Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Irmgard Emmelhainz

Silvia Gruner

V-Tape Toronto

Instinto, de Silvia Gruner, es un puente entre la obra en la cual la artista investigó el psicoanálisis y las políticas de identidad, y su obra más reciente, en la que la relación del sujeto con el otro es opuesta, en términos de deseo. Instinto nos pregunta el significado de deseo y amor. ¿Son interpretaciones culturales, o parte de la naturaleza humana? En Instinto, Gruner nos demuestra que todos nuestros intentos por satisfacer el deseo y tender la mano en busca del amor del otro son esfuerzos imposibles y transgresivos.

En piezas anteriores, Gruner abordó la identificación y la constante reinvención del yo, ligado a una identidad local, sus límites y el cuerpo como el lugar para su reinvención. Para hacerlo, Gruner colocó en su obra un sujeto “dislocado” que fluctuaba permanentemente entre “lo mexicano”, “lo judío” y “lo femenino”, indicando la imposibilidad de una identidad fija y mostrando que estas categorías son interpretaciones socioculturales.

En los últimos tiempos, la práctica de identificación de Gruner ha extrapolado la relación ontológica entre el sujeto y el otro con base en el psicoanálisis. Este interés es evidente en Sueño paradójico, una videoinstalación exhibida en InSite 2000. La artista se filmó a sí misma mientras viajaba en automóvil entre Tijuana y San Diego. Durante el recorrido la psicoanalizó en inglés un psicoanalista estadounidense, y en español, una psicoanalista. Esta pieza plasma las inquietudes de Gruner con respecto a la relación topológica entre el yo y el otro, y el papel del lenguaje en la formación de la identidad. Gruner demuestra el hecho de que, más allá de los límites y los países, la identidad es una experiencia performativa en permanente flujo.

Instinto puede interpretarse como una exploración que se lleva a cabo al nivel del ser, más allá de la mirada a lo mexicano, lo judío, lo femenino o, en realidad, la condición nómada. En el video, la asimetría inherente a la relación entre el yo y el otro es planteada en términos de deseo lacaniano y jouissance [disfrute]. Lacan define el deseo como carencia en el ser: ésa es la razón por la cual está necesariamente ligado al otro. Pero eso es imposible debido a que nunca podemos conocer el deseo del otro, ni satisfacer el nuestro. Jouissance está conformado por deseo y placer, es positividad vivida por un cuerpo y está más allá del placer.

Exposición Individual: Silvia Gruner — imagen 1
Silvia Gruner. Instinto, 2002. Videoloop.

En Instinto, con una cámara de mano, la artista se filmó mientras intercambiaba caricias con un compañero no identificado. Esta acción supone la imposibilidad de tender la mano en busca del otro. Esta escena es seguida de otra en la que Azul, el lebrel de Gruner, aparece royendo un hueso: —el perro se convierte en el aspecto devorador del deseo. Los dos cuadros son dialécticamente opuestos y enlazados y presentan la dialéctica del jouissance lacaniano como la combinación de placer y lujuria, la sensación en la que el cuerpo se experimenta a sí mismo, agotándose, forzándose, salivando. El hecho de que las acciones estén condenadas a repetirse sin cesar evidencia la imposibilidad de satisfacción.

La estructura de repetición del video mantiene a la pareja y a Azul atrapados en una estimulación erótica permanente. Debido a que el tratar de llegar al otro y el roer el hueso están condenados a una eterna repetición, la obra también muestra la desesperanza de tratar de satisfacer nuestros deseos. La consumación lógica de estas acciones, hacer el amor y enterrar el hueso, son tareas imposibles; por lo tanto, en Instinto, el clímax siempre se está posponiendo.

A otro nivel, puede decirse que el video es un acontecimiento en el que se generan corrientes de deseo, no por la carencia sino por la conjunción de dos máquinas que se vuelven una sola máquina del deseo. En este sentido, Instinto puede ligarse a los dibujos y pinturas de máquinas del celibato de Francis Picabia y a Great Glass de Marcel Duchamp, en la que corrientes de deseo activan máquinas que, para el espectador, están constantemente generando actividad sexual anticlímax.

Estas obras pueden relacionarse con 500 Kilos of Impotente (Or Possibility), de Gruner, un video-performance en la bahía de San Diego en 1998, en el que una grúa sacaba y metía en el agua un collar de piedra que pesaba 500 kilos. Atascada en una infinita masturbación, buscando siempre la satisfacción sin alcanzarla, la grúa podía verse como emblema de jouissance.

En Instinto, el deseo y el amor se vuelven actos repetitivos de consumación y excitación. La relación con el otro se reduce a flujos de deseo, al aspecto de consumación de jouissance. El amor está royendo al otro y deseando que el otro se transforme en una acto transgresivo. Si el deseo y el amor son esfuerzos imposibles, transgresivos, ¿por qué seguimos buscando los huesos enterrados?

IRMGARD EMMELHAINZ

Silvia Gruner, por Irmgard Emmelhainz | artnexus