aquí están las pieles del taller de tu abuelo, está la experiencia de tu padre, las micas, las formas de las suelas, tu abuelo zapatero... todo eso vuelve otra vez, regresan esas imágenes que además has trabajado mucho en tu obra...

F.T.: Pues sí. No sé si llamarlo obsesión, o si es un refugio también. Bueno, me trae muchos recuerdos de esa infancia... La personalidad de mi padre, que nos marcó muy fuertemente, hace que esté muy presente, pues el mundo que él vivió, la tradición juchiteca, todo eso, es muy fuerte. De hecho cuando yo estuve cuatro o cinco años en provincia2, regresé a México y me fui después a Juchitán; quería volver al lugar de donde había salido mi padre, estar con las hermanas de mis padres y vivir un poco lo que él había vivido de niño. Y bueno, creo que de ahí me voy a París.

S.E.M.: ¿Tú estarías de acuerdo en que infancia es destino?

F.T.: Pues en parte. No, no sé, yo no tengo qué decir... (y ríe ampliamente). Me acuerdo de cosas, por ejemplo, en Minatitlán vivíamos cerca del río y había algunos animalitos, pero en Juchitán, con Elisa, ahí sí había sapos porque estábamos justo a la orilla del río. Elisa tenía que barrer los sapos de tantos que eran. A veces se juntaban miles porque en la entrada de la casa teníamos un foco que se quedaba prendido toda la noche, entonces ahí se iban las palomitas y otros insectos atraídos por la luz, y llegaban los sapos a comer durante la noche, pero en la mañana eran tantos que no podías abrir la puerta y tenías que empujarlos y luego barrerlos... A una de mis tías le hicieron una curación con sapos. Estaba enferma de los nervios y la curaban desnudándola y envolviéndola en una sábana llena de sapos. Santiago Ramírez atribuía la curación al miedo, a la impresión de tener los sapos pegados al cuerpo moviéndose, sin poderse escapar, pero cuenta que una vez leyó que los sapos segregan una sustancia que tranquiliza...

S.E.M.: Al revisar tu trabajo, veo que hay muchísimas ataduras a tus primeros años de juventud, a tu primera estancia europea, a toda esta parte formativa de tu vida.

F.T.: Sí, bueno, todo lo que yo pinté cuando vivía en París está hecho de la nostalgia de la tierra, que es un lugar donde yo casi no viví, que más bien lo viví a través de lo que mi padre nos contó. Cuando yo regresé a Juchitán, realmente descubrí otro mundo, no solamente el de mi padre, sino otro mundo, pues lo viví, me casé ahí con Elisa3, la madre de mis hijos, fundamos la Casa de la Cultura. Todo eso fue una experiencia muy importante para mí y claro, vi muchas cosas de las que vivió mi padre, pero también descubrí muchas cosas que no me contó, como esta historia de la familia, ¿no?, de revolucionarios, de (José F.) Gómez, que sí se hablaba de él en la casa, pero como una cosa muy rara. Nunca supimos finalmente quién era este personaje, hasta que yo regresé a Juchitán y escarbé por todos lados y encontré documentos, cartas familiares, entrevistamos gente que había vivido estos momentos del levantamiento durante la infancia.

Entrevista: Francisco Toledo — imagen 2
Francisco Toledo. Conejo descabezando fríjol, 2002. Óleo sobre lienzo. 40 x 50,8 cm. (15 3/4 x 20 pulgadas).

S.E.M.: Pero el Che Gómez vive un poco oculto en las historias de tu familia, ¿por haber sido asesinado o por la posición partidista que él tuvo?

F.T.: Bueno, mi padre estaba en una situación difícil, porque por parte de su padre eran rojos, o sea los que llamaríamos conservadores; y por el lado de Che Gómez, de mi abuela, eran verdes, más radicales. Creo que mi papá tenía como un poco más de simpatía hacia las gentes coloradas; no sé si también porque su padre era colorado y por la influencia y lo que se contaba. También es cierto que eran los que habían ganado la guerra. Pero cuando nosotros descubrimos que la causa de los verdes era más noble, entonces mi padre también entendió mejor la situación, y ya. El pueblo estaba muy dividido y la gente tomaba su partido. Me contaban que mi abuela pintaba sus gallinas de rojo con agua de palo de Campeche, que tiñe muy fuerte, y así las podía distinguir de las demás y no se las robaban. Ahí andaban las gallinas rojas por todas partes, del color del partido, coloradas...

