Exposición Individualoct 2004 - dic 2004· Por Ingrid María Jiménez Martínez

Néstor Millán

Galería Botello


Los objetos, al igual que los desnudos, aparecen dispuestos frente a fondos pintados que nos recuerdan paisajes, paredes revestidas de papeles estampados o los diseños de las tablas de juegos. Esta inusitada combinación sugiere la posibilidad de una conversión del desnudo pintado, de una genealogía distinta a los demás componentes de esta serie, en un objeto más, que amplía la tipología de éstos. Algunos de los objetos encontrados son manipulados para establecer relaciones formales y conceptuales con los desnudos de los registros superiores. Los objetos homólogos a los desnudos, ya que éstos no superan la trivialidad de los primeros, son significativos en la medida en que definen la relación entre sujeto y objeto. Esta relación es importante en Invocaciones porque no sólo establece el lazo entre lo pintado y lo coleccionado sino que apunta a la centralidad de los objetos en la época actual. Jean Baudrillard ha elaborado1 sobre el hecho de que los seres humanos no están rodeados de otros seres humanos, como en otros tiempos, sino de objetos. Tal pareciera que la búsqueda de la identidad y el sentido de la existencia estuviera orientada por ellos.

Exposición Individual: Néstor Millán — imagen 1
Nestor Millán. Invocaciones, 2004. Acrílicos sobre lienzo, fotolitografías originales retocadas con acrílico, objetos transformados. 33 x 30,4 x 17,7 cm. (13 x 12 x 7 pulgadas).

Los objetos de Invocaciones son una referencia a la práctica de coleccionar que a Millán le ha interesado desde muy joven. Colecciona como lo hacía su abuela, pero a diferencia de ella, que guardaba los objetos de poco valor en una cartera, Millán los recorta, pega o transforma para luego mostrarlos como parte de un conjunto de objetos que adquieren, al lado de los desnudos pintados, estatuto de objetos artísticos. El objeto insignificante reaparece transformado pero reteniendo el aura de lo viejo. Pareciera como si mediante la práctica de cortarlos, pegarlos o pintarlos, el artista les añadiera más artificialidad, la falta constituye un exceso de lo que ya tienen los objetos. Signos de una pasión, de una nostalgia hacen posible enfrentar el devenir ante la imposibilidad de un retorno físico al pasado y el poder instalarse en cualquier momento de un ciclo temporal imaginario organizado por la colección.

Millán, como un Linneo o un Mendeleïev postmoderno ordena y asocia los residuos del pasado creando una especie nueva e híbrida, trasunto de la vida cotidiana. Lo personal y lo íntimo, dentro de esta nueva especie de objetos artísticos, se reafirman y resaltan como ejemplo del proceso inédito de personalización que, según Gilles Lipovetsky, constituye la lógica nueva que remodela todos los sectores de la vida social2.

Millán vincula pero no mezcla los componentes de sus piezas. La ubicación de los desnudos en el registro superior impone una jerarquía en términos espaciales con relación a los objetos manipulados. No obstante, la ubicación de los desnudos, como en Pequeña invocación #2 y Pequeña invocación #7, no los hace más importantes que los objetos. Los jóvenes representados, kouroi postmodernos, recostados, ñangotados, inclinados o sentados no superan el suelo. Su cercanía al piso podría interpretarse como una metáfora de acciones no heroicas e insignificantes. La trivialidad de los jóvenes les enlaza con la de los objetos recabando la gravedad y marcando, en algunos casos, el humor en estas obras. Son ejemplos del arte que ha integrado el humor como una de sus dimensiones constitutivas.

Los ignudi socavan la posibilidad de trascendencia. No obstante, algunas piezas que parecen altares evocan de manera poética temas de honda significación, como la encrucijada del ser humano ante el azar o el destino. Ejemplo de ello son las piezas tituladas Ixis Afixis e Invocaciones. Una constelación de rostros clones, copias de un mismo individuo, recubren el fondo de esas dos piezas. La serie de rostros manipulados mediante un extreme makeover pictórico fue tomada de una fotolitografía que el artista recicló. Un pequeño hombre de madera, figura tridimensional sobre un fuste híbrido que da su espalda al observador en Ixis Afixis, y el busto de una figura también de espaldas en la pieza titulada Invocaciones que aparece colocado sobre una columna comprada en una tienda de descuentos, contemplan los rostros clones en el fondo de ambas obras. Los rostros, como esfinges modernas evocan una versión nueva del viejo dilema de la identidad. El pequeño hombre y la figura de espaldas, interpelados en la representación por el enigma, que también enfrenta el observador, son forzados a encarar las preguntas que el arte evoca, y que la filosofía intenta contestar. Millán no parece querer superar la esclavitud de los objetos triviales; sin embargo, éstos buscan en su pintura una función más digna a la que son sometidos por la lógica de la sociedad de consumo: insertarse en la compleja dimensión del arte y ser parte de una metafísica del ser.

NOTAS

1. Jean Baudrillard, The Consumer Society, Myths and Structures, Chris Turner, trad. Londres, Thousand Oaks y Nueva Delhi. SAGE Publications, 1999, p. 27.

2. Gilles Lipovetsky, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Joan Vinyoli y Michele Pendanx, traductores, Barcelona, Editorial Anagrama, 2000, p. 5.

INGRID MARÍA JIMÉNEZ MARTÍNEZ

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