Las imágenes de Dino Bruzzone (Paraná, Argentina, 1965) no son inocentes; desde hace años fabrica una presencia desde la ausencia. Obsesiva y artesanalmente, el artista recrea existencias y compone escenas posibles que capta y presenta al espectador como ¿verdaderas? El artista hace la fotografía de tal manera que resulta imposible distinguir entre la realidad y su imagen.
El día que Bruzzone presentó su Arquitectura escéptica, en la Galería Dabbah-Torrejón, un huracán en curso destrozaba a su paso vidas y bienes en diversas islas del Caribe y la costa sudeste de Estados Unidos. Ese mismo día, un terremoto con epicentro en el noroeste de Argentina causaba extensos daños y muertes en distintos puntos del país.

En vez de detener ritmos, fragmentar diseños, congelar paisajes evidentes a través de registros fotográficos, Bruzzone simula los instantes “decisivos” a partir de movimientos prefabricados y maquetas de rara perfección. Así, las inesperadas fotos de la serie Arquitectura escéptica son de una extraña belleza y aparecen, mayormente, como desplazados y borrosos momentos de alguna conmoción, restos de algún suceso devastador. ¿Arte de anticipación?
Las fotografías de esta serie, realizadas entre 2002 y 2004, son inteligentes trampas visuales en donde no hay lugar para la representación de individuo alguno. Reina la sensación de caos en las apariencias de un hospital situado en medio de la bruma y en una casa sacada de quicio. La confusión se apodera del frente de solares semidestruidos y de edificios amenazados por peligros desconocidos. Un viento incontrolable parece haber arrasado algunos paisajes en los que, milagrosamente, algunas cosas se mantienen en pie.
El deporte como ¿amor y decepción? en las inventadas expresiones, a la manera de las tomas periodísticas conseguidas por cámaras aéreas o cámaras que se hallan dentro de la cancha provistas por la infraestructura del deporte, construidas alrededor de un arco en foco —desde la presunta perspectiva de un goleador invisible con la visión nublada más allá de su meta—; de estadios deportivos descentrados; de banderines con los colores del equipo de fútbol de sus amores y el de su eterno rival, agitándose fantasmagórica y vaporosamente.
En un mundo donde la única certeza es la persistencia de lo efímero y donde las guerras regionales y la violencia urbana y rural brotan y proliferan por doquier, Bruzzone presenta una sola imagen movida de dos aviones. Son bombarderos F-15, en plena carrera antes de despegar, que parecieran confirmar los indicios de la incertidumbre e inseguridad actual.
Aun cuando ninguna de las arquitecturas, panoramas o visiones descritas poseen ni por un instante la entidad que las fotografías anuncian, en primera instancia las piezas no hacen evidente la sutileza del artificio. Las imágenes son el resultado de movimientos manuales, exposiciones largas y tomas directas; cuestionan las presunciones convencionales acerca de la veracidad fotográfica y podrían ser tomadas como una reflexión sobre el propio medio fotográfico.
Las grandes dimensiones (algunas de hasta 120 x 240 centímetros) de las fotos a todo color llaman la atención del espectador, pero es la excelencia de ellas la que retiene y prolonga su mirada. En todas las imágenes, vestigios de algo que nunca fueron, hay también una negación del tiempo. ¿Cuándo sucedió la bruma envolvente, el sismo destructor, el azote del viento, el giro de la arena, el vuelo del avión? Representativas de un mundo hiperreal de simulacro, las fotos pueden ser leídas como una celosa documentación de lo jamás acontecido.
Generoso, Bruzzone invita a los espectadores a ver la trastienda de su trabajo, a descubrir su técnica. El artista, que es también arquitecto, muestra en una sala adjunta una instalación de las maquetas sobre las cuales trabaja —edificios, paisajes, estadios, aviones—, descorriendo parte del misterio de sus fabricaciones.
Bruzzone, que representó al país en las bienales de Venecia, Mercosur, Santiago de Chile y São Paulo, muestra extensamente desde mediados de los años noventa. Arquitectura escéptica luego será exhibida en el Centro Cultural España, en la provincia de Córdoba.
La presentación de las pequeñas y precisas escenografías que Bruzzone construye y las (doblemente) fantásticas y conjeturales fotografías, modeladas por la visión de un mundo en que nada perdura, remiten una y otra vez a la desarticulación y la ambigüedad. Son bellas obras disparadoras de sentidos y quimeras atemporales.
VICTORIA VERLICHAK