Nos hemos detenido varias veces frente a su obra y la conversación viaja en direcciones inesperadas. Su interés en explicarme algunas técnicas llega hasta los más pequeños detalles. Nos rodean los animales, los de ahora, los de siempre. Su imaginería además de inagotable es de tal abundancia que parecería que rescata en cada pieza a seres que ya nos son familiarmente entrañables, habitantes de su animalia tan particular. Estamos frente a un murciélago que vuela a gran velocidad hacia nosotros...

F.T.: Éste es Bat-Ikat. Es como el tipo de tejido que usan los rebozos. No sé cómo se llama aquí en México el Ikat4, pero es un término que se usa en todo el mundo para referirse a este tejido. Esta parte es como se ve el tejido (dice mientras señala el fondo del cuadro detrás del murciélago). El nombre lo puse por el animal, Bat, que era más sonoro; Bat-Ikat me gustó.

S.E.M.: ¿Y estos changos son los monos salvajes de otros años?

F.T.: Bueno, en parte trabajo ahora en términos de la academia de Kafka5, con esta historia de un chango que es cazado y luego llevado a la civilización. Pero adquiere un aprendizaje en el barco donde lo llevan, y los marineros empiezan a fumar y a tomar y él los observa; y después con esa enseñanza, habla y empieza a caminar. Y bueno, luego lo llevan al mundo civilizado y ahí tiene que escoger entre el zoológico o los espectáculos y está dando un informe de su vida pasada, y ¿qué más pasa?

S.E.M.: Pero tú ya habías utilizado mucho la iconografía de los simios en otros años, ¿viene todo de Kafka o existen otras fuentes?

F.T.: El Popol Vuh siempre viene a cuenta, porque es un libro que a mí me interesa mucho. Por otro lado, también lo de Kafka en este momento se me hace muy curioso, porque salió la noticia de que en el zoológico de Tel Aviv, los changos estuvieron enfermos del estómago, estaban muriéndose, y uno de ellos después de pasar su crisis ya no camina en cuatro patas, ¡camina en dos patas! Tengo 100 grabados, puedes verlos si quieres allí en el taller, no están terminados todavía, pero ya hay un avance.

Seguimos el recorrido, hablamos de amigos en común. La música no ha dejado de sonar y algunas personas que se meten a la galería para mirar la exposición descubren a Toledo y le piden fotografiarse con él. Toledo accede, sonríe, mira a la cámara, agradece a quienes se han interesado en él pero al instante ahoga cualquier posibilidad de inicio de conversación con un rápido movimiento de cuerpo que me hace seguirlo hasta la siguiente sala.

S.E.M.: ¿Esta piedra de mica se consigue aquí, se trabaja aquí?

F.T.: Sí, claro. En tiempos prehispánicos Oaxaca era un exportador de mica... toda la mica que se encuentra en Teotihuacán, en las urnas que tienen ojos y decorados en las orejeras, puede ser que todo lo llevaran comerciantes zapotecos y mixtecos al Valle, a México, y creo que también hacia Chiapas y a toda la zona maya. No sé si aquí es donde se concentran todas estas minas de mica. Yo las descubrí cuando estaban restaurando Monte Albán, levantaron pisos y entonces había micas que las usaban para aislar las construcciones de la humedad. Había grandes cantidades en el piso. Ahí empezó mi interés por la mica. Y hay varias clases, ésta es la mica blanca, que es la más difícil de encontrar... Estas micas redondas las saqué de una plancha. Las planchas viejas pueden conservar el calor muy bien porque les metían la mica, y la mica conserva el calor. Han caído en mis manos así pedazos de micas recortadas que han estado dentro de las planchas. Pero es una forma que te remite también a las orejeras prehispánicas.

Entrevista: Francisco Toledo — imagen 3
Francisco Toledo. El parecido, 2003. Acuarela, hoja de oro, pastel sobre papel. 34,2 x 43 cm. (13 2/4 x 17 pulgadas).

