Esta expansiva exposición de fotografías del mexicano Manuel Álvarez Bravo demostró el singular talento de este maestro del siglo XX. Conocido por muchos como el padre de la fotografía moderna de México, Bravo influenció a la mayoría de los fotógrafos más importantes del país. Esta magnífica y bien organizada exposición, una de las mejor montadas desde la muerte del artista en 2002, les dio a los espectadores una ojeada poco común de sus primeras fotografías, pertenecientes a la colección de André Breton, además de antiguas copias de sus obras más famosas, como Portrait of the Eternal (1935), que tipifica el lenguaje visual de Álvarez Bravo. En ella, un instante de la vida cotidiana está congelado en una composición que enfatiza a la vez el drama de la abstracción, la sombra contra la luz y la línea versus formas ambiguas, junto con minuciosos detalles de cabellos, el tejido de un textil o la arruga que marca un rostro. Una mujer de pelo negro, largo y ondulado, está sentada al sol y la sombra, con la mirada fija en el espejo que sostiene en una mano, mientras sus dedos retiran los mechones del otro lado de su rostro. La luz del Sol le ilumina la nariz, los labios y la barbilla, así como una parte de las piernas y los largos cabellos. El resto del cuarto está oscuro, excepto una sección del piso de madera iluminada por el reflejo del Sol. Uno se siente atraído por los fuertes contrastes de luz y sombra y absorto en los detalles de su perfil bañado de sol, el huipil de intensas rayas blancas sobre fondo negro que está debajo de ella, y el brillo de sus uñas pintadas. Es una fotografía misteriosa y seductora que, una vez que se ve, no puede olvidarse.

La exposición se organizó por temas que abarcaron la carrera de Álvarez Bravo, como desnudos, paisajes, retratos de gente famosa y, en la galería principal, una colección de fotografías icónicas que captaban las peculiaridades de la vida cotidiana. En particular, una pared yuxtaponía, en forma evocadora, Instrumental (1931), Somewhat Gay and Graceful (1942) y Girl Looking at Birds (1931). Instrumental es una fotografía de sus primeras épocas, que sugiere la influencia del fotógrafo estadounidense Edward Weston, cuyos primeros planos de pimentones y conchas marinas son a la vez vistas ampliadas y juegos abstractos de luz y forma. El brazo y el extremo de una llave de tuerca, la cabeza de otra y un perno suelto están colocados uno contra otro; sus superficies, de enérgicas formas definidas por fuertes líneas, son palpables, suavemente desgastadas e iluminadas contra el tosco muro de adobe que se encuentra detrás. Aunque reconocemos estas herramientas, perdemos la noción de su propósito y nos dejamos envolver por la intensa influencia recíproca de formas y texturas, luz y sombras.
En Somewhat Gay and Graceful, Álvarez Bravo crea de nuevo una imagen abstracta compuesta de elementos finamente detallados. En un patio de ladrillo bañado por el Sol se está secando una enagua de muselina blanca. Cerca de allí, se ve un cuenco circular colocado sobre una base y lleno de pasto grueso y seco, como tallarines en una olla. Justo por encima de éste vemos sólo la parte de atrás, desde las rodillas hasta los pies, de las delgadas piernas de una niña parada tímidamente, con un pie en puntillas y el vestido ligeramente levantado. Cada elemento dispar está en diálogo visual con el siguiente: el círculo de hierbas con las líneas de las lánguidas piernas, con la forma triangular de la enagua, todo contra el fondo de un pavimento empapado de sol. El vínculo temático de un elemento con otro sigue siendo decididamente ambiguo, enfatizando así los abstractos y enigmáticos temas de la fotografía.
Girl Looking at Birds incorpora al diálogo abstracto de formas y líneas una presencia humana vívidamente detallada. Sentada a un lado, contra una pesada puerta colonial, una jovencita escudriña los alrededores, con el brazo sobre la frente, protegiéndose los ojos del inclemente sol. Contra su espalda, los anchos tablones de la puerta están marcados por una serie de decoraciones en plata, redondas y brillantes, que acentúan la desigualdad entre la riqueza de quienes viven tras la puerta y la niña sentada en el exterior, con sus vestidos rasgados, deshilachados, unidos por repetidos remiendos. sta es una fotografía cautivadora en la que la tranquila curiosidad de la niña con sus harapos de algodón claro contrasta de manera audaz, en niveles emocionales y visuales, con la oscura e imponente puerta y sus adornados detalles.
A pesar de que las fotografías de Manuel Álvarez Bravo han sido exhibidas en repetidas ocasiones durante los últimos 10 años, esta exposición confirmó que cada vez que uno mira su obra se da cuenta de nuevo del poder de su visión. The Good Reputation Sleeping (1939) ejemplifica la extraordinaria frescura que transmitían muchas de las fotografías de la exposición. El artista compuso este desnudo de una joven acostada sobre una cobija con sólo vendas blancas envueltas alrededor de los muslos y la cadera, mientras que su oscuro vello púbico queda visible contra el blanco de su pierna doblada. Aunque ella yace tranquilamente, con los ojos cerrados y la mano por detrás de la cabeza, junto a ella hay cuatro amenazadores “frutos” de cactus con largas y fieras espinas, seguros de lacerar su carne si ella se mueve. Éste es un evocador retrato, extraño y hermoso a la vez, una imagen de claros blancos y negros que, al igual que muchas de las fotografías de Álvarez Bravo, quema la memoria.
Con más de 100 años de existencia de la fotografía, Manuel Álvarez Bravo es una de las referencias más importantes en el campo, y esta exposición de una gran parte de obras muy significativas fue una oportunidad de examinar su valiosa contribución a las artes plásticas latinoamericanas.
MARY SCHNEIDER ENRIQUEZ
