1a Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla

Chiharu Shiota. Desde - Adentro, 2004. 24 camas, begonias y ventanas de edificios viejos. Performance en instalación para sitio específico. Dimensiones variables.

Bienalene 2005 - mar 2005· Por Carlos Jiménez

1a Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla

La alegría de mis sueños

El río Guadalquivir cuando pasa delante de la ciudad de Sevilla se divide en dos brazos y forma la isla de la Cartuja. Cartuja, por los cartujos, la orden monástica que hace mucho tiempo construyó el monasterio de Santa María de las Cuevas, cuyo conjunto, reformado varias veces a lo largo de los siglos, es hoy la sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Y también la sede de la primera edición de la Bienal Internacional de Arte de Sevilla. La biacs. El sitio elegido, tanto por su calidad espacial como por su inconfundible carácter, no podía ser mejor. Al punto que Harald Szeeman, el curador de la biacs, declaró en la entrevista concedida a algún periódico español, que él eligió las obras y los artistas de la bienal en función de ese lugar y de su arquitectura inconfundible. “Ésta es una bienal para la Cartuja”, dijo. “Ojalá se comprenda”.

Bienal: 1a Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla — imagen 1
Tatsurou Bashi. Christopher Columbus, 2004. Scaffolding, objects and Columbus statue of the Carthusian Monastery. Installation. Variable dimensions. Courtesy: Luis Campaña Gallery, Cologne, Germany.

Y tenía razón: lo mejor de esta bienal está en la forma como la mayoría de las obras expuestas se entrelazan con este formidable conjunto arquitectónico, que fue convento —como ya dije– y también fábrica de cerámica, donde estuvo Cristóbal Colón antes de su primer viaje a América y donde las arquerías, las capillas, los corredores, los patios, el refectorio, los hornos y los depósitos en desuso se articulan entre sí y con el jardín que los rodea de una manera admirable.

De hecho, las tres mejores piezas de esta bienal son las que mejor leyeron el lugar que les fue asignado. La primera, pura paz y sosiego, era una instalación de Chiharu Shiota, una joven artista japonesa residente en Berlín, titulada From- Into. Estaba situada al inicio del recorrido de la bienal, en un patio repleto de verdes enredaderas que la artista cercó con marcos de ventanas de madera traídas de edificios en demolición, pintadas de blanco. Adentro, en medio de las ramas repletas de verde que colgaban casi hasta el suelo, dispuso dos docenas de camas de hospital, entre cuyas blanquísimas sábanas jóvenes mujeres estaban entregadas a un sueño plácido. La propuesta pertenecía absolutamente a la escena del arte contemporáneo pero su nostálgico lirismo pendía entre los “hospitales de ultramar” evocados por Álvaro Mutis y estos versos de Antonio Machado: “Mi infancia es un patio de Sevilla/ Donde florece el limonero”.

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Priscilla Monge. Muro, 1998-2004. Ladrillos de cerámica. 800 x 30 cm. (315 x 12 pulgadas).

El autor de la segunda gran pieza era igualmente japonés. Su nombre es Tatsuro Bashi, y el título de su obra, Cristóbal Colón, anticipaba que de lo que se trataba era de la sala de un apartamento típico de la clase media/media, en medio del cual se encontraba la estatua del descubridor de América que adorna un jardín de la Cartuja. A esa sala cómoda, pequeño burguesa, idéntica a cualquiera otra sala, se llegaba por medio de unas escaleras sostenidas por los mismos andamios de metal, recubiertos de tela plástica azul, que ocultan también la base en la que se apoya efectivamente la estatua de Colón.

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Ernesto Neto. A pesar de todo, seguimos vivos, 2004. Instalación para sitio específico. Técnica mixta. 700 x 500 x 500 cm. (275 x 197 x 197 pulgadas). Cortesía: Galeria Fortes Vilaça, São Paulo.