S.E.M.: ¿Tú sientes que estás regresando un poco a esta forma de armar, de construir tus cuadros, a como los hacías en los años sesenta o setenta ?

F.T.: No sé, no sé cómo estoy, si estoy o cómo… si estoy de regreso o no, pero bueno...

S.E.M.: Mi casa es tu casa, cortesía de la muerte (leo el título en alto y miro a Francisco esperando un comentario. Ríe).

F.T.: Por supuesto... ¡es muy cortés!

S.E.M.: Esta parte me interesa mucho. Estos cuadros que se llaman Juego del lagarto ausente y Mi primera lección de botánica los siento totalmente distintos, excepto quizá por los materiales, pero son muy diferentes de lo demás, están como un poco apartados del resto de la composición de tu obra. ¿Tú sientes eso también?

F.T.: Sí, sí claro, sí tiene algo. Pero éstos son de hace muy poco, creo que también éstos... (estamos ante Frijoles, laberinto y El misterio del frijol saltarín). Sí, son muy diferentes, pero bueno, esta cosa del frijol saltarín, ¿sí sabes esta historia de los surrealistas? Cuando André Breton se llevó un frijol saltarín a Europa y fue una gran sensación, porque el frijol brincaba, uno de los surrealistas dijo: "¿ Y esto qué cosa es?", y lo abrió. Y entonces Breton se enojó mucho. Dijo: "Eso no se hace", Les explicó que esas cosas no deberían hacerse porque el misterio es el misterio y no se debe ir allá dentro para saber, para ver. Se supone que expulsó al que lo abrió, como que se rompieron relaciones, lo expulsó del grupo o dejó de hablarle; fue vetado6.

S.E.M.: ¿Tú sientes que tu obra, de alguna manera, es también este frijol saltarín en donde el misterio es el misterio y no hay que buscar más, sino tomar sólo aquello que está ahí?

F.T.: Sí claro, es como no tener revisiones, mantenerte alejado, no preguntar mucho.

Muchas obras en esta exposición están relacionadas con los frijoles. Los hay saltarines, en su laberinto, bayos, arriba y abajo, en cuanta forma sea posible imaginarlos. Pero también están como representación de vida, de fertilidad y símbolo germinante de narraciones que nacen de la imaginería de la labranza.

S.E.M.: El Conejo descabezando frijol no sólo descabeza al frijol, sino que de paso se corta las orejas también, y el frijol y el conejo sangran. ¡Hay sangre ahí!

F.T.: Sí... no sé por qué, ¿eh? Así salió, a lo mejor se me fue un rojo por ahí...

S.E.M.: En Preocupaciones de un padre de familia, ¿pones tu propia historia en juego en esta pieza?

F.T.: Sí, sí, sí sí, claro, soy yo (risas). Bueno, era inevitable, aunque no la recontexto (sic) dentro de mí, pero mira esta pieza, esto es curioso: estos círculos de mica son de una plancha. Han caído en mis manos así pedazos de micas recortadas que han estado dentro de las planchas. Es una forma que me remite también a las orejeras prehispánicas.

Continuamos el recorrido ahora en la bodega de la Galería Quetzalli en la que han sido desplegadas la mayoría de las piezas. Aquí están también las cerámicas que hizo en el taller de Adán Paredes. Se trata de unos sapos que quizá muy pronto formen parte de las fuentes de agua con cochinilla que se encuentran en Etla, a unos kilómetros de la ciudad de Oaxaca y que es una antigua fábrica que Toledo está convirtiendo en centro de arte. La conversación toma un rumbo más íntimo. El tesoro guardado sigilosamente detrás de una de las miradas más vivas de la plástica mexicana contemporánea, poco a poco deja entrever algunas de las más personales historias que, de paso, nos dibujan la estructura íntima de este creador.

F.T.: ... mi madre era capaz de dar un servicio a la casa, a cambio de que pudiera ir a la escuela. Y bueno, es un gesto como muy generoso de su parte. Era una persona muy dulce, muy suave.

S.E.M.: Yo conocí a tu mamá, ¿recuerdas?

F.T.: Ah, ¡sí!, claro.

