Las cortinas de color gris perla, suspendidas de las varillas, creaban la apariencia de cuatro cámaras entrecruzadas. El marco de puerta, que daba acceso a dos de los espacios encortinados, también representaba una pequeña cámara protegida por cobijas de fieltro gris. Por debajo del borde inferior de las cobijas se asomaba un montículo de talco blanco, metáfora de riqueza material y poder.

La adaptación de los cayados y el fieltro gris fue invocada intencionalmente por Tunga como talismán de las obras de performance chamanístico de Joseph Beuys. Ampliando la creencia de éste de que los artistas fungen de sacerdotes y curanderos de la sociedad, la obra de Tunga adoptó en buena parte esta trayectoria del arte, y Elective Affinities continuó estas exploraciones. Producto de las experiencias íntimas del artista relacionadas con pérdida y nostalgia, la instalación ubicó temas personales dentro del contexto más amplio de la historia humana, la memoria y el tiempo. Al construir relaciones reflejadas de la forma, la obra invocaba el poder de antiguos ritos primarios para mitigar el dolor del presente, reconstruyendo como mítico el concepto de que la civilización y la humanidad han progresado o cambiado con el tiempo.
Sorprendentemente más pequeño y más íntimo que la colosal pieza Rescate, de tres pisos, creada para el Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB) de São Paulo y presentada en abril de 2001, el performance Elective Affinities de Tunga transportaba a los espectadores a un aparente templo antiguo en forma de pirámide en el cual, simulando un trance, dos jóvenes semidesnudas asumían el papel de inocentes acólitos que realizaban un rito sagrado. Acariciando, brillando y reubicando los gigantescos dientes de aluminio que formaban el punto central de esta instalación, las jóvenes trabajaban para mitigar la sensación de pérdida anunciada por la presencia de cada diente. Acompañado de música experimental ejecutada por un violinista y un chelista clásicos, el performance de dos horas era una loa al mito como fundamental para el arte, como lo fue en 1960 Monotone Symphony Performance, de Yves Klein. Comparando la vida contemporánea con la de nuestros antepasados, el performance subrayaba la naturaleza primaria de la existencia moderna que, a pesar de los supuestos avances de la civilización, no ha disipado las experiencias de pérdida y sufrimiento humanos.
Ya sea yuxtaponiendo la sensual carne con el duro aluminio, o la diáfana tela con el áspero fieltro, la obra de Tunga construye continuamente relaciones simbióticas entre elementos físicos con el fin de construir puentes metafóricos hacia el terreno inmaterial. De esta forma, llega a considerar el tiempo, emparejando el presente (con su supuesto poder formidable) con apariciones del pasado, como un reino de sabiduría, tranquilidad y solaz. En la obra de Tunga el pasado reaparece de manera impactante como una visión redentora que modula la pérdida contemporánea, suavizando el dolor y las luchas del presente. Creando una ceremonia dedicada a las añoranzas y pérdidas de los años que pasan, Tunga presenta un contemplativo viaje mítico que lleva del presente al pasado y regresa de nuevo.
COLLETTE CHATTOPADHYAY
