La serie Secuencia consecuencias... se estructuró de forma que las obras se relacionaran entre sí, creando un área para la comunicación, donde el espectador entra a interactuar con las piezas. Con un extraordinario dominio de la perspectiva, Sandra Pérez manipula la obra de forma tal que crea sensaciones de profundidad y espacio, apoyada en ventanas simuladas desde las que se aprecian diferentes paisajes. Las obras, conformadas por varias escenas, se entrelazan para crear una secuencia de imágenes, y concebir un mundo totalmente ficticio fundado por la experiencia individual, donde la seducción del mar, el paisaje y las luces crean ambientes fascinantes que enaltecen la imaginación.

El paisaje, uno de los temas recurrentes y protagonista de varias obras, está concebido en función de provocar diferentes sensaciones, angustias o incertidumbres. Muchas veces está insinuado y cubierto por una neblina que lo hace enigmático tanto como lo puede ser el mundo ficticio resultado de la creación.
La obra de Sandra Pérez Liberman redunda en la memoria personal, en la exploración de los sentimientos, y para ello recurre a los textos, frases que intentar semejar las notas de un diario, y que se hacen ininteligibles como la sensación que producen los sueños y la vigilia. De ello se deriva una pintura simbólica donde elementos como las pequeñas figuras femeninas con mantos, el mar y las mencionadas escrituras, se constituyen en alegorías de su discurso poético, reiterándose en distintas piezas y tomando cada vez nuevos significantes.
El sentido ilusorio de la obra se refuerza con la presencia de figuras que apenas son planteadas y que visualmente juegan a confundir al espectador. La artista no tiene temor de pintar estos rostros en el lienzo o de llenarlos de ellos. No existe la desconfianza de dejar al descubierto su mundo y confrontarlo. Y aunque las figuras no son propiamente fantasmagóricas, su reiterada presencia y la expresión facial dan la sensación de un ambiente alucinado.
El acercamiento a este tipo de obra se produce de manera natural, se llega desde la experiencia del otro y se entronca con la experiencia propia a través de la percepción y de la evocación. La esencia de estas obras es como la naturaleza misma del arte, busca sentir el pulso del espectador a través de la emoción, de la pasión o la decepción. El universo visual surge de un mundo subjetivo, cargado de deseos, de realidades imaginarias que son la revelación de un rico mundo interior cargado de poesía e introspección.
MARISOL MARTELL