Entrevista: Francisco Toledo — imagen 4
Francisco Toledo. Mi casa es tu casa... cortesía de la muerte, 2002. Dibujo a lápiz sobre masonite. 45,5 x 61 cm. (16 x 24 pulgadas).

S.E.M.: Un día que fuiste a comer a la casa luego te llevé a un departamento en la Colonia del Valle y estaban ahí Chacha7 y tu mamá. Yo solamente te pasé a dejar, pero tu mamá no me dejó ir y me insistió en pasar. Tomé algo, no recuerdo qué era, pero estuvimos un rato largo conversando.

F.T.: Sí, ella era así, de un carácter muy suave, muy paciente, no sé si de ahí me viene un poco el interés por la gente; pero es doble porque también la gente me irrita mucho, y a veces me harto de todo, ya me quiero ir, ya quiero cerrar, y a otra cosa. A lo mejor están los dos modos, ¿no?, el de mi padre y mi madre; la impaciencia y la paciencia. Yo puedo ser como muy neurótico y al mismo tiempo como muy miedoso y muy valiente, muy osado y pelear y estar en cuestiones de riesgo de vida, pelear. Y al mismo tiempo después me doy cuenta de que no soy eso, que yo soy eso pero que también, es una forma de ser. Por otro lado, está toda la historia de Juchitán, y de la familia. Y cuando miro eso veo que hay como las dos partes que me influyen. Bueno, pero antes de eso te contaba que en mi familia hubo un pariente que encabeza algo, una revuelta. A lo mejor por ahí nos viene ese lado de querer participar en los movimientos...

S.E.M.: Cuando hiciste la exposición Lo que el viento a Juárez en la Galería López Quiroga, todavía en su local de Av. Masaryk, me acuerdo que tú y yo platicamos de una propuesta de exposición, y recuerdo un poco esta necesidad tuya de recoger una serie de historias sobre la acción de Juárez, el gobernador, que fue el que incendió Juchitán porque le era adverso, historias que hacen llorar y que ni algunos juchitecos ni la historia oficial querían recordar. Fue una cosa terrible. Y ahí estabas tú con esa necesidad, esa vocación tuya de revalorar y de revaluar una serie de mitos.

F.T.: El que me contaba muchas cosas era mi padre, que tenía muy buena memoria. En la mesa de la casa siempre él estaba hablando a la hora de la comida y de la cena. Siempre hablaba de recordar y machacar la historia de la familia, la historia del pueblo, y entonces como que a veces nos decía cosas que no sabíamos a qué se refería, quién era Che Gómez, quién era don Pablo Pineda, quién era el revolucionario que peleó contra el Che Gómez, que también era familiar de nosotros por el lado de mi abuela... A mí me tocó conocerlo en México cuando era yo niño de cinco o seis años, y estaba en que no quería regresar a Juchitán, había algo terrible con los del otro partido... Y bueno, todas estas historias sólo se quedaban ahí en la memoria, sin saber muy bien en qué momento habían sucedido. Por eso me fui a ver a gente que nos contaba historias, para rescatar todo esto y tener como una memoria. Y bueno, en ese momento todavía vivían dos hijas de mi abuela, ya grandes, una era la tía Guillermina. La llamábamos para que nos contara cosas, yo tengo fotos, yo tengo cartas, yo tengo telegramas, yo tengo todo. Y le compramos todo el archivo y lo publicamos completo, todos los telegramas, las cartas, había ahí los juicios que se hicieron. Y yo y Elisa hacíamos entrevistas, íbamos a todos lados, reuniendo material, y lo pusimos todo en la Casa de la Cultura de Juchitán donde también trabajamos y se empezaron a comunicar entre la gente y fuimos conociendo ya la historia más completa. Con todo ese material lo fuimos conociendo más a fondo.

S.E.M.: ¿Esos archivos dónde están ahora?

