Su primera exposición individual, en A Gentil Carioca (una galería inaugurada hace cerca de un año en el centro de Río de Janeiro, dedicada a la producción emergente y administrada por los artistas Ernesto Neto, Laura Lima y Márcio Botner), se constituyó en un verdadero desafío: llevar esta investigación al espacio arquitectónico más convencional. El agua, en sus aspectos matéricos, mórficos o simbólicos, es el elemento desencadenante y unificador de la exposición, recurrente en todos los trabajos. Y cuando se relaciona directamente con la arquitectura del espacio, como en el caso de Nuvem transparente (Nube transparente) —todas las obras son del 2004—, Thiago Rocha parece contar más libremente con la comprensión del espectador, dejando así, a su propio imaginario más libre, prescindiendo de principios más tradicionales de representación, presentes en sus trabajos de pintura, acuarela y fotografía. La escultura está realizada con planos rectangulares de plástico, llenos de agua, suspendidos e instalados en una claraboya de la galería. Con una entrada de luz natural, es posible ver la alteración de intensidades y dibujos, creadas por el sol y por las nubes reales, arriba en el cielo.

Curiosamente, tal vez, éste sea el trabajo más fuerte de la exposición, al hacer referencia a un juego de escala progresiva, que tiene sus paradas sucesivas en la escultura, en la sala de exposiciones, en el cielo sobre la ciudad, y por fin en el propio universo. No se trata del vicio habitual de buscar una “nueva percepción” física del espacio de la galería para que se filtre la luz, sino de conectar un pedazo de este espacio a un contexto más amplio, que de manera simple y discreta (además de simbólica y alusiva) invade el cubo blanco a través de la escultura. Ese tipo de procedimiento ya había sido retomado en Fonte (Fuente, 2003), site specific, realizado para su exposición en el Museo de Arte de Pampulha: una especie de fuente invertida en un arco reflexivo cóncavo, instalada en plein air, que toma el agua de la Laguna lindante y crea un movimiento circular en su interior para después devolverla al origen. No solo evoca los ciclos vitales, sino que la escultura acoge, refleja, filtra, repite y amplía a la naturaleza en el invento del arte.
En esta exposición, Fonte reaparece en una fotografía homónima que muestra la escultura de Pampulha. Dejando de lado las cualidades plásticas de la imagen, se trata más que todo de un registro documental del potencial escultórico del agua en la obra y no de una incursión fotográfica sobre la acción. La otra fotografía de esta exposición, Chuva fósil (Lluvia fósil), consigue atraer al espectador a un punto de observación más sutil, a través del cual la pertinencia de la fotografía es innegable. Ésta representa un peñasco en Río de Janeiro, una ladera de morro, castigada por la acción intermitente del tiempo, de la lluvia de la naturaleza. El dibujo marcado sobre la roca, pintura ampliada en el campo de la naturaleza y capturada por el ojo del artista, aparece interrumpido por el acto de fotografiar, y ahora continuará alterándose durante los siglos que vienen.
Perteneciente a otra serie de trabajos, la lluvia aparece para crear pinturas atmosféricas, vertiginosas: un tríptico en el cual somos envueltos por un ambiente cargado de realismo pictórico en el que cada gota de materia pintada (tinta) equivale a la misma gota de materia representada (lluvia), el resultado es más abstracto y procesal que naturalista. Así como en el acto de percepción, existe un conflicto entre lo que existe y lo que percibimos. La unidad aparece como atributo pictórico en el tríptico (celebrando un tributo a los pintores románticos, en especial a William Turner): Sublimação, condensação e precipitação (Sublimación, condensación y precipitación). La tempestad sobre el mar: la acción de la gravedad, que otorga forma al agua de la naturaleza en la pintura; la roca pintada por el movimiento del agua y del tiempo; el espacio natural recortado en el interior del pensamiento artístico. Las discusiones formales se dan entre escultura, pintura y fotografía. El juego entre naturaleza y arte ya comenzó hace mucho tiempo. Thiago Rocha instala nuevas maneras de pensarlo.
RODRIGO MOURA
