Exposición Individualene 2005 - mar 2005· Por Camila Belchior

Edgard de Souza

Pinacoteca do Estado de São Paulo

Tensión: Durante semanas, la palabra y el sentimiento permanecen en nuestro cuerpo y nuestra mente después de visitar la exposición de Edgard de Souza en uno de los espacios para exposiciones más atractivos de São Paulo, la Pinacoteca del estado de São Paulo. A Voluta e outros trabalhos, curada por el artista y curador independiente Adriano Pedrosa, es la segunda exposición panorámica de De Souza en Brasil; la primera se llevó a cabo en 2002 en el Museo de Arte de Pampulha (MAP) de Belo Horizonte, también bajo la mirada aguda de Pedrosa. La versión Pinacoteca muestra cerca de 30 obras producidas entre 1989 y 2004, que varían desde esculturas, objetos, piezas para piso y pared, hasta un par de fotografías distribuidas entre el majestuoso espacio octogonal en el centro del edificio y su anexo.

Al entrar al monumental sitio y seguir derecho hasta el final del puente metálico central, se observaba, de reojo, hacia la derecha, un objeto anamórfico de color crema aperlado colocado sobre la pared de ladrillo, que anunciaba la entrada a los dominios de De Souza. La pieza mural colocada estratégicamente era la primera de una serie de obras similares que comunican un sentido batalliano de excesos corporales en lo que considero un diálogo inquisitivo con nociones surrealistas de bajeza y lo informe.

La serie de Gotas y piezas murales sin título producidas durante años son particularmente interesantes por su discreta aunque impactante presencia como unidad, ligando formal y metafóricamente todas las obras exhibidas. Las gotas de madera y laca se entregan a su sensual y sinuosa forma, e instaladas a diversas alturas sobre las paredes sugieren la corporalidad del antropomorfo espacio de la exposición, dejando escapar fluidos de las fisuras en la estructura ligeramente tensionada.

Exposición Individual: Edgard de Souza — imagen 1
Edgar de Souza. Voluta, 1989. Madera. 160 cm. De altura. (63 pulgadas).

Voluta (1989) marcó la pauta de la exposición. Las sensuales curvas y espirales de madera oscura nos remiten al art deco; sin embargo, era innegable su naturaleza corporal en contexto. Orgánica y sexual, Voluta sentó el precedente formal y conceptualmente para las gotas que manaban, y como un vello púbico ampliado, estaba colocada en el lado opuesto a Coelhinhos (1997), un par de cojines de pelo de conejo, en una vitrina, que evocaban la obra Object (Fur Breakfast, 1936) de Meret Oppenheim, atrayendo al espectador hacia la psicoanalítica fiesta convertida en fetiche que la exposición estimulaba.

La investigación y evocación de los sentidos, la memoria y las nociones de identidad que hace De Souza llamaban poderosamente la atención por su escalonamiento, puesto que, con sólo echar un vistazo, nos enfrentábamos con la familiaridad que sus obras evocan, ya sean un cuerpo esculpido con precisión, como en los bronces, una gigantesca naranja de madera con hoja dorada (Laranja, 1990) o una cabeza de pato con el pico perforado (Pato c/Piercing, 2001), pero tan pronto como uno se tomaba el tiempo suficiente para ver y asimilar, surgía una sensación de alejamiento, conjurando lo misterioso.

Tradicionalmente, la escultura funcionó como una forma de reconocer, de reivindicar lo divino e inmortalizar al sujeto en el mundo de los vivos, lo cual sugiere la muerte del sujeto y/o que no es físicamente asequible para el espectador. Los bronces de De Souza son casi clásicamente griegos en naturaleza; aunque sin cabeza; les falta la disciplinada claridad de un hombre apolíneo y una identidad. El conjurar un significativo desarreglo en estos cuerpos clásicamente hermosos (modelados por el artista) debido a su deficiencia causa tensión y considera el cuerpo masculino "otro" y errático, en un ámbito en el que los fluidos corporales brotan y la política corporal es separada y convulsiva. No hay rastro de una identidad, y las figuras masculinas, a veces individuales y otras integradas con su doble, siempre parecen estar a punto de abrirse por el borde y derramarse por los alrededores, porque la superficie está tensa en extremo.

A Voluta e outros trabalhos fue una exposición disciplinada y cohesiva, con una buena dosis de ambigüedad, en la que la cruda sexualidad, extraña y vibrante, esperaba penosamente ser proyectada físicamente en sus alrededores. Coherente a la vista, la distribución de las obras en las dos áreas designadas permitió establecer un diálogo formal y conceptual entre ellas y su ambiente.

De Souza, como muchos nombres brasileños actuales del ámbito artístico, se graduó en Bellas Artes de la Fundación Armando Álvares Penteado (FAAP). Participó en Panorama de 1991 y 1997 en el MAM-SP; en 1998 estuvo en la 24ª Bienal de São Paulo y ha expuesto en el exterior en muchas oportunidades. Ha tenido exposiciones individuales en Madrid, Nueva York y Ámsterdam, para nombrar unas pocas.

Edgard de Souza, por Camila Belchior | artnexus