F.T.: Curiosamente aquí en Santo Domingo. El archivo de Benito Juárez Maza (hijo del presidente Benito Juárez), que es el gobernador que estaba durante la revuelta está aquí, además de que es un archivo del que habían robado una parte. Los telegramas estaban aquí en Oaxaca en el Palacio de Gobierno y eran parte de la documentación, pero esa documentación estaba incompleta porque alguien los había sacado, y luego me enteré de que lo que faltaba había ido a dar a manos de la tía Guillermina, y eso fue lo que yo recuperé y lo que entregué al Gobierno del Estado, bueno, a la institución a cargo del archivo de Juárez Maza. Y ahí está. Y bueno, todavía a veces encontramos cosas que seguimos llevando allá. Todas las fotos de familia también, porque había muy pocas cosas; como casi no había costumbre de tomar fotos, sólo están las de los certificados de bodas, de 15 años, pero empecé a conocer más cosas cuando me interesé en la foto como a los 16 años.

La conversación se alarga sobre la historia de su familia, las revueltas, el pariente que encabezaba una importante revuelta y que era buscado para eliminarlo y al que el presidente Francisco I. Madero le envió un salvoconducto para que llegara hasta él y tener una entrevista que apuntaba a ser histórica, la cual no se pudo llevar a cabo, pues en el monte fue víctima de una emboscada fatal organizada por el gobernador Juárez Maza, que se había plegado al porfirismo. La historia fluye en sus frases como quien abre uno de los capítulos menos conocidos de la historia reciente. Y regresamos del Toledo líder social al autor, a la persona, a quien cuenta de sus hijos y de sus nombres.

S.E.M.: ¿Es por eso que tus hijos vienen a tomar los nombres de la familia?: Laureana, Benjamín.

F.T.: El abuelo era Benjamín. Yo mismo me llamo Benjamín.

Entrevista: Francisco Toledo — imagen 5
Francisco Toledo. La rana ovillada, 2002. Óleo, temple sobre cartón y madera. 28 x 35,6 cm. (11 x 13 3/4 pulgadas).

S.E.M.: Tú eres Francisco Benjamín, pero ¿lo celebras el 4 de octubre?

F.T.: No, no, nunca he festejado, no celebro mi cumpleaños ni mi santo. Pero me llamo Benjamín como el abuelo, y yo desde niño siempre fui Benjamín, hasta que fui a Oaxaca y fui Francisco Benjamín y me empezaron a llamar Francisco más que Benjamín, pero hay una manera de llamar a los Benjamines en el sur de Veracruz, que es Mincho. Yo era Mincho.

S.E.M.: Ahora que sacaste toda esta obra después de dos años que hiciste en parte en Los Ángeles, ¿cómo te relacionaste con ella?

F.T.: Pues estoy un poquito sin saber realmente... bueno, ésta es excepcional, es una obra que hice y luego la guardé, es una obra que hace dos años que no veía, entonces ¡me la imaginaba mejor! (risas). No, no me encantó. Creo que no, me decepcionó un poco, la veo de reojo.

S.E.M.: Pero sin duda ésta es una obra mayor, ¿por qué no la querías ver en tu casa?

F.T.: No sé. Fue tanto esfuerzo salir de Oaxaca para irse allá a Los Ángeles, estar en un trabajo tan feo, en el extranjero, en ese barrio tan feo, que... No, pero como que yo lo vi que me costó tanto esfuerzo que debió haber salido algo mejor. Muchas cosas estaban guardadas y yo nunca las volví a ver, estaban empacadas, hasta ahora.

S.E.M.: ¿Cómo sientes que se combinan las cerámicas nuevas que acabas de hacer con las obras que ya tenías guardadas?

F.T.: Como trabajo reciente, para mí, es como un volver, después de 20 años, a la cerámica. Son dos materiales distintos, pero sí hay algunas afinidades. De algún modo, la cerámica me dio un nuevo aire en este momento. Lo que pasa es que sí tuve como una época muy difícil. Yo estaba en México haciéndome pruebas de sangre y de cosas, me sentía muy cansado, estaba  muy deprimido, me desmayé dos veces, sin más ni más, perdí el conocimiento, me paré y me volví a desmayar, no me di cuenta que me desmayé dos veces. A partir de esto me fui a México a hacer exámenes. Ya tenía problemas para algunas cosas, estaba cansado, de mal humor, un poco harto de trabajar. Me encontraron algo en el pulmón, una mancha, o no sé como le llaman, y me mandaron a otros exámenes, y a otros, y a otros, no sé qué tipo de examen pero no salió nada. Ya los ánimos a veces me han faltado. Hay períodos así. Yo no sé de eso. Bueno, claro, el doctor me dijo:"Yo no encuentro nada", sólo que si el azúcar, que si la presión, que si la tensión, desvelarse, la pintura.

