Por segundo año consecutivo se celebra una feria de arte contemporáneo de gran magnitud en la ciudad de México. Y aunque la directora ha sido la misma, la regiomontana Zélika García, los socios y patrocinadores (la revista SPOT como el principal), así como la sede del evento, han variado de un año a otro.
Con una buena organización y un espacio bastante amplio aunque un poco desarreglado, en esta edición, que en realidad viene siendo la primera de maco, la afluencia de galerías en número y calidad ha sido netamente superior a lo que pudimos ver el año pasado en el WTC, aunque muchas galerías repiten, como son la mayoría de galeristas relevantes del DF y el valenciano Luis Adelantado, entre otros, por parte de la iniciativa privada, y de casi todas las instituciones importantes de la ciudad consagradas al arte contemporáneo como ex-Teresa Arte Actual, la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS), el Museo Carrillo Gil y el Rufino Tamayo, donde muchas veces se encontraban propuestas más arriesgadas que en el sector de galerías comerciales.

A decir de Pilar Villela, artista, teórica y responsable de comunicación de la SAPS, pareciera que las instituciones se han convertido en trincheras del arte contemporáneo más solvente, en una especie de vanguardia, cuando lo lógico sería, al contrario.
Las propuestas fueron muchas y variadas como corresponde a las ferias de este tipo, y más en ésta, en la que el número de participantes fue alto, y venidos de varias partes del mundo. Además de la lógica presencia dominante de galerías mexicanas, España y EE.UU son los países con mayor participación. Por parte de latinoamérica hubo presencia de Costa Rica (Karpio Facchini Gallery, con un muy buen nivel), Brasil y Argentina.

Las apuestas más radicales vinieron de Toronto, Canadá, la Galería artcore en concreto, con unas espectaculares figuras de siliconas autorretratos de Evan Penny, también una pieza del ya clásico Joseph Beuys, y de las galerías berlinesas Arndt & Partner (con unas escalofriantes muñecas femeninas a escala) y Voges + Partner, con varias fotografías de gran formato de Martin Liebscher, con un personaje (el propio autor) clonado hasta la saciedad, y las instalaciones futuristas de Wolfang Winter.
La mayoría de las galerías traían un poco de todo, pintura (lo más abundante), instalación, escultura y video (también videoinstalaciones como Green boiling pal de Peter Sarkisian), tratando de cubrir el mayor espectro posible de representación en cuanto a géneros y modalidades artísticas, lo que imprimía un carácter bastante heterogéneo a la muestra, sin poder sacar demasiadas conclusiones en cuanto a tendencias formales dominantes. Y aunque en general el nivel era bastante alto, mucho de lo expuesto sonaba ya a muchas veces visto e incluso repetido, con una sobreabundancia del elemento autorreferencial.

Destaca la selección de la galería Enrique Guerrero, básicamente con artistas mexicanos como Yoshua Okón y Pedro Reyes, ambos con instalación, y las pinturas en 3D de Manuel Cerdá, en las que un color bloquea al otro creando un juego de imágenes contradictorias entre sí: las dos caras de la moneda, o discurso.
Pocas galerías mantenían una apuesta clara y contundente por un género o por un artista en concreto. La mexicana Kurimanzutto presentaba un cubo-laberinto de madera, instalación de la yugoslava Sosnovska; Daniel Hugh (L. A.) tenía como único representado a Miguel Calderón, con una serie de fotografías postapocalípticas, o la malagueña Casaborne, cuya apuesta por la pintura tenía a su mejor exponente en el realismo de Torregar o los dibujos japoneses de Paco Montañés.

Pero lo heterogéneo en estos casos es la tónica. Convivían serigrafías de Miró y Damien Hirst con el trabajo de Teresa Margolles, Thomas Glassford o Fernanda Brunet (artistas de la OMR); las fotografías de Ambra Polidori con los objetos cinéticos de Abraham Palatnik, y los residuos industriales del stand de Garash con la exhibición de videos de la Luis Adelantado.
El balance general fue positivo, aunque muchos galeristas se quejaban del bajo volumen de ventas. Sirvió esta muestra para la promoción de artistas entre galerías y con instituciones, y para impulsar un coleccionismo más allá de las grandes fundaciones, que en estos momentos es casi inexistente. El público, básicamente artistas y gente del medio, tuvo la ocasión —nada despreciable— de tomar el termómetro a lo que se cuece en las galerías del mundo.

Para ser la primera edición, maco gozó de espacios en prensa, pero con una cobertura deficiente, desacostumbrado como está el público del D.F. (y la propia prensa) a este tipo de manifestaciones. Sin gozar de la repercusión mediática y volumen de negocio que tienen otras ferias con más trayectoria como Documenta, Basilea o Arco, esta primera edición podría muy bien ser la piedra de una sucesión de eventos que coloquen a la ciudad de México en el circuito de las grandes ferias de arte. Talento sobra.
RUBÉN BONET
Barcelona, 1967. Escritor y artista plástico. Presidente de la Fundación Adopte a un Escritor.