La tercera gran pieza de la bienal era de Priscilla Monge, la impredecible Priscilla, que un día nos sorprendió con una vajilla, otro con unos tableros escolares llenos de irónicos consejos a una joven artista y ahora con una instalación emocionante. Escueta, simple, mínima, pero emocionante. Se titulaba Muro simplemente y consistía en un muro de finos ladrillos de apenas 30 centímetros de alto, que trazaban una clara línea divisoria en uno de los patios de la Cartuja, un patio pequeño, limitado por tres muros desnudos y encalados, cubierto de guijarros y en cuyo centro hay un árbol. La cuarta pared era la cuarta pared de la escena teatral: un muro de cristal y perfiles de acero a través del cual se veía la obra. Soy consciente, sin embargo, de que esta descripción es tan pobre con respecto a la extraordinaria calidad de esta obra como puede serlo incluso la mejor fotografía. Había que estar allí y captar con todos los sentidos cómo ese pequeño muro de ladrillo transformaba enteramente el espacio haciéndolo todavía más extraordinario.

El resto de las obras y de los artistas sumaban más de 60 y en su lista figuraban nombres tan consagrados como los de Joseph Kossuth, Richard Serra y Ulrich Ruckriem. O los de Eduardo Chillida y Juan Muñoz, para hablar de dos notables artistas españoles que murieron recientemente. Pero ninguna de las piezas que exhibieron de ellos tenía realmente interés, con la excepción, quizás, de New Union, una escultura reciente de Serra que es tan refinada y rotunda como todas las suyas. Y por lo mismo igual de predecible.

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Adrian Paci. Estímulo, 2004. DVD, 3’50". Cortesía: Peter Kilchmann Galerie, Zurich, Suiza.

El interés realmente estaba en otra parte, en A pesar de todo estamos vivos, una delicada instalación de Ernesto Neto hecha de cuerdas tensadas y de bolsas llenas de especias. O en las pinturas brutales, crueles y desafiantes de la pintora serbia Biljana Djurdjevic y en las ásperas e irritantes de Neo Rauch, un pintor alemán igual de figurativo que ella. Intensos también Happy New Year y Vietnam: Towards The Complex—for the Courageous, the Curious and the Cowards, dos videos proyectados por el artista japonés residente en Hanoi, Jun Nguyen-Hatsushiba. Los vi por primera vez en la bienal de Berlín y desde entonces estoy fascinado por esas secuencias que reconstruyen bajo las aguas del mar la esforzada vida cotidiana en las ciudades asiáticas.

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Richard Serra. Nueva Unión, 2004. Acero resistente a la intemperie. 1100 x 300 x 360 cm. (433 x 118 x 142 pulgadas). Cortesía: M. Bochum Gallery.

El artista albanés Andrea Paci cuenta, así mismo, en este apartado. Presentó la instalación Home to Go, pero me atrajo sobre todo Turn On, una videoproyección que es, entre todas las obras que he visto hasta la fecha la que con mayor precisión y lirismo se ocupa del drama de las oleadas migratorias que el Este arroja sobre el Oeste de Europa. Y la norteamericana Lucinda Devlin, con Water Rites, una secuencia de magníficas fotografías dedicadas a los baños de hoteles, gimnasios y resorts. El sueco Magnus Wallin, con Anatomic Flor, una de sus terroríficas historietas creadas por computador. Y el español Santiago Sierra, con 111, un mosaico de fotografías en b/n que muestran a un grupo de obreros formando composiciones abstractas con láminas de pladur. And last but not least, Zhou Xiahou, un artista chino que vive y trabaja en Jiangsu, que mostró Desfile en la Plaza de Tien Amen, un conjunto de gran formato que reconstruye de manera delirante, y por medio de maquetas, modelos y figuras de barro cocido, un desfile maoísta en esa mítica plaza, escenario ineludible de la política china en el último siglo. Cerraban la escena un par de monitores emitiendo dos relatos de animación, igual de inquietantes y sobrecogedores. No sé todavía quién es exactamente Xiahou pero estoy convencido de que su trabajo en adelante no hará más que crecer y expandirse, porque pocos como él han sabido convertir la vasta iconografía maoísta, alegre, optimista y luminosa, en un duro y sombrío relato futurista.

Concluyo diciendo que esta bienal no tuvo en definitiva más argumento que el de apelar a “la alegría de mis sueños” Pero eso no importa. Lo que faltó en teoría lo suplieron la experiencia y, sobre todo, el oficio y el olfato de Szeeman, su curador.

CARLOS JIMÉNEZ

Escritor y crítico de arte. Profesor de la Universidad del Valle, Colombia.

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