S.E.M.: Yo te veo lleno de proyectos, lleno de trabajo, lleno de energía.

F.T.: Algunas veces trato de descansar. Pero yo ya no puedo tomar, y como que hace falta para estar con la gente, comunicativo, un poquito como con más chispa, y ya no puedo, yo generalmente me tomo una cerveza, una o dos al mediodía, que no es mucho tampoco. Pero ahora me quitaron las dos que me tomaba. Ya no puedo ligar. Ya no estoy en edad. No tengo una constitución tampoco muy fuerte... Mi padre era muy, muy fuerte, y bueno, yo no.

S.E.M.: No, pero tienes que trabajar muy duro. Tú trabajas a veces jornadas muy largas.

F.T.: Soy como muy rápido, puedo hacer las cosas de momento y seguido y aventarme una jornada de muchas horas, como que hay cierta cosa nerviosa. Estas cerámicas, por ejemplo, son de tres semanas. Hace tres semanas que juntamos todo el trabajo, y hay todavía más, hay que meterlo al horno, pero no hay tanto, sí es tiempo invertido, pero no hay tanto... te deja tiempo y energía para hacer otras cosas. Ya veremos qué pasa.

NOTAS

1. La Guelaguetza es una de las festividades vivas más antiguas de México. Se lleva cabo en el estado de Oaxaca y es conocida también como Lunes del cerro. Sus organizadores aseguran que es la festividad tradicional más grande de América Latina, pues a ella asisten miles de habitantes de todos los pueblos de Oaxaca. Combina las tradiciones indígenas zapotecas y mixtecas con las creencias católicas llegadas a México durante la Colonia. La palabra Guelaguetza se refiere al pago de deudas sociales y al intercambio de productos y servicios en adelantado. Se celebra anualmente a mediados del mes de julio.

2. Cuando se refiere a la provincia habla de Minatitlán, Veracruz, en donde pasó unos años de su infancia y primera juventud al lado de su padre.

3. Elisa Ramírez, hija del afamado psicólogo Santiago Ramírez.

4. Ikat es una técnica de tejido por medio de la cual la envoltura y la trama se atan, y es teñida de tal manera que, cuando ha quedado el tejido, los patrones programados aparecen en el producto final.

5. Francisco Toledo se refiere a Informe para una academia, escrito por Franz Kafka, narración en la que se cuenta la historia de un simio que para sobrevivir aprende a ser hombre y se convierte en un astro del teatro de variedades. Esta subversión de papeles e identidades hace que los personajes de esta obra sean fieras amaestradas, al mismo tiempo que son también los domadores. Esta obra cuestiona la superioridad intelectual humana frente a la naturaleza, los límites de la naturaleza y la cultura. Quizá la frase clave de esta obra sea que el simio "... imitaba porque buscaba una salida; no existía otra razón". La lectura de la utilización de los simios en la obra de Toledo no puede despegarse de este importante antecedente literario.

6. André Breton se molestó cuando Roger Callois apuntó a la apertura del frijol saltarín como el acto de hallar lo racional donde aparentemente no existía. De hecho, Callois comentaba que había perdido la fe el 26 de diciembre de 1934 a propósito de este hecho, lo que hace que la desconfianza de este personaje ante lo "maravilloso" sea anterior incluso a la de Claude Lévi-Strauss. Aunque Callois coqueteó muchos años con el surrealismo, siempre le reprochó al movimiento su falta de objetividad científica. (Con información de Robert Lebel en "Las máquinas Lingüísticas", extraído de La civilisation surréaliste, obra colectiva presentada por Vincent Bounoure, Ed. Payot, París, 1976, p.p 73/78).

7. Graciela Toledo, hermana de Francisco.

* La exposición se presentó en la Galería Quetzalli y viajó a la Galería Juan Martín y Latin American Masters a quienes agradecemos por las imágenes que ilustran este texto.

SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS

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